La hipótesis del estado pícaro

¿Qué gana Rusia al fabricar un misterio que, en el menor de los casos, presenta a Cuba como un país donde la vida de los diplomáticos de Estados Unidos es insegura? Los atentados serían tan inamistosos con Washington como con La Habana, aliada leal de Moscú.

  • Tamaño de fuente: A  A  A  A  

Cuando los corresponsales de The Guardian preguntaron al representante demócrata por Nueva York, Eliot Engel, qué opinaba sobre los misteriosos ataques a diplomáticos norteamericanos y canadienses en La Habana, no dudó en inclinarse por la tesis de un tercer gobierno. La frase que usó Engel fue “potential rogue actor, Russia perhaps”. No Corea del Norte o Irán, sino Rusia.

Si Shane y Remnick, el New Yorker, el New York Times y el Washington Post, están en lo cierto, los demócratas habrían sido víctimas de un ciberataque consistente por parte de Rusia a lo largo de todo el año 2016

Lógico que los demócratas piensen en Rusia, luego de tantas evidencias sobre la intervención de Moscú en las pasadas elecciones presidenciales, que desfavorecieron a Hillary Clinton. En una entrevista a la excandidata en The New Yorker, a propósito de su reciente libro What Happened (2017), David Remnick respalda a Scott Shane en la idea de que el intervencionismo ruso fue mucho más allá del hackeo de John Podesta y el Comité Nacional Demócrata e involucró a miles de blogs y cuentas de Twitter y Facebook, con falsas identidades norteamericanas, que se dedicaron a difamar a Clinton durante la campaña.

Si Shane y Remnick, el New Yorker, el New York Times y el Washington Post, están en lo cierto, los demócratas habrían sido víctimas de un ciberataque consistente por parte de Rusia a lo largo de todo el año 2016. La hipótesis de que el gobierno ruso habría atentado contra los diplomáticos de Estados Unidos en Cuba se inscribe en una percepción correcta sobre la hostilidad de Moscú hacia la política exterior de Barack Obama, que habría continuado Hillary Clinton de llegar a la Casa Blanca.

Donald Trump y Vladimir Putin durante la cumbre del G20, en Hamburgo, en julio pasado.
Foto: Especial

Una hostilidad que, como observamos aquí, reprodujeron los gobiernos y, sobre todo, los medios de comunicación de Cuba y Venezuela. En 2016, mientras Trump era visto como una amenaza en México y en la comunidad hispana de Estados Unidos, la prensa “bolivariana” atacó sistemáticamente a Hillary y hasta Nicolás Maduro hizo declaraciones favorables al magnate de Nueva York. Ese sesgo reflejaba, desde la geopolítica más rígida de la izquierda latinoamericana, la apuesta de Vladimir Putin, el Kremlin y sus medios globales por la candidatura de Trump.

La hipótesis del “estado pícaro”, en el caso de los ataques sónicos en La Habana, se reforzaría por el hecho de que públicamente el gobierno ruso siempre se mostró favorable al restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Detrás de aquella cortesía habría escondido un malestar, perceptible en Fidel Castro y el sector más inmovilista de la isla desde 2015, con la normalización diplomática y la deferencia con que Raúl Castro trató a Obama en Sudáfrica, Panamá y, finalmente, La Habana.

A pesar de estos antecedentes, la especulación sigue resultado inverosímil. ¿Por qué Rusia querría atentar contra diplomáticos del gobierno de Trump, en La Habana, si en el fondo había una corriente de simpatía con la administración republicana en el Kremlin? ¿Qué gana Rusia al fabricar un misterio que, en el menor de los casos, presenta a Cuba como un país donde la vida de los diplomáticos de Estados Unidos es insegura? Los atentados serían tan inamistosos con Washington como con La Habana, aliada leal de Moscú.

La hipótesis del “estado pícaro”, en el caso de los ataques sónicos en La Habana, se reforzaría por el hecho de que públicamente el gobierno ruso siempre se mostró favorable al restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba

En el caso muy improbable de que la tesis sea válida, el margen de respuesta del gobierno de la isla es nulo. Si apareciera alguna prueba que pudiera implicar a agentes rusos, el gobierno cubano tendría que presentarse como víctima de Moscú. Lo cual implicaría romper con una potencia por la que Cuba profesa una adhesión sin fisuras. Cuando se trata de Rusia, de Corea del Norte o de Irán, el gobierno cubano no admite la menor crítica a nivel doméstico o internacional. Mucho menos lo hará ahora, para salvar su precaria relación con Estados Unidos.

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
Rafael Rojas

Latest posts by Rafael Rojas (see all)

Compartir