La Stonemanía en México

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La maquinaria de la stonemanía se ha mantenido imparable en los últimos diez años. Entre las giras Bigger Bang (2006) y Olé (2016) se han lanzado tres biografías: Vida de Keith Richards (2010); Memorias de un Rolling Stone de Ron Wood (2007); Keith Richards. A Rock n’ Roll Life de Bill Milkowski (2012) y la exhaustiva y titánica Mick Jagger de Philip Norman (2013). Además de Stone Me. The Wit and Wisdom of Keith Richards, extractos de la filosofía de la vida del guitarrista compilados por Mark Blake (2009); el libro infantil Gus and Me de Keith Richards, con ilustraciones de Theodora Richards (2014); y I Was Keith Richards’ Drug Dealer de Tony Sánchez (2011). Por mencionar sólo algunos títulos que cada cierto tiempo se suman a la extensa bibliografía sobre la banda. En el campo musical lanzaron las reediciones de lujo de Some Girls, Exile on Main Street y Sticky Fingers; Grrr! (una compilación que celebraba sus cincuenta años de carrera); el tercer disco de Keith Richards, Crosseyed Heart (2015); el documental Keith Richards: Under the Influence en Netflix (2015); y más de diez conciertos en video en distintas etapas de su carrera. Sin mencionar las toneladas de merchandising que se producen a diario sobre la banda de la lengua. En resumen: los Stones no permiten que el público los olvide. Y sin sacar un disco de canciones inéditas en once años son capaces de mantenerse vigentes y de emprender una gira mundial.

Cuando se anunció la gira Olé, la noticia fue recibida con locura, los Stones salían a la carretera (es un decir) en diez años, pero también con cierta desazón. En primer lugar desconcertaba el título de la misma. Olé es una expresión de raigambre española. Lo que evidenciaba, al menos para un sector, el profundo desconocimiento que tienen los Stones sobre Latinoamérica. Incomprensible, porque durante los setentas los Rolling habían pasado temporadas en Perú y porque no era la primera vez que giraban por el continente. Un pecadillo que no para todos pasó desapercibido. En segundo, desazón porque las giras se realizan para promocionar un nuevo disco. Presentar al público las canciones en vivo. Pero cuando no es ese el motivo, se tiene la sensación de que se trata de una vulgar recaudación de dinero. Por supuesto que el fan lo que desea escuchar son los éxitos de la banda. Pero detrás de estas dos incomodidades existe una verdad lapidaria: los Stones frisan los setenta años. Quizá sea su última gira. Esto se ha repetido contantemente a lo largo de su vida. Nunca se sabe cuándo resultará verdadero. Entonces, es la oportunidad para atestiguar por última vez a la considerada por muchos mejor banda de rock de la historia. Es probable que los Stones no puedan esperar a grabar un nuevo álbum para saltar al escenario.

En México, una tercera incordia se sumó cuando los boletos salieron a la venta. El precio. El más caro costaba diez mil pesos. Pero no es ningún secreto que sus Satánicas Ancianidades han cambiado la simpatía por el diablo por la simpatía por el dinero desde hace tiempo. Sin embargo, el disgusto no hizo mella en la taquilla. La primera fecha en nuestro país fue sold out. Una multitudinaria compra de pánico. Más de cincuenta mil histéricos fans hicieron pacto con el diablo para agotar el boletaje. Era ahora o nunca. La última oportunidad para observar a unas auténticas leyendas. Aunque los Stones no parecen tener la intención de unirse a la oleada de rockeros que han fallecido en los últimos tres años (parece una plaga), suena improbable una próxima gira. Si la lógica que ha impulsado las últimas dos funcionara en una siguiente, todo apunta a que se realizaría cuando el promedio de edad Stone rondara los ochenta años. Algo en definitiva difícil. Pero no imposible. Con los Stones nunca se sabe. Pero nadie se imagina un concierto con unos Rolling sentados sobre el escenario.

