Madrid. España. Jordi Teixidor (Valencia, 1941), ha estado vinculado a diversos movimientos, desde el grupo del Museo de Cuenca hasta el movimiento racionalista, pasando por la Nueva Generación madrileña. Su trabajo siempre localiza la pintura en un primer plano, conjugando la abstracción con la importancia del color y ciertas referencias figurativas. En el 2002 fue reconocido como Académico Electo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ha expuesto de forma individual en la Galería The Clocktower de Nueva York en 1980, en la Galería Tosan- Tosan de Nueva York en 1986, en la Galería Mincher-Wilcox de San Francisco en 1989, en el Museo de Arte de la Universidad Estatal de Arizona en Tempe, en 1997, en el Museo Universitario Contemporáneo de Arte-UNAM de México en 1996, en el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona en 2001 y en el Centro Cultural “ Casa del Cordón” de Burgos en 2002, Galería Antonio Machón, Madrid, España, 2004, “Pintura”. NF Galería. Madrid , “Pintura”; Galería Altxerri, San Sebastián, 2014; “Plano y línea“.Galería Adora Calvo. Salamanca ; “Abrir la noche”, Michael Dunev Art Projects. Tortilla de Montgrí, España, 2015, entre otras. En 2014 recibió el Premio Nacional de Artes Pláticas en España.

¿Considera que la pintura es un acto en sí misma?

– La pintura en sí no es un hecho, sino una manera de pensar, incluso yo diría más…éticamente, incluso de comportarse, y, en la medida en que la relación pintura – comportamiento está constantemente en la cuerda floja por todas las situaciones sociales que se viven, yo creo que eso nos hace tambalearnos a veces. Mientras que hay algunos – no sé si por fortuna o no- saben perfectamente separar de uno de lo otro. Para mí no es separable en absoluto.

En ese comportamiento del que habla, la vida personal tiene un lugar clave, ¿cree que ambas posturas se guían?

– Mi comportamiento de persona implica una determinada pintura, y al revés, me imagino. Y eso es algo que con el tiempo se va viendo, a medida de que te vas haciendo un poco más viejo, y se te va dando cierta serenidad individual y estética.

¿En qué sentido afirma que el desarrollo delante del siglo XXI se sostiene de una “cuerda floja?

– En el sentido de que hoy en día la crítica, o el sentido crítico que tenemos sobre algunas obras de arte o comportamientos del siglo XX, es mucho más severo que en el momento de su aparición, y no me refiero a momentos esporádicos, sino a algunas actitudes que hoy no seríamos capaces de aceptar, y que con aquella marca de la vanguardia fuimos capaces de entender o admitir, aunque fuera más tarde la fecha de su aparición. Creo que en España hemos sido poco rigurosos con todo aquello que salía y sele de nuestro país, no sé si en América pase lo mismo, o sea, ya, una enfermedad mundial.

Su posición crítica parecería excesiva y al mismo tiempo realista; ¿de veras cree que todo lo que los jóvenes hacen está mal?

– Lo que pasa es que a medida que va pasando el tiempo – al menos yo así lo veo- nos movemos en nuestro terreno, que es el arte, donde, digamos, todo es una gran mentira. Cada día menos cosas te convencen, y te crees menos cosas, pero eso no quiere decir que uno llegue a perder la fe, sino que sólo cree aquello en lo que vale la pena creer. Pienso que en la educación infantil hay una serie de tabúes, de fantasmas, que a medida que uno se va haciendo joven, y luego de adulto y maduro, van siendo superados culturalmente, intelectualmente. En el arte eso nos ha pasado poco. Esa especie de revisionismo es al que yo antes estaba aludiendo.

¿Considera entonces que lo “moderno” no existe o se utiliza en otros sentidos para referirse a la pintura?

