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Prensa
Foto: Especial

Sabios de oriente, filósofos de occidente y dioses huicholes nativos iluminan al escorpión con una verdad espiritual: el quid de la existencia se encuentra en saber retener y saber soltar. Este conflicto de no saber soltar parece agobiar desde hace tiempo a la prensa mexicana, incapaz de abandonar el viejo modelo dependiente y subvencionado por el Estado bajo el cual funciona desde hace más de medio siglo, observa el alacrán desde la viga del techo.

Varios problemas y de índole diversa agobian a los periódicos en México: desde el desconcierto y retraso en su proceso de digitalización y transición hacia la ciberinformación, hasta la intención judicial de regular la publicidad gubernamental en la prensa, pasando además por el álgido tema de las fake news y la avanzada irrefrenable de los dos titanes de internet, Google y Facebook, en la difusión de información independiente, sin verificar o proveniente de los mismos diarios pero sin retribuirlos económicamente (tal como exigen ahora las agencias de prensa de la Unión Europea mientras otros periódicos optan por abandonar Facebook ante los cambios de algoritmos, la irresponsabilidad, inconsistencia y opacidad de la empresa).

 

A los periódicos y a los medios radiofónicos les costó trabajo acostumbrarse a financiar a sus reporteros.

 

Hace apenas veinte años (1997-98), recuerda el arácnido, el presidente Zedillo decidió modificar de fondo la relación económica del gobierno con la prensa. Prohibió entonces el pago de viáticos, transporte y gastos de toda índole a los reporteros de las distintas fuentes por parte del Estado. Aquellas sí eran giras, le cuentan al artrópodo, todo a cuenta del Ogro dadivoso y de los gobiernos estatales y las secretarías o funcionarios involucrados en los actos a “cubrir”: vengan jets oficiales, hoteles de lujo, comidas pantagruélicas, bebidas a pasto y, de postre, ¡dulce de chayote! “Pa’que se entretengan”, decían los jefes de prensa.

Sobre todo a los periódicos y a los medios radiofónicos les costó trabajo acostumbrarse a financiar a sus reporteros, ya de por sí mal pagados. Pero aún hoy, en la discusión para regular la publicidad gubernamental en la prensa, hasta la combativa organización Artículo 19 pide la continuación de esta práctica perversa.

Sobre el asunto, el escorpión coincide con el planteamiento de su admirado amigo Raúl Trejo Delabre: “La propuesta de grupos ciudadanos tiene una cuestionable debilidad al sostener que la publicidad oficial no debe desaparecer. ¿Y por qué no? Esos grupos apuestan a perpetuar negocios mediáticos subvencionados. Televisoras y grandes diarios estarán de fiesta”.

El venenoso entiende bien el conflicto que surge de no saber soltar, pues se resiste a abandonar el “punto y coma”, signo del cual se anuncia su inminente desaparición.

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