UNA INYECCIÓN
DE ADRENALINA

La stonemanía hizo estragos en Latinoamérica. En Argentina un fan se quedó a dormir afuera del recinto para ser el primero en entrar al concierto. La noticia de la presentación en Cuba aguó la fiesta en México. El escenario monstruo que se empleó en Argentina y Chile sería montado en Cuba mientras que en nuestro país se utilizaría el escenario “pequeño”. Pero el 14 de marzo todas las reticencias quedaron a un lado. “We sold our souls for rock n’ roll”, diría Black Sabbath. A las siete de la tarde el Foro Sol lucía a la mitad de su capacidad. Era lunes. Y la avalancha de godínez se produciría hacia las ocho treinta. Aunque el clima promovido era de ambiente familiar, el público estaba conformado en su mayoría por la tercera edad. La ruqiza acudió a mostrarle sus respetos a las Piedras. Pero la atmósfera que reinaba estaba lejos de ser tranquila. En general se repartían empujones sin miramientos. La onda era agarrar el mejor lugar posible para observar a los ídolos. Y sí, Mick Jagger pesa 67 kilos, entrena seis días a la semana kickboxing, corre 13 kilómetros diarios y la cintura le mide 70 centímetros a los 72 años. Pero lo que más admiración causa es su público. Las ruquitas que a los mismos setentas, con juanetes, callos, espolones, várices y un catálogo de achaques estuvieron dos horas esperando a que los Stones aparecieran.

A las nueve en punto, con el Foro hasta el full, se apagaron las luces y en las pantallas apareció una sucesión de imágenes. Luchadores, autos, instrumentos y los Stones mismos. De un extremo de lo alto del escenario salieron como un escupitajo irónico una probadita de fuegos artificiales. Que anunciaban el inicio del concierto. “Start Me Up” fue una inyección de adrenalina para las miles de extremidades que se pasaron dos horas entumidas y engarrotadas aguardando. Sería una injusticia decir que los Stones son un grupo en la plenitud de sus facultades. Desde los primeros segundos de la canción se hizo evidente que
Jagger está cantando mejor que nunca. Y que por primera vez en mucho tiempo la personalidad de su voz opacó a su persona. Y al igual que en 2006 se dedicó a recorrer el escenario de punta a punta. Lo haría durante todo el concierto. Pero en el arranque fue ante todo una demostración de músculo. Vocal y físico. Lo que nos hace saborearnos descabelladamente una actuación de igual magnitud a los ochenta y tantos. Era evidente que la banda estaba en serio entusiasmada por tocar en México. Lucían entregados. Parecía que no venían de realizar otras presentaciones. Y aunque el playlist era casi idéntico (una sucesión de hits) al de otras fechas, sonaba como si no hubieran tocado esas canciones en mucho tiempo.

DECLARACIÓN
DE PRINCIPIOS

“It’s Only Rock n Roll” fue un recordatorio de lo que siempre ha sido el espíritu Stone, de la razón por la cual varias generaciones estaban congregadas en el Foro Sol. La declaración de principios que eclipsó toda la mercadotecnia que existe alrededor del grupo. Jagger cantó con un carácter que no demostró en la gira anterior. Parecía que en lugar de cantar se precipitara hacia un tsunami. Se plantaba con fuerza sobre el escenario con los brazos extendidos hacia abajo y mirando al frente. El poderío del rock. “Tumbling Dice” fue el primer gran momento emotivo del concierto. La única canción del Exile On Main Street que se interpretó. En las pantallas aparecieron unos dados animados en colores psicodélicos que danzaban. La nostalgia incendió el Foro. La fiesta Stone en pleno. No fueron pocas las lágrimas que se vertieron entre la audiencia. Era la canción que había hecho que valiera la pena la espera de diez años.

