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Arte digital: Staff La Razón

Cada cierto tiempo el arte y sus espacios se renuevan. Las miradas cambian y los jóvenes comienzan a trazar las nuevas rutas del arte contemporáneo. Gustavo Arróniz, especialista en comercio internacional y director de la galería Arróniz Arte Contemporáneo, ha decidido marcar un nuevo rumbo en el arte contemporáneo y apostar por artistas nunca
expuestos en México. Desde sus inicios, este espacio de la colonia Roma (Tabasco, 198)
—reconocido con el Premio Ciudad de México por su valiosa iniciativa— se ha dedicado a promover a las nuevas generaciones del arte mexicano y latinoamericano, y es una de las pocas galerías mexicanas que asiste a ferias en Colombia, Chile, Argentina, entre otros países. Gustavo Arróniz, un promotor del arte en busca de artistas, como él prefiere llamarse, nos habla de esa exploración incansable entre los creadores de América Latina y sobre el comercio del arte y las galerías en nuestro país que, según afirma, conforman “el mejor momento de la producción y oferta del arte contemporáneo.”

¿Qué significa ser galerista en la Ciudad de México?

Tener un espacio expositivo abierto al público es una manera de aportar a la cultura de la zona, de la ciudad, del país y a nivel internacional. Una de las principales labores que tenemos es promover la creación de obra de diversos artistas y después damos paso a la venta de todo aquello que se exhibe, con la idea de que los artistas sigan creciendo y que el espacio siga funcionando. Añadiría que la creación de cultura con un esquema de gestión comercial a largo plazo es un reto enorme.

 

“En un país como el nuestro, todavía queda mucho por hacer en cuestiones como la educación del público: cómo mirar, cómo apreciar y cómo adquirir el trabajo.

 

¿Cómo defines la competencia y el movimiento del arte contemporáneo que se desarrolla en la Ciudad de México?

Este es el mejor momento de la producción y oferta de arte contemporáneo y galerías. Después del terremoto las galerías volteamos a vernos como un gremio, como un grupo, y entendimos que, aunque la competencia es fuerte, también puede ser colaborativa, y que juntos hacemos que el arte contemporáneo mexicano se entienda como un todo, lo que le da mucha fuerza. Este es un punto a favor de todos que nos hace fuertes ante la mirada extranjera. Incluso se nos ha comparado con el centro creativo que en su momento fue Berlín, pero que ahora es la Ciudad de México.

¿Cómo es posible diferenciarse entre tanta oferta?

Desde un principio la galería Arróniz Arte Contemporáneo tuvo muy clara su línea, lo que ha querido abarcar, y eso nos hace diferentes. Hemos apoyado a distintos artistas, ahora apoyamos a creadores de entre 32 y 42 años cuyo interés tiene que ver con la idea del espacio exterior, interior y arquitectónico. Además de eso, la galería miró hacia afuera y se comenzaron a hacer series internacionales para que nuestros artistas tuvieran mayor exhibición y de ahí surgieran proyectos que apoyaran sus carreras en diferentes países. Tenemos un programa en el que exhiben artistas que nunca han expuesto en México y con el nuevo espacio de la galería vamos a poder impulsar proyectos en el exterior. Esto nos hace distintos.

¿Qué buscas en un artista para que pueda estar en una galería?

Tiene que ver con la generación, con sus intereses estéticos en relación al espacio, a la música y la creación simétrica; esas líneas nos dan una guía para seleccionar a los artistas que llegan a nuestro espacio.

¿Cómo se incopora a un nuevo artista en el mercado?

Es una labor compleja, hay que trabajar el doble o más. Hay que invertir más tiempo con los coleccionistas, explicarles el valor de estos artistas y de nuestra apuesta. Hemos llevado a nuestros clientes de la mano de nuestras apuestas estéticas. Gran parte de nuestro trabajo consiste en crear un lazo de confianza entre nuestros clientes y la galería.

¿Cómo se crea una tradición en una galería, qué tanto trabajo implica?

Me considero más un promotor cultural que un galerista, porque la base de mi quehacer es promover al artista y su trabajo. En un país como el nuestro, todavía queda mucho por hacer en cuestiones como la educación del público: cómo mirar, cómo apreciar y cómo adquirir el trabajo. Pero después también tenemos que hacer un fuerte trabajo entre el artista y curadores, galeristas, etcétera, donde se busca que el artista llegue a otras galerías, museos y centros culturales. La intención es que nuestro trabajo sea publicado en libros de importancia internacional, y que finalmente sea adquirido no solamente por particulares sino por instituciones. Todo eso hace que la obra adquiera un valor. Es un trabajo que implica darle todo el respaldo a un artista. La definición más simple para nuestra labor es que hacemos todo aquello que el artista no puede hacer más allá de su obra.

¿Qué se expone ahora en la galería?

Desde 2012 hemos creado una muestra en la sala principal y otra en la sala de proyectos. Esto decidimos continuarlo en nuestro nuevo espacio, que también está en la colonia Roma, y agregamos otro espacio para exposición en la terraza. Actualmente tenemos el trabajo de Moris, un joven artista mexicano, de los más importantes a nivel internacional y de la galería, con el proyecto “Cuatro patas bien dos pies mal”, con el que construyó una caja dentro del espacio: es una obra que invadió nuestra galería. Y, por otro lado, tenemos a una artista oriunda de Toronto con su primera exposición en México, Roula Partheniou, con quien hemos abierto la posibilidad de traer artistas de Canadá a México.

¿Dirías que vende bien el arte mexicano?

Sí, vende bien porque estamos en un buen momento. El arte mexicano tiene una muy buena carta de presentación. De hecho, muchos creadores están llegando a México para producir, en principio, porque la marca del arte mexicano tiene un buen nivel.

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