La flexibilización del embargo y sus enemigos

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El gobierno de Barack Obama acaba de anunciar nuevas medidas para flexibilizar el embargo comercial que Estados Unidos aplica a Cuba desde hace 55 años.

Acorde a su estrategia de ir vaciando de contenidos el embargo, sin decretar su levantamiento total, el presidente busca conectar la apertura comercial y financiera hacia la isla con una eventual reforma del sistema político cubano que ofrezca mayor autonomía a la sociedad civil y garantías jurídicas a la oposición pacífica.

Las medidas permitirán que bancos de Estados Unidos financien o extiendan créditos para exportaciones en infraestructura, construcción, comunicaciones, transporte, prevención de desastres naturales, educación, salud y cultura. La agricultura quedó fuera de la oferta; pero, Estados Unidos es desde hace años el principal abastecedor de productos agrícolas, ganaderos, alimentarios y farmacéuticos a la Isla, que el gobierno cubano compra en efectivo.

En estos anuncios, los Departamentos del Comercio y el Tesoro siguen la línea trazada por la administración demócrata de favorecer el emergente sector no estatal de la nación caribeña. Esta vez, vuelve a reiterarse el interés de Washington en impulsar organizaciones no gubernamentales, comunidades y medios de comunicación autónomos que permitan a la sociedad civil de Cuba una mayor articulación. Ese flanco de la flexibilización del embargo, que molesta al gobierno cubano, es la mejor prueba de que estamos en presencia de una negociación bilateral.

Una negociación renegada e incómoda para los sectores inmovilistas del régimen castrista, como se refleja en las frías notas de prensa en Granma y Cubadebate, que consideran “insuficientes” las medidas de Obama. O, más claramente, en la batería panfletaria de editoriales y piezas de opinión en medios oficiales que vuelven a alertar contra la “injerencia” del imperialismo yanqui y a negar, contra toda evidencia, la transacción en curso.

Washington, dicen, debe eliminar el “bloqueo” sin esperar nada a cambio. Pero es que son el propio gobierno de Raúl Castro y su cancillería los que han ofrecido revisar “el modelo” y “corregir todo lo que haya que corregir” y “conversar sobre todos los temas”. Lo que han entablado Estados Unidos y Cuba es una negociación y en toda negociación se cede. Si el gobierno cubano hubiera querido que la apertura del sistema no formara parte del intercambio debió haber hecho reformas económicas y políticas mucho antes del restablecimiento de relaciones.

La negociación en curso, que como no ha concluido no debería juzgarse a la ligera, molesta también en los círculos tradicionales del exilio y la clase política cubano-americana. Allí se piensa que Obama da todo a cambio de nada porque es un cobarde o un ingenuo, según los menos intransigentes, o porque es “comunista” y “castrista”, según los más obtusos. El congresista Marco Rubio, candidato republicano a la presidencia, habló por ese sector cuando dijo que las medidas “empoderan al régimen con dinero caído del cielo”.

rafael.rojas@razon.com.mx

Rafael Rojas

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Historiador, internacionalista.
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