Identifican con policromía a hermanos de Coyolxauhqui

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Investigadores del Proyecto Templo Mayor descubrieron que nueve efigies encontradas hace 39 años en la zona arqueológica representan a los 400 hermanos caídos de Coyolxauhqui, pero también a las deidades del pulque y de la lluvia.

Con un microscopio digital, el grupo de investigadores analizó cada centímetro de las figuras de más de 580 años de antigüedad, que fueron descubiertas por la arqueóloga Elsa Hernández Pons en las primeras excavaciones del Templo Mayor de México-Tenochtitlán.

“Dentro del mito que recrea el ascenso del Sol encarnado por Huitzilopochtli y el ocaso de la Luna a través del cuerpo cercenado de Coyolxauhqui; los centzonhuitznahuah o 400 sureños —los hermanos arengados por la diosa para acabar con el dios de la guerra—, suelen ocupar un papel secundario, sin embargo, el arqueólogo Diego Matadamas, investigador del Proyecto Templo Mayor del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ha penetrado en los poros de estos personajes, para explicar su rebuscada filiación”, informó el instituto.

El estudio detalla que las figuras tienen colores que no se aprecian a simple vista, ornamentos y líneas asociadas con Tláloc y con el dios del pulque.
Por ejemplo, todas las esculturas llevan un moño de papel en la nuca, dos orejeras cuadrangulares y un braguero en la cintura que cuelga por delante y por detrás.
De las nueve piezas, cinco usan una diadema turquesa y otras tienen una nariguera, relacionada con los dioses lunares y del pulque, así como dos tonos de pintura en el rostro.

“Los símbolos del pulque de las esculturas las vinculan con estos personajes, bebida que era ligada con la luna. La nariguera es una alegoría al astro en donde habitaba un conejo que a la vez estaba rellena de agua o de pulque.
Por lo tanto, si Coyolxauhqui es la representante de la luna en el mito, es justo pensar que los dioses del pulque fueron sus hermanos y lacayos, juntos figuran las fuerzas de la noche que combaten contra Huitzilopochtli”, comentó Matadamas.

Dos de las deidades muestran rasgos de servidores de Tláloc, encargados de traer la lluvia que propician el crecimiento de las plantas: una posee anteojeras y dos gruesas líneas amarillas que se unen en el centro de su rostro.

En tanto, otra efigie fue cubierta con estuco para convertirlo en un dios del pulque, oculta una figura de Tláloc, según se infiere por la nariz torsal y parte de una bigotera que se distinguen en una grieta de su nariz, explicó el especialista.

Los centzonhuitznahuah miden entre un metro y un metro y medio, y según el INAH, estuvieron dispuestas de tal manera que representaban la batalla de Coyolxauhqui con Huitzilopochtli, por lo que portaban hachas de obsidiana en la mano derecha y otras se protegen el corazón.

En el estudio, el grupo de especialistas tomó fotografías de alta resolución de cada escultura y después creó altos contrastes para resaltar las concentraciones de color.

En otro momento, los arqueólogos sometieron las piezas a una exploración con un microscopio digital de 200 aumentos, capaz de identificar residuos de color aislados en los poros de la piedra.

“La información se registró en diagramas digitales creados con AutoCAD a fin de identificar patrones en la ubicación de los pigmentos y que fueron contrastados con imágenes de códices prehispánicos y coloniales”, detalló el INAH.

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