José Agustín
Entre La nueva música clásica
y el Terremoto del 85

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Por Rogelio Garza

En 1985 dos cosas sacudieron la existencia de los mexicanos como uno: el temblor del 19 de septiembre y la publicación
de La nueva música clásica. El slam tectónico nos dejó una cicatriz nacional y el libro de José Agustín nos reveló en español la historia y el universo contracultural del rock. Lo triste es que no volverá a reeditarse por deseo preciso, conciso y macizo de su autor.

Sucedió cuando surfeaba en la cresta de la ola por los cincuenta años de su novela De perfil y la película Me estás matando, Susana del director Roberto Sneider, basada en la novela Ciudades desiertas. Hace un par de semanas, en una conversación sobre De perfil en el facebook de Andrés Ramírez, el asunto se desvió hacia La nueva música clásica. El texto es una especie de Start Me Up del periodismo musical, escrito por el primero que escribió sobre rock en México. Cuando el director literario de Penguin Random House comentó que a José Agustín no le late la idea de reeditarlo por razones estéticas, como dice la canción, todo se derrumbó dentro de mí. Es el libro que me cambió la vida cuando lo leí en 1985 a los 14 años y seguramente se las cambió a dos o tres más. Saqué mi ejemplar de un librero, le tomé una fotografía, y la incluí en los comentarios: “¿Te refieres a este libro?”, le pregunté con la esperanza de que se tratara de otra nueva música clásica. “Ese mero”. Fue un desconcierto saber que un libro tan poderoso no volverá a publicarse. En el rock hay discos que no se consideran básicos en la discografía de un grupo, pero son las joyas de uno porque forman parte de la historia personal. Dejé todo y releí el bookie de un jalón. Y como la primera vez, me electrificó.

Antes de exponer por qué lo considero un libro esencial en una biblioteca rockera, el anuncio parroquial de la semana: quienes posean la única edición de La nueva música clásica de la Editorial Universo, 1985, con una mala fotografía del grupo canadiense Saga en la portada, atesoran un ejemplar de colección. Se trata de un texto inclasificable, experimental, único en México. José Agustín cuenta una historia personal del rock, su desarrollo, desde el inicio que bailó en esqueleto propio en los años cincuenta hasta mediados de los ochenta, en Estados Unidos, Inglaterra y México. Es una fusión veloz, alucinada y divertida del ensayo, la autobiografía, el nuevo periodismo, la onda y el gonzo. Existió una primerísima versión en el remoto 68, una conferencia que dio en Ciencias Políticas de la UNAM en la que planteó que el rock tiene la estatura del arte, “un puente maravilloso entre la alta cultura y la cultura popular”, publicado en los Cuadernos de la Juventud del Injuve que hacía René Avilés Fabila. Ese fue el primer libro sobre rock que se publicó en español en México. Un español con sus propias reglas: “Este no es exactamente un ensayuco sobre rock; y aquí la hacen otras leyes”.

La nueva música clásica es un libro cuyo efecto conduce a otros autores y otros músicos. Sería un estupendo libro de texto en cada secundaria porque tiene la magia eléctrica de abrir otras puertas musicales, literarias, físicas y netafísicas. Lo encontré por accidente en una eficaz estrategia de mercadotecnia juvenil. Crecí en los setenta y los ochenta escuchando el rock en el radio, grababa montones de casets, iba a las tocadas en mi natal Ciudad Satélite y leía las revistas musicales de acá y de allá. Las gringas las hojeaba en Sanborns, no tenía dinero para comprarlas, pero me sobraba el tiempo para leerlas ahí. Un día que iba de salida, al pasar junto a un exhibidor de novedades, el pequeño gran libro me atrapó como la canción de los Kinks, casi pude escuchar el riff: José Agustín –en letras de neón ochenteras– La nueva música clásica. Me detuve a hojearlo y empecé a leer: “El rock me llegó como un relámpago, sin que
me diera cuenta. Tenía diez años de edad, vivía en la frontera norte de la colonia Narvarte, o medianía, según Pasto verde, y desde siempre la música había sido alimento sagrado para mí”. En ese momento leí algo nuevo, era música en palabras eléctricas: “algo con naturaleza propia que estuviera lo más cerca posible del rock: rock escrito”. Un lenguaje con el que conecté desde la primera línea. Como Jenny al encender el radio en la canción Rock & Roll de Velvet Underground, el universo contracultural del rock se me reveló y quedé alucinado. Algo brilló en mi cabeza, como el rayo en la de Grateful Dead, entonces todo cobró sentido: las estaciones y los programas de radio, los discos, las revistas, los casets, las tocadas y a partir de esas páginas, los libros.

En el capítulo final, La tierra de las mil transas, al hacer un recuento del rock nacional el Maestro escribió:

… o la picardía, el ingenio y la mexicanísima cara dura de Rodrigo González, un verdadero cantor popular, para sólo citar unos poquísimos ejemplos de un panorama efervescente y caótico, pueden colocarse ya en este territorio denso y riesgoso, verdaderas arenas movedizas para el crítico o el observador atento.

Dos meses después de leer esto sucedió el terremoto en el que murieron alrededor de diez mil personas, entre ellas el Rockdrigo. Lo recuerdo. Y también lo que pensé al terminar de leer La nueva música clásica: me gustaría escribir un libro como éste.

¿A cuántos más encaminó José Agustín por la ruta de la literatura, el periodismo, la música y la contracultura? Supongo que somos muchos. El periodismo musical en México cambió desde 1965, cuando publicaba un artículo sobre rock a la semana. Sin duda, a sus 72 años, sigue siendo el rey del rock escrito.


Rogelio Garza
es autor de Las bicicletas y sus dueños (2008)
y Zig-Zag, lecturas
para fumar
(2014).

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