La más desastrosa de nuestras historias…

La violencia política generalizada pone en riesgo la democracia en México, justo ahora, en la elección más importante en la historia moderna de nuestro país, que también resulta ser la más violenta.

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La semana pasada, mientras muchos veíamos la transmisión del segundo debate presidencial, la lista roja del proceso electoral sumaba una víctima más; esta vez un empleado precisamente del árbitro electoral, Jorge Nájera García.

El capacitador del Instituto Nacional Electoral en Guerrero desempeñaba su labor en Chilapa —municipio señalado como “de alto riesgo”— hasta que fue asesinado de cuatro balazos en el barrio de El Socorrido.

Suena terrible decirlo, pero estoy segura de que el hecho ya sorprendió a pocos, luego de que éste ha sido ,desde su arranque, el proceso electoral más sangriento en la historia política de México.

Tan sólo en Guerrero 24 funcionarios públicos han sido asesinados y hay tres desaparecidos. El Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de ese estado, reportó hasta el 15 de mayo la renuncia de 190 candidatos, 153 para alcaldías y 37 para diputados locales.

Hay espacios que permanecen vacíos, como el distrito 17 en Ciudad Altamirano, luego de la ejecución el pasado 8 de mayo de Abel Montúfar Mendoza, alcalde con licencia de Coyuca de Catalán y candidato del PRI a diputado local.

La ola de violencia se ha extendido también a estados que solían ser más destacados por sus atracciones turísticas que por los balazos, como Guanajuato, donde José Remedios Aguirre Sánchez, excandidato de Morena a la alcaldía de Apaseo el Alto, fue asesinado durante un evento público, y después fue ligado, por la propia Fiscalía del estado, a un grupo de huachicoleros.

Allá mismo, en Apaseo el Alto, Víctor Manuel Rico Escamilla, candidato independiente a la alcaldía, apareció sano y salvo luego de dos días de haber sido reportado como desaparecido. Hasta hoy no ha querido dar a conocer los motivos de su ausencia.

El más reciente informe de Etellekt, empresa de consultoría especializada en análisis de riesgos y políticas públicas, reveló que hasta el 8 de mayo se registraron en todo el país 305 agresiones directas e indirectas contra actores políticos, su familia o colaboradores. 93 de éstas agresiones terminaron con la vida de las víctimas.

Periodistas exigen cese de violencia el pasado 22 de mayo, en Guerrero

En Veracruz se tienen contabilizados 10 asesinatos; en el Estado de México, nueve; Puebla, ocho; Michoacán, seis; Jalisco, cuatro; Chihuahua, Oaxaca e Hidalgo, tres cada uno.

Se han reportado agresiones en al menos 167 municipios de 29 estados. En resumen, 19 entidades han registrado el homicidio de al menos una persona relacionada con las campañas electorales.

Los motivos van de los dos lados de la moneda, figuras relacionadas de algún modo con el crimen organizado o aspirantes honestos que no convienen a los intereses de grupos delincuenciales acostumbrados a mandar, coludidos con una autoridad corrupta.

El 4 de abril pasado la Secretaría de Gobernación y el Instituto Nacional Electoral presentaron un protocolo de protección para los candidatos presidenciales, pero las alarmas no se encienden sólo sobre esas figuras, sino en las aspiraciones locales que están particularmente vulneradas, sin filtros de seguridad ni “protocolos” para enfrentar a organizaciones delictivas que gobiernan territorios donde su poder les alcanzó para imponer candidatos.

La probabilidad de que la violencia disminuya en lo que queda del camino rumbo al próximo 1 de julio, según el pronóstico de Etellekt, es sólo del 40% en cuanto a asesinatos y agresiones contra políticos y militantes de partidos.

La violencia política generalizada pone en riesgo la democracia en México, justo ahora, en la elección más importante en la historia moderna de nuestro país, que también resulta ser la más violenta.

Al parecer la delincuencia juega sus cartas desde adentro del proceso, con candidatos que tienen incluso procesos de investigación abiertos, en particulares casos al cobijo de líderes políticos que hacen oídos sordos y ojos ciegos, o son cómplices silenciosos, entre mensajes de “amnistía, amor y paz”, hasta para el crimen organizado.

A 35 días de la elección pareciera que ésta ya está decidida, para que gane “ya sabes quién”, que es el que en realidad va a darnos “El México que merecemos”, porque es el que habremos votado.

Porque la corrupción —y con razón— nos ha enojado tanto, pero cegado tanto, hasta orillarnos al límite de aceptar la ignorancia como discurso y la improvisación como estrategia. Aunque “el que se enoja pierde”, dice el dicho…

De ser así, a ver cómo nos va con el cambio en el que “juntos haremos historia”. Ojalá no resulte la más desastrosa que hallamos contado…

Mónica Garza

Periodista.

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