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Foto: viralnovelty.net
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Tengo en mis manos el libro Registro de sueños, de José Luis Díaz, un texto memorable dentro del ensayo académico interdisciplinario. El subtítulo del libro (Atisbos a la conciencia onírica desde las ciencias, las artes y la filosofía) revela el carácter de la obra: está anclada a los datos duros de la neurociencia cognitiva, pero el autor establece nexos conceptuales con la literatura, las artes visuales, las humanidades. ¿Qué podemos aprender en este libro? Para responder la pregunta daré un paso atrás, hacia el recuerdo de un clásico de la divulgación científica.

Hace años leí El sueño y los sueños, de Michel Jouvet: un ensayo repleto de historias, hipótesis y datos fascinantes, escrito por uno de los fundadores de la ciencia más nocturna: el estudio fisiológico del dormir y el soñar. El estupendo prólogo del doctor Héctor Pérez Rincón, quien tradujo la obra, nos recordaba una idea de Jouvet: entre la teoría freudiana de los sueños y la moderna neurofisiología del soñar existe la misma relación que hay entre la astrología y la astronomía. La frase es provocadora. El investigador francés deseaba enfatizar que las teorías psicológicas de los sueños, anteriores a 1953, ignoraban un hecho fundamental: la estructura temporal del soñar, es decir, el hecho de que los sueños, tal y como los escribimos por la mañana en un diario o los relatamos al psicoanalista, resultan de una actividad neuropsicológica que sucede a lo largo de la noche, de manera periódica, sobre todo en la fase MOR (la etapa de Movimientos Oculares Rápidos), en la cual hay una intensa actividad cerebral, una pérdida del tono muscular y una profunda desconexión entre el cerebro y los órganos de los sentidos. Por estas razones, Jouvet usa el término “sueño paradójico”, para referirse a la fase MOR.

“Un momento inquietante del libro se refiere a los sueños lúcidos (en los cuales el sujeto está consciente de que sueña)”.

A principios del siglo XX, un profesor del Collège de France observó que al despertar a varios sujetos por intervalos mientras dormían, era infrecuente que reportaran ensoñaciones; el soñar no estaba presente a lo largo de toda la noche. En 1944, el doctor Ohlmeyer describió un ciclo de erección periódica en los varones. El primer ciclo de la erección peneana inicia 90 minutos tras el adormecimiento y dura 25 minutos, en promedio; este fenómeno nocturno se repite cada 85 minutos, aproximadamente. Esa estructura temporal corresponde a los ciclos del sueño MOR, pero esto sólo se supo en 1953, cuando el doctor Aserinsky, en Estados Unidos, observó periodos de movimientos oculares rápidos durante la noche, en niños. En su Registro de sueños, José Luis Díaz nos informa lo siguiente: cuando los individuos humanos son despertados en fase MOR, suelen reportar ensoñaciones, es decir, experiencias oníricas; y al ser despertados en otra etapa del dormir, casi nunca presentan la experiencia del soñar. Aunque la equivalencia no es exacta, hay una fuerte relación entre el proceso fisiológico (la fase MOR) y el fenómeno subjetivo (la ensoñación). Las cualidades subjetivas de la ensoñación también son diferentes cuando se presentan en fases distintas. Las ensoñaciones de la fase MOR se caracterizan por imágenes visuales y auditivas más vívidas, emociones más intensas y secuencias narrativas mejor definidas.

¿Cuál es la función del soñar? Para Jouvet, el contenido mental de la ensoñación (la conciencia onírica) es un mero epifenómeno: el resultado colateral de un proceso neurofisiológico. Jouvet prefiere estudiar el reino animal. La fisiología comparada del dormir nos obsequia claves para entender la función evolutiva de la fase MOR, que no se presenta en peces, anfibios o reptiles (con la excepción posible del cocodrilo). En aves y mamíferos la existencia del sueño paradójico está bien demostrada. La vaca y la gallina tienen unos 25 minutos de sueño MOR cada noche, mientras que el chimpancé tiene 90 minutos, y el ser humano, 100. A la cabeza del reino animal se encuentra el gato, con unos 200 minutos cada noche. Pero las teorías biológicas sobre la función evolutiva del soñar enfrentan el problema del delfín. En 1977, la revista Brain Research publicó un artículo del doctor Mukhametov quien registró, en Rusia, la actividad eléctrica cerebral del delfín. No observó la fase MOR, porque el delfín sólo duerme con un hemisferio cerebral a la vez. Con el otro hemisferio está alerta y controla su respiración; no puede entrar en un sueño profundo con los dos hemisferios, porque respira de manera voluntaria. Si lo hiciera, moriría ahogado.

Foto: Especial
Foto: Especial

Registro de sueños es un documento erudito que captura, a la vez, sinsentidos, disparates, transgresiones, fragmentaciones y desdoblamientos observados por la conciencia durante el soñar, pero también los resultados creativos reportados por artistas y científicos: la novela Frankenstein, la creación de la máquina de coser, la estructura del benceno, la novela El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, y el modelo del átomo como un microsistema solar. Mary Shelley, Elias Howe, August Kekulé, Robert Louis Stevenson y Niels Bohr, respectivamente, informaron que las fuentes de inspiración para sus obras maestras fueron los propios sueños nocturnos. Un momento inquietante del libro se refiere a los sueños lúcidos (en los cuales el sujeto está consciente de que sueña), que plantean problemas especiales a la neurobiología, y son el origen de leyendas populares. ¿Es posible encontrar una marca física, fisiológica, para dar valor científico a estos fenómenos? En la página 71 del libro se encuentra la respuesta.

La amplia —pero rigurosa— perspectiva del doctor Díaz le permite hacer un abordaje de la conciencia onírica a través de cinco niveles: 1) la ensoñación durante el dormir, 2) el recuerdo de la ensoñación al despertar, 3) el relato del sueño en forma de texto, 4) la interpretación del sentido del sueño, 5) la representación estética de las ensoñaciones en la literatura, las artes plásticas, el surrealismo y el cine. El autor recupera tesis según las cuales el sueño paradójico constituye “un estado de protoconciencia que provee un modelo de realidad virtual del mundo que es eficiente para el desarrollo y la manutención de la conciencia alerta”. Esto va de acuerdo con los 35 años de recolección de materiales oníricos de Patricia Garfield, quien ha documentado doce temas clave en los sueños, en múltiples culturas: asuntos como ser perseguido, ser atado, estar herido, estar enfermo o moribundo, caerse o ahogarse, estar desnudo en público, estar perdido o atrapado… En los sueños, prosigue Díaz, “suelen figurar amenazas que tienen una utilidad de simulación y tanteo que sería de gran trascendencia adaptativa en la evolución de los homínidos, los cuales, de acuerdo con la hipótesis, literalmente necesitarían soñar para sobrevivir”.

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