La democracia en Colombia

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Puede sonar a retórica cancilleresca la afirmación de que el principal ganador de las elecciones colombianas del pasado domingo fue la democracia. Pero colocados en el contexto de ese país sudamericano, durante décadas emplazado por amenazas a la seguridad nacional tan reales como una guerrilla de medio siglo o una industria del narcotráfico poderosísima, las recientes e inconclusas elecciones colombianas adquieren una significación especial.

Habría que recordar, de entrada, que en los últimos veinte años la democracia colombiana se ha consolidado, como en pocos países de la región, gracias a una Constitución, la de 1991, donde se logró una mezcla virtuosa, hasta entonces inédita en América Latina, entre principios de democracia representativa y democracia directa y entre presidencialismo y parlamentarismo. Poco tiene que ver el orden constitucional colombiano con el estado de excepción que caracteriza a un país en guerra.

Por lo pronto, la primera vuelta electoral ha concluido con más de 25 puntos porcentuales de ventaja de Juan Manuel Santos sobre Antanas Mockus. A pesar de sumar a su fórmula al ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo, de ganarse el apoyo de otros dos exitosos e influyentes ex alcaldes de Bogotá, Enrique Peñalosa y Luis Garzón, y de acaparar el electorado joven y profesional de las principales ciudades, el líder verde quedó muy por debajo de los estimados electorales.

Aun si en la segunda vuelta, del 20 de junio, Mockus lograra incorporar a los votantes de la tercera y la cuarta fuerzas políticas —el Partido del Cambio Radical de Germán Vargas, y el Polo Democrático, de Gustavo Petro— sólo alcanzaría poco más del 40% de los votos, frente al 56% que tendría Santos con la fácil alianza de los conservadores y los liberales. Para ganar, Mockus deberá seducir, en dos semanas, a los indecisos y a la amplia zona de la abstención.

En democracias como las latinoamericanas, que poseen en sus pasados recientes izquierdas autoritarias, es siempre ganancia la llegada al poder, por la vía pacífica y electoral, de una izquierda moderna. Ésa parece ser la izquierda de Antanas Mockus, líder que no sólo ha sido abiertamente crítico del sistema político cubano, sino que ha propuesto una mejoría de relaciones con Venezuela sin dejar de tomar distancia del proyecto bolivariano.

Pero aunque gane Juan Manuel Santos, el próximo 20 de junio, no todo será continuidad en la política colombiana. La consolidación de la democracia en América Latina pasa por la alternancia en el poder de izquierdas, derechas o centros, y, también, por la capacidad de los actores e instituciones políticas de concertar políticas de Estado en temas vitales como el de la seguridad.

No sería extraño que, de llegar a la presidencia, Santos mantenga la estrategia frente al narcotráfico y las guerrillas, que él mismo contribuyó a diseñar, y que, a la vez, intente darle un giro más latinoamericano a su diplomacia, sin descartar gestiones encaminadas a descongelar las relaciones con Venezuela. Colombia y Venezuela, además de una frontera, comparten un mercado que debe ser protegido de los conflictos vecinales.

rafael.rojas@razon.com.mx

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