– Hay que ver qué crítica se hace del marxismo. Pero el problema no estará tanto, como lo estaba, en el arte, en el hecho de que fuera moderno de verdad. Porque ña palabra “moderno” se ha estropeado mucho, pero siempre ha sido una palabra necesaria y que la historia ha tenido que utilizar. Pero hoy día se ha deteriorado mucho la palabra “moderno”. Bien, pues, del mismo modo que veremos cómo abordamos esa modernidad, también veremos cómo analizamos el marxismo y quiénes serán los responsables de la momentánea, no sabemos si dudará, caída de del marxismo.

¿Cree que todo es un ciclo que comienza y desaparece para beneficio de la cultura misma?

– Más que cíclico, es casi biológico, y no implica casi nada. Aunque como dices todo está lleno de estos ciclos, y lo interesante (esa palabra un poco pedante a veces) son las relecturas que nosotros tengamos que hacer de esos momentos cíclicos. Esto lo podemos enlazar con el espíritu de la época y de la imitación, aunque la imitación no es un problema que me preocupe. ¿Quién, a estas alturas, no ha escrito un poema que no esté escrito o ha hecho un sonido musical que no esté ya hecho? Pero nos salva que no somos los mismos, que es otro momento, otra época, y otra manera más inteligente de ver que antes; porque lo que sí hay que tener es ilusión y esperanza en que somos más listos que antes, históricamente hablando. Quiero decir, sabemos más. Y eso es importante con respecto al progreso de lo que entendemos por arte, y por eso el arte sigue funcionando, porque la relectura, y las posibilidades de lectura, son infinitas. Y el pintor que una vez ha sido leído y comprendido, ese pintor ya no existe, ya no vive para la historia, ni para los demás.

Cuando participó en los grupos vanguardistas de España, como Nueva Generación, ¿qué buscaban dentro de sus tendencias artísticas?

– Con respecto a los jóvenes de ahora, nosotros tuvimos que aprender a ser modernos. Porque no nacimos modernos, ni vivíamos la modernidad. No olvides que en España nacimos bajo una dictadura, cosa que otros no padecieron; más que un avance, eso fue para muchos un retroceso.

La evolución de cada artista es distinta, múltiple; las propuestas son otras, se buscan otras vanguardias, ¿considera todo este proceso un término técnico, simplemente?

– Si seguimos manteniendo el término “vanguardia” como algo técnico hoy en día no tiene razón de ser la vanguardia. La vanguardia es la punta de lanza que lucha contra una determinada actitud de la sociedad. Por eso aquellas actitudes que generaban disconformidad en la sociedad, aquellos críticos o aquellas galerías que apoyaban estas actitudes, están hoy desapareciendo. Tal vez uno de los problemas de nuestro mundo de relación comercial es que las galerías empiezan a dejar de ser los mostradores, las vitrinas de aquel descaro vanguardista. Creo que lo que desaparece de la vanguardia es el concepto de ruptura…

Entonces, usted piensa que el futuro inmediato del arte puede venir de un subjetivismo muy radical y controvertido.

– Creo que sí. Pienso que va a haber dos tipos de actitudes. La actitud pública, en que el artista se manifestará de una manera muy pública, muy llamativa, y utilizará precisamente ese aspecto público para que su arte pueda ser generado, y el otro artista, el que manejando también mecanismos de difusión como pueden ser museos o instituciones, tendrá una actitud más reservada. De hecho, creo que se está dando ya algo de esto. Hay artistas que están constantemente en la palestra y que su preocupación es el marketing de su propia obra. 

El arte es un fenómeno espiritual en todos sus conjuntos, ¿cree que si esto se olvida, el arte muere?

– Yo así lo creo. Y su necesidad u su comportamiento respecto a la sociedad hace que esto se tome muy en serio. No me interesa nada el lado circense. Existe un arte circense, un arte de espectáculo que, bien, estoy de acuerdo en que exista, pero a mí no me interesa, y lo evito. Por eso, cuando antes me preguntabas sobre las vanguardias a esto quería llegar. El arte, si es algo, es buscar una respuesta sin pensar que la vas a encontrar. Las respuestas que las de la ciencia, no el gran arte.