Jesús Kumate

HOY Y MAÑANA EN AMÉRICA DEL NORTE

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Hay hombres pertenecientes a categorías espirituales superiores. Jesús Kumate, secretario de Salud en el sexenio del Presidente Carlos Salinas, fue uno de ellos. Profesionista de primer nivel y uno de los mejores pediatras de México, pudo haberse enriquecido fabulosamente fundando clínicas para las aseguradoras, o mediante un consultorio privado para las clases adineradas. En lugar de eso, consagró su vida al servicio público. Originario de Mazatlán, Sinaloa, médico militar y doctor en ciencias por el Instituto Politécnico Nacional, Jesús Kumate no era un pretencioso tecnócrata presumiendo su doctorado. No había necesidad. Era tal el reconocimiento conquistado, que la gente ya lo ubicaba como don Jesús.

Quienes colaboraron con el doctor Kumate, lo recuerdan comprometido a fondo con la salud infantil. Las vacunas tenían que llegar a los niños en las comunidades indígenas más apartadas. Servidor público de los de antes, pulcro, siempre trajeado y con corbata. Elegante al hablar, lento al andar. Impecablemente culto, cual se exigía en otro tiempo de los secretarios de Estado, don Jesús escribió libros como La ciencia en la Revolución Francesa o Sistemas Nacionales de Salud en las Américas. Miembro de la Academia Nacional de Medicina, la Academia Mexicana de Pediatría y de El Colegio Nacional.

Sus distinciones internacionales fueron numerosas. Fue nombrado Oficial de la Legión de Honor en Francia, Oficial de la Orden del Mérito en Italia y recibió la Gran Banda de la Orden del Tesoro Sagrado, de Japón. Miembro del Consejo Consultivo de la UNICEF y Presidente del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud.

Ése era el nivel de los altos funcionarios mexicanos cuando recibían su nombramiento al haber consolidado una personalidad y trayectoria propia en el sector. No se les designaba por el mero hecho de haber sido compañeritos del titular en una escuela privada. Tampoco por complicidades inconfesables en la política provinciana. Hoy el PRI, haría bien en recordar la calidad de quienes, como Jesús Kumate, le dieron prestigio a sus gabinetes. Lo importante de un servidor público era su talento, el dominio de su área y más importante aún, el compromiso prioritario con México.

Solamente vi a don Jesús una vez, hace como 16 o 17 años, en sesión solemne de El Colegio de Sinaloa. Era yo reportero de la sección cultural en El Sol del Pacífico. Kumate estaba ahí junto a Jaime Labastida, Ferrusquilla, y don Antonio Haas Espinosa de los Monteros. No puedo recordar el contenido completo de la intervención de Kumate. Sí recuerdo que concluyó su ponencia, con las siguientes palabras alusivas al objetivo de la medicina: “Como decía el doctor Ignacio Chávez: curar pocas veces, aliviar con frecuencia, consolar siempre”. Ahí está también, para el buen entendedor, una explicación del servicio público.

Raudel Ávila
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