La recaptura y los 43

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Más allá del espíritu de complotismo como forma de vida, con notoria presencia con la recaptura de Joaquín Guzmán Loera, han surgido comentarios y críticas sobre por qué tanto ahínco en este caso y por qué no se actúa igual en otros.

La referencia directa es la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. La pregunta es por qué si el gobierno ha echado a andar con acierto toda su maquinaria para recapturar a El Chapo, por qué razón no ha puesto el mismo esfuerzo en el caso Iguala, el cual es una afrenta al país.

Existen diferencias de fondo y forma; sin embargo, no es casual la referencia, sobre todo cuando la investigación original de la PGR está en crisis. Este proceso ha pasado por irregularidades y desatenciones imputables a las autoridades.

¿Cuál es la enseñanza con la recaptura de Guzmán Loera?
Independientemente de lo que provocó la fuga, hecho de atención en medio de la euforia, es que cuando el gobierno se propone en serio algo llega hasta sus últimas consecuencias y alcanza sus objetivos.

¿Por qué no desarrollar estrategias que permitan saber dónde se encuentran los normalistas y dejar atrás la “verdad histórica”? ¿Por qué no poner el mismo esfuerzo y la misma coordinación para de una vez por todas saber lo que pasó la noche del 26 de septiembre y con ello dejar tranquilos, si esto es posible, a los padres de familia y a la sociedad?

¿Es tan difícil hacerlo? ¿Por qué no abocarse a ello si el gobierno tiene los medios, como se demostró con la recaptura de El Chapo en la que enfrentó una situación límite y ante la cual actuó con convicción, inteligencia y sensibilidad hasta lograr su objetivo?

No se trata de actitudes maniqueas, no se trata tampoco de escatimar el acierto de la captura, el cual forma parte de una obligación del Estado. Lo que se exige al gobierno es que actúe con convicción y resuelva la desaparición de los 43 normalistas de la misma forma en que lo ha hecho en el caso El Chapo, el cual puso en juego todos los elementos a su alcance.

Hacerlo es en más de algún sentido reconciliar el país, más allá de los beneficios que conlleve una acción que al final es una obligación para cualquier gobierno. Lo de El Chapo da para pensar que hay asuntos que están a la mano del gobierno. La efectividad y la paciencia en la recaptura dan para imaginar eso y más.

 RESQUICIOS. Así nos lo dijeron ayer:

La épica no tiene límites. La personalidad de Guzmán termina por ser seductora. Fueron las mujeres, la familia y su tierra los que permitieron su recaptura: Elmer Mendoza, escritor.

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Javier Solórzano Zinser
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