La Ciudad de los Dioses

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Aún no rompe el alba y cuatro globos aerostáticos de la compañía Volare inician ya su lento inflado; unas 30 personas se alistan para abordar, deseosas por empezar el paseo.

Esta es una escena que se repite diariamente en el Globopuerto, localizado en la carretera México-Tulancingo que tiene en los fines de semana su mayor afluencia.

Amanece. Y ésa parece ser la señal para abordar los globos multicolores. Un cielo límpido y nubes teñidas de rojo por los primeros rayos de sol son, por sí mismos, una invitación a surcar el firmamento.

El globo comienza su armonioso despegue. “Es la mejor hora para volar: no hay corrientes, ni el aire está caliente”, asegura el piloto Javier Merino.

A la mente llegan los nombres de Phileas Fogg y Picaporte, aquellos inolvidables personajes de Julio Verne, pues en pleno siglo XXI viajar en globo aún es una aventura segura y lúdica, pero también sorprendente, pues el globo recién se eleva y ya se ve Teotihuacan, motivo y razón del recorrido.

Ciudad de Dioses

No es para menos, pues el trayecto promete una panorámica excepcional de la zona arqueológica más visitada del país (más de dos millones y medio de turistas al año).

Y es que desde hace más de tres años es posible conocer, desde las alturas, estas antiguas construcciones, que parece que fueron edificadas por seres celestiales: según la leyenda fue ahí donde los dioses de Mesoamérica crearon el Sol y la Luna.

En pocos minutos el globo está frente a la Pirámide del Sol. Sus 64 metros de alto y su base de 46 mil 225 metros cuadrados impresionan a los pasajeros.

Instantes después se está frente a la Calzada de los Muertos: sus cuatro kilómetros de longitud parecen interminables, al igual que los basamentos alineados a los costados. De acuerdo con la tradición en esos edificios existen sepulcros; de ahí el origen del nombre.

Al norte de la avenida se aprecia la Pirámide de la Luna, sitio donde el viaje termina, pero aún es posible ver el Templo de Quetzalcóatl, el Palacio de Tepantitla y el de los Jaguares.

Como si fuese un suspiro el globo deja la zona arqueológica y pasa sobre el pueblo de San Juan Teotihuacan. Javier busca dónde aterrizar: “sabemos dónde salimos, pero nunca dónde llegamos”, bromea.

fdm

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