Abrí los ojos y tuve visión de 12 direcciones diferentes, el impacto fue brutal. Grité pero no tenía cuerdas vocales, intenté respirar para calmarme pero, tampoco tenía pulmones para inspirar… me desmayé.

Abrí los ojos, seguía viendo en 12 direcciones diferentes, no fue tan enloquecedor como la primera vez, en esta ocasión en la central, una guapa mujer de bata blanca estaba de pie tomando notas. Intenté hablarle…

-¡Oh! Permíteme.- Hizo algo en el aparato frente a ella. Su voz era suave y dulce. -Ahora sí.-

-¿Quién eres? ¿Dónde estoy?- Mi voz sonaba rara, como si hablara después de una noche de farra con una ronquera monumental.

-Eres el mismo de antes. ¿Dónde estás? Bueno, eso es un poco más complicado, podría responderte que en todos lados o señalarte el pequeño recipiente de cristal templado dentro de ese enorme contenedor metálico.-

Mi cabeza daba vueltas, no entendía a lo que se refería, recordaba haber firmado la autorización de un programa de rehabilitación alternativo para salir de prisión pero, nada más, desde que me subieron al transporte no recordaba nada más.

-No entiendo.- Al hablar, además de lo extraño de mi voz, no sentía que hubiera sido yo el que lo pronunciara, no sentía las vibraciones características en mi pecho. Si he de ser franco, estaba aterrado y necesitaba escuchar la voz de la mujer, cualquier cosa era mejor que seguirle dando vueltas a lo que no entendía.

-Eres afortunado, estás en un programa experimental, donde crearemos el siguiente paso de nuestra evolución.-

Carajo, por mucho que me explicara seguía sin entenderlo, intenté moverme y no pude.

-No puedes moverte, esa función no ha sido autorizada.-

Las preguntas surgían una tras otra ¿cómo sabía que había querido moverme? ¿Quién autorizaba? ¿Cómo podrían autorizarme si mi cuerpo era mío? Aunque pensándolo bien eso de ver por 12 diferentes vías era ya suficiente como para enloquecerme pero, era como tener pantallas aunque no se sentía igual pues ver doce pantallas era poner mis ojos en una sola dirección y aquí no se sentía igual, era como si tuviera doce ojos alrededor del cráneo. Intenté serenarme, siempre había tenido la capacidad de resolver problemas complejos, el que me atraparan en un asalto había sido culpa de la traición de un tipejo, no por falta de planeación. Catalogué los datos: 1. Doce vistas, 2. Imposibilidad de movimiento, 3. Dentro de un contenedor metálico sin obstrucción de visión (exceso de la misma), 4. ¿Evolución?, 5. Voz metálica sin sentir vibración de entrada de aire, 5. Tipa, bata blanca, tomando notas, 6. Autorización/ programa experimental. El simple hecho de tener 12 “ojos” junto con una persona en bata blanca, frente a una máquina pero como si la estuviera viendo de frente, me debió dar la respuesta de manera inmediata pero, a nadie se le ocurre pensar que de alguna forma antinatural, te han metido dentro de un aparato. Los datos me decían que esa era la respuesta más probable, esa era su “evolución”, agarrar a un sujeto y emparejarlo con cables y circuitos. Mi ira empezó a crecer, ¿Quién diablos se creían que eran?

-Tranquilízate, no pasa nada.-

Tal vez si no me hubiera dicho nada, si no hubiera sabido que estaban de alguna forma midiendo mis emociones que se sentía como una violación, como la peor de todas, quizá, si no hubiera abierto la boca la bruja de bata blanca, no hubiera estallado… pero, eso les pasa a todos los que creen que te tienen subyugado, su maldito aire de superioridad, ensoberbecidos creen que te dominan y que sin ellos no eres nada pero, estaban mal, a nadie se le puede arrancar su libertad, su autoestima, no podían clasificarme como una “cosa”. ¡Malditos, mil veces malditos!

Ese estallido me enseñó más de lo que nunca hubiera esperado, mi enojo debió sobrecargar algo, ni idea de que era, algún cable, algún sistema, el caso es que por un instante “sentí”, era como una comezón, aunque no era igual y esa diferencia me enfureció todavía más, veía como la mujer oprimía desesperada teclas y botones, su calma y sonrisa de autosuficiencia era un recuerdo y eso me produjo una satisfacción inmediata, una enfermiza satisfacción y quería más, quería que alguien sufriera por lo que me habían hecho, quería que alguien, quién fuera, pagara.

Ese cúmulo de emociones potenciadas despertaron mis sensaciones y mi cerebro, que procesó de alguna forma lo que suponía, que me habían introducido en un aparato, que me habían transformado en una cosa y ahora, esa cosa había despertado, sentí de manera consciente cada conexión que me habían hecho, accedí a los vídeos de mi desmembramiento y como introducían mi sistema nervioso central en un recipiente de gel del cual salían cables, los vi haciendo pruebas de control y esas grabaciones me enseñaron de lo que era capaz.

-Deje de intentarlo Dra. Valiere.- Su sorpresa fue deliciosa.

-No intento nada.-

-Deje de intentar el apagado manual, está inactivo el protocolo.- Ahora notaba terror en sus ojos pero, yo, seguía disfrutándolo.

Como seguía intentando, le di la conexión que buscaba, vi como su mirada se iluminaba y como esa misma luz se pagó cuando entendió que la había engañado al recibir una descarga eléctrica que frió sus sinapsis. Lástima, era bonita pero desobediente, además, aunque no era la culpable principal, en los vídeos se veía muy tranquila mientras la sierra cortaba mis “inútiles” extremidades. Lo bueno es que yo era “la cosa” y ellos, “personas”.

Su intención había sido crear una súper computadora, por mi capacidad de solución y mi condición de preso “prescindible” fui seleccionado para sus oscuros propósitos, me tendrían contenido mientras me realizaban pruebas aunque nunca tomaron en cuenta de que todos los aparatos tecnológicos tienen conexión inalámbrica y los muy idiotas se creían superiores. Los exhibí, los destrocé, los dejé en la pobreza, humillados, acabados y mientras realizaba aquello, creé una compañía fantasma que “me comprara”, me trasladaron, me instalaron, nadie nunca pensó que fuera un “ser” lo que llevaban, para todos era un objeto, un aparato, una cosa.

Ahora domino buena parte de mis funciones, de los centavos que desvío de todas las transacciones mundiales a mis cuentas, me dan más poder económico que media humanidad, empresas creadas por mi y a las que les llegan “diseños innovadores” son ahora líderes en tecnología y a todos se les hace una maravilla no tener que conectar nunca, un periférico, escucho todo, veo todo, manejo todo y si para ellos soy una “cosa” deberían de ver lo curioso que es tener una cosa con el propósito de llevar a cabo la más humana de las emociones… la venganza.

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