La poesía no completa de Wislawa Szymborska

LAS CLAVES

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Las palabras se miraron a los ojos y zanjaron buscar a una hembra para el brindis: caminaron por senderos de dudosa sombra, trotaron por el polvo de llanuras inhóspitas, escalaron cerros de violento polvo, navegaron ríos  en ascuas, deletrearon abecedarios de vocablos enemigos, volaron por cielos de nubes sin cadencias. Transitaban en prosa y marchaban en medida de rimas arriesgadas: qué hacer —se preguntaban— con tanto furor que quiere ser llovizna/ con tanta distancia que se anula estremecida/ con tanta cifra en el itinerario/ con tanto ardor en la estela/ con tan poca fortuna y  tantísimo deseo de sueño en los párpados.

Había un cántico y  un acento, una tonada, un cántico antiguo y  un salmo y  un dolor y   una rabia; y había una demanda y un corcel blanco y  un cuerpo y un bosque y una presencia; y había un país en la planicie donde gemían animales en la nevada. Palabras y hojas. Palabras y sucesos. Palabras y peces. Palabras y tumbas. Palabras para dormir al retumbo y escribir las palabras de las conjunciones: Cómo suena Cracovia en la enunciación / Palabras que anochecen en la noche de las palabras. Una nación de voces que se perdían por decreto. Las palabras se miraron a los ojos y pactaron entregar su incienso a Wislawa Szymborska para que los zaguanes de su patria no perdieran los códigos y los verbos.

Poesía no completa
Autora: Wislawa Szymborska
Género: Poesía
Editorial: Fondo de Cultura Económica

Poesía no completa, de Wislawa Szymborska (Polonia, 1923 – 2012): desagüe de ironías en lo más hondos rincones de un aliento dueño del aroma y los ardores. “Antes nos sabíamos el mundo al azar: / era tan pequeño que cabía en un apretón de manos…”, escribe la ganadora del Premio Nobel de Literatura 1996 con asombrosa naturalidad y apego a los olores del pasado frente a un presente de convulsiones crueles. Si en Llamando al Yeti (1957) la cavilación filosófica y moral es un acicate para distanciarse de una poesía canónica (“Dios puede revivir, si quiere/ historias antiguas. / Por eso me oculto entre mantas, /congelada de miedo.”), es en La sal (1962) y, sobre todo, en Gente en el puente (1986) donde Szymborska despliega su potencial de alegorías: lo espiritual humano en reclusión de miedo se devela en disecciones que recurren a rezos desnudos y coloquiales; extenuaciones de un discurso que apela al humor alejándose de una retórica hueca, versos de consistencia mordaz: “Soy yo Casandra./ Y esta es mi ciudad bajo las cenizas./ Y éste  es mi bastón y ésta mis cintas de profeta./ Y ésta es mi cabeza llena de dudas.”

Rilke se agazapa en algunas inflexiones: contrastar saqueo y dicha en la orilla del espejo traspasando las fronteras del desasosiego con los ropones íntimos del lenguaje: “En una orilla la muerte; en la otra la vida. / Aquí la desesperación, allá la esperanza.” Gradación cifrada en las sorpresas y humedecida por una llovizna de piadosa especulación cristiana: “Milagro común/ es que sucedan  muchos milagros comunes.”  / El poema nace en el río de Heráclito (“el pez construye un pez”): las voces se acumulan para un convite de azarosa lluvia. Wislawa Szymborska glosa esa pesadumbre metafísica que definió al siglo XX. No olvidar que cuando pronunciamos “la palabra futuro, / la primera sílaba pertenece ya al pasado.”   

 

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró es columnista fundador de La Razón. Ha publicado la novela La Orfandad del Esplendor y el libro de textos periodísticos Un Sintagma por Aquí, un Estribillo por Allá. Profesor universitario y conferencista de música y literatura en varias instituciones culturales de México. Sus textos han aparecido en publicaciones de España, Cuba, Puerto Rico y México. Publica en este diario semanalmente las columnas de reseñas y comentarios de discos y libros, El Convite y Las Claves.
Carlos Olivares Baró

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