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Foto: Especial

Kay Redfield Jamison es psicóloga, neurofisióloga y también zoóloga (¿por qué no?). Es autora de uno de los libros más importantes y rigurosos acerca del trastorno bipolar,1 y ha descrito en muchas ocasiones los enormes riesgos de este padecimiento, que muchas veces es mitificado por la sociedad o visto como algo trivial. Durante las etapas de depresión, que duran semanas o meses, hay un profundo sufrimiento, y la productividad escolar o en el trabajo disminuye o se pierde completo. El riesgo de suicidio es muy alto. Y en las etapas de manía, a veces hay una intensa sensación de alegría o placer, y la actividad aumenta en términos generales, así como la velocidad del pensamiento. Pero el juicio puede tener fallas escandalosas y hay un riesgo significativo de accidentes, conducta violenta, comportamiento sexual irresponsable, y también riesgos para la salud física. La doctora Jamison ha descrito con gran claridad estos riesgos, ya que ella misma padece esta condición. Ha declarado abiertamente su diagnóstico, como una manera de luchar contra la discriminación hacia las personas con trastornos mentales. Quizá el trastorno bipolar ha influido un poco en sus amplios intereses intelectuales, que van del arte a la zoología, pasando por la neurofisiología.

En 1989, la doctora Jamison publicó un artículo científico sobre el tema que en su momento preocupó a Aristóteles (si aceptamos que el filósofo griego escribió aquel famoso problema XXX, en el cual se pregunta por qué todas las personas de excepción son melancólicas). Jamison estudió en Inglaterra a 47 artistas británicos de diferentes ramos, principalmente poetas, dramaturgos, novelistas y artistas visuales.2 El primer resultado que obtuvo fue que el 38 por ciento de estos sujetos creativos ya habían recibido un tratamiento para algún trastorno afectivo (depresión mayor o trastorno bipolar). Después, mediante entrevistas y un seguimiento que duró 36 meses, observó que muchos artistas tenían cambios bruscos del estado de ánimo (30 por ciento de ellos), y algunos de manera prolongada (26 por ciento). Casi una tercera parte de los sujetos reportaron que antes de sus episodios de mayor creatividad tenían estados de malestar emocional, en los cuales decían sentirse “más ansiosos”, “cerca del suicidio” o con sentimientos de miedo. La mayoría de los artistas (89 por ciento) reportaron episodios de creatividad intensa, en los cuales eran altamente productivos. Durante estos episodios, la mayoría experimentaba estados de euforia, entusiasmo, sensaciones de mayor energía, sentimientos de autoconfianza, aumento en la velocidad y la fluidez del pensamiento, más capacidades para concentrarse, emociones más intensas, sentimientos de bienestar y una disminución en la necesidad del sueño. Kay Jamison concluyó que las cifras de trastornos afectivos diagnosticados en este grupo de artistas (por lo menos el 38 por ciento, a juzgar por el antecedente de haber buscado y recibido tratamiento psiquiátrico) eran excesivamente altas en comparación con lo que se observa en la población general: 1 por ciento en el caso del trastorno bipolar y 5 por ciento en el caso de la depresión.3 Aunque las entrevistas fueron hechas de manera que se evitaran los efectos de la sugestión, se encontraron muchas semejanzas entre los episodios de aumento de la creatividad y los episodios observados en el trastorno bipolar que se conocen como hipomaniacos: estos son periodos de días, semanas o meses de duración, en los cuales hay una clara elevación del estado de ánimo, aumento en la sensación de energía, mayor rapidez en el pensamiento (y en el habla), aumento de la actividad en general y menor necesidad de sueño. Estos episodios no son tan graves como los de manía, por lo cual pueden pasar subdiagnosticados.

“La mayoría de los artistas (89 por ciento) reportaron episodios de creatividad intensa, en los cuales eran altamente productivos”.

La doctora Jamison ha estudiado desde entonces la relación cada vez más plausible entre la creatividad artística y el trastorno bipolar. Simplificando un poco, su hipótesis es que hay episodios de hipomanía leves, en los cuales aumenta mucho la productividad artística, y luego periodos depresivos en los cuales se suele buscar tratamiento. En esta etapa hay que tener mucho cuidado, porque el riesgo suicida es completamente real. Kay Jamison escribió un ensayo histórico muy exitoso, titulado Marcados por el fuego: La enfermedad maniaco-depresiva y el temperamento artístico.4 En ese libro reconstruye la historia de muchos artistas y escritores célebres, y las posibles evidencias de trastorno bipolar. Incluye autores como Virginia Woolf, Lord Byron, Mary B. Shelley, Edgar Allan Poe y Herman Melville, así como al músico Robert Schumann. También aborda casos tan discutidos como el del pintor Van Gogh, quien fue primero diagnosticado como portador de esquizofrenia por el psiquiatra Karl Jaspers, y como bipolar por Jamison, lo cual nos muestra las limitaciones evidentes de los diagnósticos retrospectivos en particular, y probablemente de los diagnósticos psiquiátricos en general. No es que no tengan alguna validez científica, ya que estas diagnosis tienen mucho mayor poder predictivo que los conceptos médicos de la Antigüedad o la Edad Media, pero aún no tienen la exactitud y la precisión de otras áreas de la medicina, que disponen de pistas más seguras, como la cardiología o la
oncología. Como se puede ver, dos milenios después de que Aristóteles planteara la pregunta acerca de la melancolía y su posible relación con la creatividad,5 la cuestión no está resuelta y se requiere aún más investigación, pero las pistas apuntan hacia un viejo conocido de la medicina griega: el trastorno bipolar. 



Notas

1 Frederick K. Goodwin y Kay Redfield Jamison, Manic-Depressive Illness, Oxford University Press, New York, 1990.

2 Kay Redfield Jamison, “Mood disorders and patterns of
creativity in British writers and artists”, Psychiatry, May, 52(2): 125-34, 1989.

3 Ibid.

4 Kay Redfield Jamison, Touched with Fire: Manic-Depressive Illness and the Artistic Temperament, The Free Press, New York, 1993.

5 Aristóteles, El hombre de genio y la melancolía (problema XXX), Acantilado, Barcelona, 2007.

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