El repertorio sólo incluía una canción posterior a la década del ochenta. En México se albergaba la esperanza secreta de que tocaran “Love is Strong”. En Argentina se había tocado “Anybody Seen my Baby?”. Pero la elegida fue “Out of Control” de Bridges to Babylon. Pese a no ser un hit stoniano no desmereció en lo absoluto. La intensidad nunca baja cuando Jagger está en el escenario. Sólo hay un par de momentos de tranquilidad. Cuando toca la balada. Y cuando Richards canta dos rolas en lo que Jagger respira. La siguiente fue la elegida por el público a través de las redes sociales: “Street Fighting Man”. No podría ser otra la ganadora. Es el soundtrack definitivo del DF. Esa canción es la representación perfecta de lo que para muchos significa habitar la Ciudad de México.

“Wild Horses” congeló a Mick en el centro del escenario. Es momento
de ponernos románticos, dijo antes de comenzar la canción. A varios se les hizo chiquito el corazón. Hacía apenas unos meses que había salido a la venta la
edición de aniversario de Sticky Fingers, por lo que se pensó que presumiblemente durante la gira se tocarían más rolas de este álbum, pero
nada más sonarían ésta y “Brown Sugar” en nuestro país. El Foro se volvió a alebrestar con “Paint it Black”. Sin duda la canción más coreada de la noche. Literalmente el recinto se cimbró mientras Jagger corría de un lado a otro del enorme “pequeño” escenario. “Honky Tonk Woman” fue la primera canción del Let it Bleed, el que al final aportaría más al repertorio. También fue la encargada de poner el toque cuasi country a la velada. No faltaron los chistes. En español Jagger se burló de Sean Penn por el affaire Chapo y Kate del Castillo. Para irse a descansar y dejar solos a los Stones restantes.
“You Got the Silver”, la que canta
Richards en Let it Bleed, fue interpretada por él y Ron Wood en un dúo de guitarras acústicas. Pero por muy inspirados que sean los Stones sin Jagger, apenas se larga lo extrañas. Y es que a Jagger no se le pueden quitar los ojos de encima. Después siguió el turno a “Before they Make me Run”, la que canta Richards en Some Girls. No importa que Richards sea el espíritu de los Stones. Este es el momento de Jagger. Como en ninguna otra gira. Es paradójico. Ron Wood, Richards y Charlie Watts suenan genial sin Jagger. Pero es evidente que sin Mick no sería lo mismo. Por su parte Jagger transmite la seguridad de que no necesita a la banda. Pero en sus incursiones solistas no ha conseguido destacar. Tras este lapso el cantante regresa al escenario para “Midnight Rambler”. Y entonces se cae el recinto.

EN EL ORIGEN
FUE EL BLUES

Si hasta el momento Jagger había demostrado una condición física y musical insuperable, en “Midnight Rambler” se supera a sí mismo. Cosa que parecía imposible. A los pocos segundos de que inicie la canción comienza a tocar la armónica y el blues se apodera de la noche. Ahí radica el verdadero secreto de los Stones. El auténtico pacto con el diablo. Lo dice Chuck Klosterman en Fargo Rock City:

Pero también hay un segundo motivo para la eterna juventud de los Stones, que es el que nos lleva a la teoría de David Giffelds. Cualquier musicólogo pop les dirá que los Rolling se labraron un hueco en la historia del rock por su adopción del blues. Incluso si todos los Stones hubieran muerto en 1973, seguirían siendo importantes en un aspecto sonoro. Son el epítome de la banda británica de blues blanco; Cream, Led Zep y los primeros Fleetwood Mac llevaron el concepto más allá; pero los Stones fueron la fuente. Conectaron a Howlin’ Wolf con Bill Haley y Jagger restregó esa combinación contra la entrepierna del mundo occidental. Puede que fuese un gran espectáculo, pero lo más importante siempre fue el blues. Si los despojas de todo lo demás, los Rolling Stones son simples músicos de blues […]. En otras palabras, los Stones viven de tocar blues. En consecuencia, pueden envejecer y seguir siendo relevantes.

