La noche de Ricardo Anaya

SOBRE LA MARCHA

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En septiembre de 2017 los dirigentes de PAN, PRD y Movimiento Ciudadano formalizaron ante el INE el nacimiento del Frente Ciudadano por México. Anunciaron también la vigencia de su alianza, 31 de diciembre de 2024.

En septiembre de 2014 Ricardo Anaya brillaba al convertirse, gracias a Gustavo Madero, en presidente nacional del PAN. Desde esa posición, Anaya comenzó la edificación de un proyecto secreto y personal, ser candidato del PAN a la Presidencia en 2018.

Anaya se destacó como diputado federal, se ganó el mote de chico maravilla. Temprano traicionó a Madero, lo relegó no sólo de la coordinación parlamentaria pactada, sino de todo reflector. Su partido, tras las estocadas de los casos Ayotzinapa y Casa Blanca al gobierno de Peña Nieto, se posicionó como natural y sólido aspirante para otra alternancia sexenal. Olfato y circunstancia le favorecían.

Por delante del joven dirigente había panistas con derecho de prelación política, Rafael Moreno Valle, Santiago Creel, Josefina Vázquez Mota, Javier Corral, Margarita Zavala, Ernesto Cordero y su tocayo Ruffo, hombres y mujeres curtidos en campañas y gobierno.

De todos y cada uno se fue encargando Anaya. Los huesos más duros de roer fueron Margarita y Moreno Valle.

Rafael Moreno Valle es mejor político que Anaya. Vislumbró la fuerza de López Obrador, la debilidad del Presidente Peña y de cualquiera de sus posibles tapados, negoció una senaduría y para Martha Erika Alonso suceder a Tony Gali (su delfín). Ahora puede encabezar la toma del partido y construir de nuevo su candidatura presidencial para 2024. Ganó al cederle turno al impaciente. 

Margarita Zavala es historia fresca. A ella le negó una y otra vez un método equitativo para definir la candidatura; mintió reiteradamente en que su prioridad era el partido; se apañó millones de spots; alcanzó a la excandidata independiente en nivel de conocimiento nacional; usó la presidencia partidista para hacer campaña y no compartió anuncios con nadie. El joven maravilla se ganó otro mote, gandalla canalla. Zavala, arrinconada, renunció a su militancia y, vencida, a la candidatura.

Sometidos al queretano, el CEN y los gobernadores azules. Anaya armó junto con Dante Delgado y Alejandra Barrales un frente a su medida. Para él sería la candidatura presidencial, para la perredista, la chilanga y para el dueño de MC, Jalisco, Veracruz y protagonismo en su gabinete.

El saldo de la alianza PAN, PRD y MC se conoce. El PRD le aportó nada en lo nacional, el PAN lo mismo en la elección capitalina y MC se fue solo para ganar con Enrique Alfaro en Jalisco, hoy es el nuevo hombre fuerte del partido naranja y la cancioncita pegajosa.

La noche azul llega para Anaya con la votación más baja que cualquier candidato panista en tiempos democráticos ha obtenido, ni a Vázquez Mota, que le fue pésimo ante Peña y AMLO, le fue tan mal como a Ricardo Anaya.

El excandidato arrastra una larga estela de cuentas pendientes que le serán reclamadas más pronto que tarde. La PGR no ha cerrado el caso de los terrenos y naves industriales que los hermanos Barreiro vendieron y compraron a Anaya dejándole ganancias con aroma a gas.

El escándalo salpicó a su familia política y expuso su patrimonio creciente de la mano con la ascendencia política local del yerno incómodo. Desde Querétaro viene más información para el expediente judicial en su contra. En la recta final de su campaña, Anaya amenazó con la cárcel a Peña Nieto, hoy las rejas se le perfilan más a él.

Volver al PAN es lo inmediato para escudarse. Damián Zepeda fue lo que Anaya nunca para Gustavo Madero, encargado del partido, perdió igual en Sonora. La burbuja del queretano se desinfla.

Gobernadores azules piden refundar al desdibujado partido, consecuencia de la ambición sectaria. Otros quieren refundir al fallido candidato y otros, verlo lejos y olvidarlo pronto.

La noche presagia oscuridad para quien se imaginó estrella del firmamento. Mala campaña, mala maña, estrategia fallida por una alianza que cambia su vigencia al 1 de diciembre del presente año.

Carlos Urdiales

Carlos Urdiales

Chilango desde 1964, comunicólogo con aspiraciones periodísticas. Formado en la radio informativa, madurado en la televisión y feliz en la prensa impresa. Disfruto el reto de las redes sociales y los nuevos formatos multiplataforma. Nada me deja de asombrar, nada doy por sentado. La compleja realidad, simplifica la vocación que no claudica. Gracias siempre por leer.
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