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En París, 1991. Foto: Especial

Muchas de las mejores páginas de José María Pérez Gay descansan en el nervio ensayístico de los párrafos que solía anteponer a sus traducciones de autores alemanes, como Elias Canetti, y con los cuales se empezaron a familiarizar las comunidades letradas del México de los novecientos setenta y ochenta. Vivía entonces Juan García Ponce, otro conocedor profundo de la expresión literaria alemana, salvo que la voz de Pérez Gay provenía de las mudanzas provocadas por la vida universitaria y de un mundo de círculos de estudio y seminarios tan remotos como el que hasta 1971 había presidido el malogrado Peter Szondi. En cambio, Tu nombre en el silencio, la segunda y última novela de Pérez Gay, publicada en el año 2000, está resuelta en un registro prosístico muy distinto.

La novela da inicio así. A finales de marzo de 1990, un coloquio titulado “Los ochenta, la década perdida para América Latina” lleva a Ernesto Cardona al corazón de Berlín. Se trata de la ciudad que proveyó los principales escenarios en la estricta formación universitaria y profesional de Cardona entre 1965 y 1972, misma a la que al regresar a México perdió de vista prácticamente. Al parecer él mismo ha olvidado hasta el rigor del invierno en esa ciudad. Sin embargo, volver a Berlín, reunir los lugares de la memoria en compañía de René Sparr, ex vecino en el dormitorio de estudiantes en la avenida Potsdamer Chausse, es para Cardona el punto de partida en la reconstrucción de su vida junto con otros dos becarios como él en la Universidad Libre de Berlín: Nuno Carneiro Abranches, brasileño, y Alonso Vélez Giraldo, colombiano. “A principios de 1990 habían tirado el Muro, los Estados socialistas se desintegraban, la Unión Soviética parecía eclipsarse poco a poco y, sin duda, la unificación alemana era inevitable”, se apunta por ahí. Unas quinientas páginas más adelante vuelve a aparecer el referido coloquio latinoamericanista sobre la década de los ochenta, lo que provee el cierre a la novela y a las evocaciones requeridas a Cardona por esta visita en el escenario del cementerio de St. Annen.

La difícil costumbre de estar lejos, para bien o para mal, nada más la escuché —lo que entenderá con facilidad quien alguna vez haya estado tan familiarizado con un autor que siente oírlo en su escritura. Tu nombre en el silencio, en cambio, la leí sin identificar una sola inflexión conocida y aún ahora creo que se trata de la mejor prosa de José María Pérez Gay.

Tu nombre en el silencio se debe a su amarga raíz insomne, al delgado aire que anima el avance de sus páginas, vive en la asfixia de una evocación en la que infinidad de partes reclaman un espacio propio, concreto, irrenunciable, casi único. Y su trama —como sucede con el mundo de uno de los profesores de Cardona en la Universidad Libre de Berlín— es un territorio extraño donde el hombre es un extranjero permanente que hay que descifrar línea a línea. De ahí el amplio arco de la visión de esta novela, su intacta novedad.

Foto: Especial

El origen, sentido y catástrofe de las disensiones políticas y culturales que hace cincuenta años marcaron la historia de Occidente y que, de nuevo, para bien o para mal, se convino en asociar únicamente al llamado Mayo Francés, tienen uno de los relatos más pertinentes y densos en las páginas de Tu nombre en el silencio. Sin embargo, el testimonio de la experiencia de Cardona, Abranches y Vélez en la Universidad Libre de Berlín va más allá que esto último al engarzarse con la integración de un detallado inventario de las pérdidas en la historia del corto siglo XX. Así que gracias al arco de la imaginación histórica de Pérez Gay y a las sombras conjuradas para el elenco de la novela —como la de la doctora alemana Ida Paveling, por ejemplo—, su trama transita de la visión de las trincheras como purificación catártica en la llamada Gran Guerra hasta las manifestaciones de protesta del grupo Acción Subversiva al inicio de la década de los sesenta
—protagonizadas por Rudi Dutschke y la escuela marxista de la Universidad Libre de Berlín—, hasta concluir en la desintegración de los Estados socialistas y el eclipse de la Unión Soviética en los años noventa. El paulatino derrumbe del futuro en Occidente ocurre ante la mirada atónita de los tres becarios latinoamericanos, no obstante lo cual los primeros en registrar la irreversibilidad del acontecimiento como en sublevarse ante la evidencia son Abranches y Vélez, mientras que a Cardona corresponde deambular entre los escombros de las revoluciones del expresionismo alemán, la supremacía nacionalista de la década de los treinta, el Holocausto judío organizado desde los campos de concentración del nacionalsocialismo, la amnesia programada de los sobrevivientes o bien incluso entre
los extraños estertores de la Internacional Situacionista, la posvanguardia y la responsabilidad individual. “Te vas a pasar la vida interpretando el mundo”, advierte Vélez a Cardona, a lo que añade que “el mundo no es una fábula, ni mucho menos una narración”.

A contracorriente de esta afirmación de Vélez, una de las claves de Tu nombre en el silencio descansa tanto en la perspectiva de una lectura hacia atrás del siglo como en la obligación del regreso, en el corazón mismo del tiempo presente, a los impredecibles sentidos originales de los acontecimientos. Tal es el hallazgo de Cardona en su viaje de vuelta a Berlín, el cual concluye en su repentina inmersión en el subsuelo tocado de una portentosa nostalgia de futuro. C

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