Pero sí existe un ingrediente más. La forma en la que bailó Jagger en “Midnight Rambler” no se comparaba a nada en la noche. Y a muy pocas cosas dentro del mundo del rock. He acudido a cientos de conciertos y en ninguno se despliega la energía que Jagger derrocha en esta canción. Una rola de 1969 pero que suena tan actual. Por las mismas razones que menciona Klosterman. Varios minutos Jagger se sacudió en el escenario a una velocidad nada atribuible a su edad. Además de la soltura asusta el dominio que exhibe sobre su cuerpo. No se está zangoloteando simplemente, baila como sólo lo hacen los grandes: como lo hizo Elvis. Y entonces vino el momento estelar de la noche. Jagger camina por la pasarela con Richards detrás. Y en un punto se detienen. Y Jagger se agachó un poco. Y por detrás Richards luce como su escudero. Y esa es la razón por la cual los Stones son indestructibles. Porque Mick y Richards son la pareja más sólida del rock & roll. Y se saben indestructibles. Y esta pose, uno detrás del otro, en franca posición de manada es lo que los eleva por encima de otras parejas del rock. Más grandes que Page-Plant, Daltrey-Townshend y por supuesto de Lennon y McCartney. Los Stones son la locura.

“Miss You” metió al Foro entero a la pista de baile. Se extrañaban canciones. En silencio se esperaban “Emotional Rescue”, “Beast of Burden” y tantas otras, pero la gente no conseguía dejar de bailar. “Miss You” fue un estallido que sacó al Foro del trance blues y de “Midnight Ramble”. La gente despertó y movió el cuerpo sin tregua. No se sabe cómo han soportado las estoicas viejecitas que continúan en sus lugares. Y que no se van a marchar hasta el final. Hasta darlo todo. Como los Stones mismos que no estaban dando un concierto complaciente, pese a interpretar éxitos. Es la número doce. Una canción del Some Girls. De 1978. Que no pertenece a
la estirpe de “Paint it Black”, de “She’s
a Rainbow”, pero que igual disparó a las viejitas hacia la epilepsia. Y no sé qué ocurría en otras secciones del Foro Sol. Pero estaba rodeado de viejecitas por todos lados.

CHISPAS
EN EL ESCENARIO

Los acordes de “Gimme Shelter” me recordaron a Los infiltrados de Martin Scorsese. No puedo escuchar esta canción sin pensar en la película. Es otro momento Jagger. La corista recorrió toda la pasarela y se situó en el extremo. Mick la alcanzó y se desarrolló otro de los highlights del concierto. Mick y la corista se enredaron en un duelo de voces y una danza alrededor uno de otro. Y sí, Jagger no es negro. Pero le faltó el respeto con la voz a su corista. Quien alcanza unos tonos más elevados. La madurez en la voz de Jagger la desbancó. Es la cumbre de lo que había ocurrido todo la noche. La voz de Jagger es un instrumento más en los Stones. Y la discusión en la pasarela es electrizante. Y eriza la piel. Para saltar a otro cañonazo: “Jumping Jack Flash”.

Saltaron otra vez chipas por encima del escenario. Todo el Foro Sol saltó. Y Jagger volvió a desplazarse por el escenario. Y pienso que si yo corriera todo lo que él ha corrido esta noche me daría un infarto. Es la canción que eligió Hunter S. Thompson para musicalizar la versión cinematográfica de Miedo y asco en Las Vegas. El clásico stoniano por excelencia después de “Satisfaction”. Se echaban de menos un montón de canciones pero al parecer no faltaba ninguna. Porque la siguiente fue “Sympathy for the Devil”. El Foro Sol se contoneó malignamente mientras en las pantallas aparecieron unos efectos con la estética del Dr. Lakra. En el fondo sospechábamos que nos acercábamos al final. Pero Jagger lucía enterísimo. Al concluir la canción otro chisguete de fuegos artificiales salió disparado.

