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Kim Jong-un (izq.) y Donald Trump conversan durante la cumbre de desnuclearización, anoche, en Singapur. Foto: AP

“Tengo un botón nuclear sobre mi escritorio”, amagaba en enero el líder norcoreano Kim Jong-un. “Yo tengo un botón mucho más grande y poderoso que el suyo y el mío funciona”, respondía el presidente de Estados Unidos, en lo que se había convertido en una guerra de insultos interminable entre los mandatarios de las dos naciones. En ese momento parecía imposible que Trump y Kim se sentaran uno al lado del otro, en un mismo salón.

Anoche esta reunión dejó de ser una utopía. El presidente de Estados Unidos y el líder norcoreano se reunieron en Singapur para hablar sobre la posible desnuclearización de la Península Coreana. “No ha sido fácil llegar hasta aquí, ha habido muchas viejas prácticas, prejuicios y obstáculos en nuestro camino hasta llegar aquí, pero hemos superado todo eso”, reconoció Kim minutos antes de iniciar una plática privada con el magnate neoyorquino.

El dato:

  • Pocos analistas creen que Pyongyang esté verdaderamente dispuesto a renunciar de manera “completa, irreversible y verificable”, como demanda Washington.

  • Mmdd serán necesarios para desmantelar bombas e instalaciones.

Minutos después, ambos mandatarios se reunieron junto a sus asesores. “Creo que esto será un éxito”, alentó Kim a Trump.  “Vamos a tener una gran relación”, se limitó a responder el mandatario republicano.

Pese al acercamiento, analistas consideran que el desarme de Pyongyang llevará tiempo y requerirá una gran inversión. Un estudio de la Universidad Kookmin en Seúl,  citado por el diario español El País, calcula que los costos directos e indirectos están alrededor de al menos 20 mil millones de dólares.

Por su parte, el Centro para la Seguridad Internacional y la Cooperación de la Universidad de Stanford “estima que hará falta al menos una década para completar el proceso. Eso, si no se encuentran obstáculos”, reseña el rotativo español.

“La política puede retrasar la desnuclearización definitiva a 15 años”, escribe en el documento el investigador Siegfried Hecker.

Además del tema central de la desnuclearización, se espera que las partes también planteen la declaración oficial que ponga fin a la Guerra de Corea de 1950-1953, como garantía de seguridad para el régimen norcoreano, y que Estados Unidos plantee el tema de los derechos humanos en Corea del Norte.

Estados Unidos manifestó que busca un desmantelamiento completo, verificable e irreversible del programa de armas nucleares de Corea del Norte, mientras que Pyongyang aboga por una definición más amplia, que incluya también el retiro del paraguas nuclear estadounidense en Corea del Sur y Japón.

“Estamos dispuestos a ofrecer garantías de seguridad diferentes, distintas con respecto a lo que a Estados Unidos ha hecho en el pasado”, indicó ayer el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, en su rueda de prensa. Esas garantías, en opinión del artífice de este encuentro, ofrecerán a Corea del Norte “la suficiente certidumbre acerca de que desnuclearizarse les será beneficioso”.

Kim, por su parte, se sentó frente a Trump para ser “aceptado internacionalmente como un poder nuclear”, destacó Sue Mi Terry, quien trabajó como analista de asuntos coreanos para la CIA de 2001 a 2008, y como consejera del gobierno de George W. Bush y Barack Obama, en entrevista con la BBC.

“Quiere respeto (…). Tras llevar a cabo un programa de armas nucleares durante siete años que ahora que dice que lo ha completado, no le importa sentarse con Washington como un igual y hablar del control de armas, explicó.

Es la primera vez en siete décadas que un presidente de Estados Unidos y un líder de Corea del Norte, en activo, se reúnen. Los dos países han estado enemistados desde la guerra de Corea entre 1950 y 1953.

Kim visita lugares turísticos antes de iniciar la cumbre

El líder norcoreano Kim Jong-un salió de su lujoso hotel para un recorrido turístico por Singapur ayer, apenas unas horas antes de la cumbre sin precedentes con el presidente estadounidense Donald Trump.

Kim pasó gran parte del día lejos del ojo público, generando conjeturas de que estaba planeando su estrategia para su encuentro con Trump. Pero en la tarde salió del hotel St. Regis y visitó el Domo de Flores en los Jardines de la Bahía en compañía del ministro de Exteriores de Singapur, Vivian Balakrishnan.

El canciller subió a Facebook una foto de él y Kim donde ambos están sonriendo y el norcoreano está vestido con su característico saco Mao color negro. Flanqueado por guardaespaldas, Kim también visitó el resort Marina Bay Sands.

Los medios de comunicación surcoreanos informaron que Kim iba acompañado de su hermana Kim Yo Jong y otros altos funcionarios.

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