Juegos Centroamericanos y del Caribe. Pausa para la región

QUEBRADERO

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Barranquilla, Colombia. El jueves pasado se inauguró la edición 23 de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla, Colombia. Es la competencia regional deportiva más importante, no es para esperar grandes hazañas deportivas, pero sí para saber los referentes que cada país de la zona tiene en el deporte.

Barranquilla no vivió directamente los estragos de la larga confrontación entre el gobierno y la guerrilla; habrá vivido uno que otro atentado, pero no es una ciudad que haya padecido de manera tan brutal los cruentos años colombianos.

Es una ciudad ubicada al sur del país, con cerca de 3 millones de habitantes. Su regionalismo la define. En la inauguración de los juegos se entonaron varios himnos, entre ellos el de la ciudad, el cual fue cantado por los cerca de 70 mil espectadores con un fervor, para su servidor, poco común.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, fue uno de los oradores de la ceremonia. Está como Peña Nieto en la ceremonia del adiós, y su desgaste está a la luz de las reacciones de los colombianos, como se pudo apreciar en el estadio. Bien se sabe que no es nada fácil pasar la prueba de “la plaza”.

Barranquilla está cerca de Cartagena y eso hace que sean ciudades mutuamente influyentes. En esta zona de Colombia, la cultura es una forma en que se definen las ciudades. Si bien Barranquilla no es Cartagena, existe un desarrollo cultual, literario y museográfico muy atractivo. Sin embargo, le pesan marcadamente las desigualdades sociales. El centro de la ciudad es un caos, lleno de vendedores ambulantes y lleno también de una desorganización que da la impresión de que en cualquier momento puede explotar.

Sin embargo, como un signo propio de las ciudades latinoamericanas prevalecen en los mismos espacios la riqueza y la pobreza. No es tan marcado en Barranquilla, pero sí se aprecian graves desigualdades económicas. De igual manera se pueden ver grandes edificios muy bien ubicados y, por otra parte, sobre todo saliendo del aeropuerto, zonas pobres e inseguras. Es un fenómeno similar a lo que sucede en ciudades de Brasil, Argentina, México y hoy, marcadamente, en Venezuela.

Este país sudamericano es uno de los grandes temas, hoy, en Colombia, sobre todo en esta zona del país, debido a la cercanía con Venezuela. Muchos de los vendedores ambulantes en el centro de la ciudad son de origen venezolano, la gente busca la manera de trabajar y como es sabido, vienen huyendo de la crisis, al parecer irreversible, que se vive en su país.

Barranquilla, al igual que Cartagena, ha recibido a muchos venezolanos, pero es evidente, como nos dicen periodistas locales, que esto debe tener tarde que temprano, un freno pues no se va a poder vivir así eternamente. Algo grave va a terminar pasando tarde que temprano, si no adquiere otra dimensión la crisis venezolana.

Existe una genuina preocupación por lo que pueda terminar pasando, el nuevo gobierno colombiano ha establecido, al igual que el de Santos, que continuará una relación crítica con Venezuela y además que seguirá recibiendo ciudadanos venezolanos en la medida que Colombia pueda.

Los juegos han servido para que Barranquilla pueda ofrecerse a la región con disposición y calidez. No tienen instalaciones excepcionales, tienen lo que para unos juegos como éstos puedan albergar dignamente a los deportistas. Un gran tema de presente y futuro es cómo hacerle para que este tipo de eventos no se conviertan en problemas ponderosos y graves para quienes los organizan después de efectuarlos. Las crisis en algunas naciones están a la vista, recordemos Grecia, Río de Janeiro, las deudas de los Juegos Panamericanos de Guadalajara, y los propios Juegos Centroamericanos recientemente celebrados en Veracruz.

RESQUICIOS.

A México le está yendo bien hasta ahora. El futbol sumó ante Venezuela una lamentable derrota, dirán lo que sea, pero fue lamentable.

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

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