Recuerdo el día en que nuestra humanidad se quedó enjaulada, cuando la política fue más importante que la inocencia de un niño, lo recuerdo pues yo fui uno de los que fui arrancado de los brazos de su padre y dejado de lado sin que importara cuanto llorara, Sí, a mis cinco años sabía que había algo raro pues papá siempre me pedía que no saliera a jugar, que no me vieran y él, caminaba dos horas antes del amanecer para pedir trabajo en una de las plantaciones en las que si por alguna razón llegaba tarde, no había lugar y ese día, sus tripas gruñían pues la poca comida que teníamos, era yo quien la comía. No puedo decir que fuera una buena vida pero, tampoco era tan mala, a pesar de que vivíamos en un cuchitril, era más seguro dormir ahí que del pueblo donde vivíamos, eso me decían, la verdad es que no tengo muchos recuerdos de esa época, no obstante, la añoranza de papá al hablar de su pueblo y el coraje en su voz al haber tenido que dejarlo pues lo que antes eran cultivos de maíz ahora eran de coca y él no quiso que lo amenazaran para cultivar algo que freía el cerebro. Así que vendió lo poco que tenía, tomó de la mano a mamá y ella me cargo en brazos para iniciar una travesía de la que tampoco recuerdo mucho aunque me contaron que lloré desde que salí hasta que llegué. Irónicamente, nuestra travesía siguió la misma ruta por donde transportaban la droga pues lo que nos hacía matarnos de un lado era para que lo consumieran los del otro.

Aprendí a leer gracias a que la señora donde mi mamá limpiaba y que era una maestra retirada que no tenía hijos y mientras má trabajaba, ella jugaba conmigo y me consentía como nunca habían podido hacerlo mis papás. De hecho, la güerita le pidió a má que me llevara más seguido, luego me explicó papá que era porque se había encariñado conmigo y a diferencia de ellos, ella podía pasarse todo el día sin nada que hacer así que, yo la mantenía entretenida y haciéndola sentir útil. Fue maravilloso, la casa era una inmensidad pero las galletas y la leche que siempre me tenía para desayunar Miss Morane era la gloria en toda su extensión. Esa quizá fue la mejor época, Miss Morane terminó contratando a papá como jardinero, a mamá de tiempo completo y nos puso en un cuarto casi el doble de grande del que hasta ese día, fue nuestro hogar. Mis papás empezaron a ganar mejor pues ya no tenían gastos de renta y Miss Morane les compraba comida para que no fuera a quedarme desnutrido. Papá dividía en dos el excedente, la mitad para mis estudios, la otra mitad, para mandárselo a abuelita y por dura que se presentara la situación, el dinero de la “escuela” era intocable.

Miss Morane habló con el director de la escuela donde había dado clase toda una vida, donde aún estaba su foto en sitial de honor como la ganadora de la mejor maestra estatal por cuatro años consecutivos. Si no hubiera sido por ella, jamás hubiera entrado a la escuela pero, gracias a ella, empecé las clases y aunque todavía tenía un poco de acento, había aprendido a leer y escribir en inglés, el haber tenido una maestra “particular” de alto nivel, me dejaba por encima de la mayoría de mis compañeros de clase y nadie, nunca, me hizo sentir menos, apestado, mojado o… ilegal.

Cuando mamá se embarazó todo cambió, el país no estaba en su mas tolerante momento, el país de la libertad no lo era más, mamá no pudo ir al hospital pues era inmigrante y eso, en ese momento, era peor que ser ladrón o asesino y… lo siento, no quiero hablar de eso, perder a mamá fue muy duro para todos pero, para papá, fue peor.

Un año después, en el aniversario luctuoso de má, nos detuvieron porque les parecimos “sospechosos” aún me pregunto que tendría de sospechoso un hombre con un niño de la mano y no obstante, esa fue la justificación. Papá hacía mucho había metido su solicitud de residencia aunque sabía de la imposibilidad de tenerla en esta administración así que para todo efecto legal, papá seguía fuera de la ley, no importaba que fuera de esa circunstancia, siempre la hubiera cumplido, que la hubieran roto con él aprovechándose del hecho de no tener “papeles”, de que lo hicieran trabajar días completos y luego le escupieran diciéndole que no le pagarían, que hubiera tenido que esconderse, y mal comer a pesar de haber cosechado toneladas de frutas y verduras, claro, había gente increíblemente generosa y buena como Miss Morane que había sido nuestro ángel pero, también había demonios sueltos.

No tiene caso tratar de explicarlo pero ver a papá, un hombre trabajador, íntegro, honesto, bueno en todo sentido, detenido como si fuera el peor de los delincuentes me rompió el alma pero su mirada de amor al verme, sonreírme y decirme que me vería luego en casa de Miss Morane, me calmó. Papá no sabía que yo también sería detenido, que sería encerrado en una jaula junto con otros niños en un supuesto “ambiente controlado” pero que nos tenían arrumbados como perros, quizá por eso le llamaban así… la perrera.

A esa edad puedo no haber entendido mucho excepto que me habían arrancado de mi todo… de papá. Quizá suponían que era un procedimiento estándar, que voy a saber, quizá esperaban que solo fuera un trámite. Tal vez no pensaron en que en las noches hasta el más duro de nosotros hipaba sollozante por la falta de nuestros padres, que no éramos objetos, que no éramos números, que no habíamos hecho nada, que nosotros seguíamos a nuestros padres porque eso hacemos los hijos, los seguimos y nos protegemos de todos nuestros miedos en sus brazos. No los teníamos, no había nadie que nos mitigara ese terror, que nos consolara, que nos permitiera descansar el rostro en su regazo mientras acariciando nuestra cabeza nos dijera que todo estaría bien. No, simplemente nos enjaularon y se justificaron.

Nunca más vi a papá, nadie supo decirme que pasó con él, la persona más importante de mi vida, fue borrada por el más absurdo de los argumentos, por una xenófoba política de discriminación en el que nuestra condición de seres humanos era menos importante que un maldito papel que acreditara una nacionalidad de un país que, en una ironía diabólica, fue fundado por inmigrantes.

Recuerdo el día en que nuestra humanidad se quedó enjaulada, cuando la política fue más importante que la inocencia de un niño, cuando perdí… todo.

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