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EL PLACER de leer literatura lo reservo para la noche. Sólo ahí encuentro el silencio adecuado para escuchar el sonido de las palabras y el audio completo del cuento, el poema o la novela en cuestión. Todo importa, desde el zumbido de los insectos hasta la música descrita. En La efeba salvaje (Sexto Piso, 2017) la música es esencial, Carlos Velázquez deja caer las canciones cual diyei radiofónico para armar sus cuentos de humor eléctrico.

En La efeba salvaje Carlos Velázquez deja caer las canciones cual diyei radiofónico.

Seis cuentos y treinta canciones —en una playlist de Spotify—, libro que abre sus páginas de cantina con una patada de Los Pellejos: “Amo a los que se matan”. Unos son puro realismo absurdo, historias desternillantes sobre personajes y situaciones que suceden a diario. Muchacha nazi” —o “Nazi Girlfriend” de Iggy Pop—, sobre la relación de un coco futbolero y apostador con una rubia acaudalada, el soundtrack incluye “Never Let Me Down Again” de Depeche Mode, “Why Can’t I Be You” de The Cure y “Don’t You Want Me” de Human League. Pero también “Yo te amo, te amo” de Yuri, “Pobre secretaria” de Daniela Romo y “Te quiero tal como eres” de José José. La efeba salvaje” trata sobre la Barbie Moreno, la chica del clima trasplantada a deportes que inventa una conspiración para chingarse al jefe Gómez Yonque, con “Eminence Front” de The Who, “Empty Souls” de Manic Street Preachers y “Big Bang Baby” de Stone Temple Pilots.Stormtrooper”, acerca del Rober, un repartidor desempleado que vende una malteada milagrosa y sospecha que su mujer lo engaña con el vecino al ritmo épico de “Star Wars Main Title” de John Williams, “What It Takes” de Aerosmith y “Home Sweet Home” de Tommy Lee. Y This is not a love song —título de la canción de PIL—, sobre el adorable Tony Porcel, un adicto a la comida y al amor por quien pelean las mujeres mientras retumban “Brazilian Rhyme” de Earth, Wind and Fire y “Hungry Heart” de Bruce Springsteen.

Los otros dos son cuentos fantásticos, cuyo entramado psicológico se mete en la estructura y las relaciones de familia y de pareja. “Mundo Death” está escrito desde el interior de Aída, quien observa el impacto que tiene la muerte de un familiar directo en la vida sexual de su novio Alberto, quien percibe a la muerte como una sombra. La relación sexo-muerte es uno de los grandes misterios de la vida, responde a dos de nuestras pulsiones más potentes, como las canciones que la animan: “El Mundo Extraño” de Él Mató A Un Policía Motorizado, “A Girl Like You” de Edwyn Collins y “Hate It Here” de Wilco. “El resucitador de caballos” viene marcado con “L. A. Woman” y “Queen of the Highway” de los Doors, “Land (Part 1: Horses)” de Patti Smith y “A Horse With No Name” de America. Ed contrata los servicios del indio Mr. Mojo Risin para traer de vuelta a un equino del más allá. El autor nos saca del ambiente urbano y nos ubica en un pueblo imaginario, en un lugar y un tiempo imprecisos, su atmósfera de sincretismo vaquero sólo se rompe por una botella de Coca Cola. Termina como canción de country, el coro dice: “No lleves esa yegua a tu casa, Ed”. Velázquez nos queda a deber la druglist de La efeba, pero sigue renovando el cuento, labor iniciada en La Biblia Vaquera y La marrana negra de la literatura rosa. Creo que su mejor libro de cuentos está por venir.

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