La próxima generación de sicarios

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Desde 2008 en Chihuahua han quedado huérfanos alrededor de ocho mil niños y niñas, principalmente en Ciudad Júarez, cuyos padres han sido abatidos por las balas de sicarios y pistoleros, que en su mayoría pertenecen a pandillas y que han
desatado desde entonces una guerra de exterminio para apoderarse de la franja fronteriza del norte de México y Estados Unidos.

El pandillerismo juvenil tiene orígenes muy claros. Se alimenta de jóvenes con carencias afectivas, que no estudian ni trabajan, donde casi 70% viene de hogares encabezados por mujeres solas que buscan el sustento dejando a sus hijos sin opción de cuidado, esparcimiento y educación.

En Juárez operan unas mil 500 pandillas. Las dos principales son Los Aztecas y Los Artistas Asesinos. Pero según el gobierno de Estados Unidos las ocho principales pandillas que actúan en Juárez tienen unos 17 mil integrantes. Tanto Los Aztecas, ligados al cártel de Juárez y la Línea, como Los Artistas Asesinos, asociados con el cártel de Sinaloa y sus sicarios de Gente Nueva, son pandillas que nacieron en la cárcel de El Paso, fueron creciendo en los barrios marginales de esa ciudad fronteriza y desde allí se asentaron, con enorme fuerza, en Ciudad Juárez.

Éstos son los jóvenes que se están matando entre sí, y lo seguirán haciendo. Quién sabe si esta generación de pandilleros pueda salvarse socialmente, pero lo fundamental es trabajar sobre los mucho más jóvenes. La mayoría de los actuales pandilleros creció en la calle, sufriendo abusos y sin padres que los apoyara, educara, supervisara.

Hace casi 30 años el sistema económico de Juárez cambió con la instalación de las maquiladoras. Mano de obra en su mayoría de mujeres que se incorporaron al mundo laboral sin derechos ni apoyos, muchas de ellas madres solteras o abandonadas por sus parejas que partieron hacia el norte. Y los niños quedaron sin protección.

No se vislumbró que estos niños buscaran una forma de cobijo y de identificación en las pandillas, que a su vez han sido captadas por el crimen organizado, se están matando entre sí y esos jóvenes pandilleros están dejando muchos pequeños huérfanos.

Pandilleros quieren sentirse importantes aunque sea únicamente por un lapso de tres años, que es su tiempo esperado de vida, desde que ingresan a estos grupos para ser la mano de obra barata de los cárteles de la droga y su remuneración es de poco más de 500 pesos a la semana.
Los mismos pandilleros tienen un dicho: “más vale tres años de rey, que toda una vida de güey”.

Hay que pensar en la siguiente generación, sobre todo en los miles de niños que han quedado huérfanos. El gobierno del estado de Chihuahua ha implementado un programa para apoyar a algunos de estos pequeños, pero si no se atiende a todos, si no se va más allá, en ellos tendremos la nueva generación de mano de obra barata del crimen organizado.

bibibelsasso@hotmail.com

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