Tocó el turno a “Brown Sugar”, para bajar el ritmo, pero sólo un poco, porque la audiencia no paraba. El blues había tomado la ciudad. Todas aquellas viejecitas congregadas con seguridad no habían probado la heroína. Y quizá no sabían que la canción hacía referencia a una droga. Pero eran capaces de sentir el influjo del blues. Y se dejaron llevar. Incansables como el mismo Mick. Y aunque entre el público había muchos jóvenes, aquellas viejitas viajaban sin nietos. Decididas a como dice Klosterman “adorar a Jagger” porque es el único que queda. Sí, el único de una estirpe de bluseros blancos que cambiaron el rumbo de la música. El último y el más grande. Que ha desafiado todas las leyes. Las bandas de rock no son para perdurar. Lograr que una banda envejezca como lo han hecho los Stones es punk puro y duro. La canción se acabó y los Stones desaparecieron del escenario. Las luces se apagaron y comenzó la gritadera, la chifladera, que no duró lo suficiente. Para su encore la banda mandó a un emisario.

UNA LECCIÓN
DE ROCK & ROLL

Una luz azul iluminó a un coro de adolescentes. Que gospeleban los versos de “You Can’t Always Get What You Want” como en la versión original. El coro completo trepado en el escenario. Algo totalmente inesperado y muy emotivo. El 14 de marzo se esperaba cualquier cosa de los Stones. Menos que sorprendieran con un acto tan bello como ése. El Foro entero se estremeció y parecía que el tiempo se había detenido. Era imposible reconocer si estábamos en 1969 o en 2016. Los Stones nos habían dado una lección de rock & roll. Literalmente se estaban arrancando un pedazo de piel, lo estaban dejando ahí en el escenario. Entonces poco importó si saben que Olé no forma parte de las expresiones latinoamericanas, si se trataba del escenario pequeño. Lo único que importaba era la música. Y uno no siempre puede conseguir lo que quiere en la vida pero a veces oír a los Stones en vivo basta. Fue un enorme regalo de parte de la banda. Y las críticas alrededor del grupo se olvidaron. Si eran los nuevos abanderados de la libertad de expresión, etcétera. La música lo borró todo.

Sonó “Satisfaction” y la calma y el hipnotismo que había instaurado el coro se evaporaron. El descontrol regresó. Mick no acusaba ningún síntoma de cansancio. Ni en la voz ni en el cuerpo. Como si el concierto apenas comenzara. Su arrugada piel lo mantenía en pie. No le dolía nada. A diferencia de las viejitas, que seguro llegando a sus casas se bañaron en árnica, pero que no se rajaron en el Foro. “Satisfaction” llegó a su fin y la banda completa se abrazó e hicieron una reverencia al frente. Luego sólo los cuatro Stones abrazados la repitieron. El escenario se oscureció y varios minutos de fuegos artificiales fueron la coda de una noche inolvidable. Con esas luces los Stones le ponían fin a un concierto memorable. Y como ha ocurrido en el pasado: los Stones no defraudan. Asusta el nivel de profesionalismo, historia de drogas incluida. Las luces del Foro no se encendían. Varios minutos la gente no se movió de sus lugares. Hasta que sonó música por los altavoces y se prendieron las luminarias. Entonces fue obvio que no regresarían para un segundo encore.

Las hordas de rollingas nos dirigimos a la salida con la satisfacción de haber constatado que los Stones nunca nos van a fallar. Como banda de rock son más grandes que los Beatles. No se van a separar ni muertos. Pero la edad, más que nunca, ha comenzado a marcar un reloj en cuenta regresiva.
¿Seguirán activos los Stones otra década? ¿Volverán a México? ¿Tendremos que esperar diez años para saberlo? Ojalá sea menos.


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