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Oskar Kokoschka: Retrato de Karl Kraus. Óleo, 1925. Foto: Especial

KARL KRAUS

TRADUCCIÓN

JOSÉ MARÍA PÉREZ GAY

 

El erotismo es a la sexualidad lo que la ganancia a la pérdida.

       

Amar, ser engañado, sentir celos —he aquí tres escalones que cualquiera conoce. El otro camino es más difícil: sentir celos, ser engañado y amar.

       

El nacionalismo es el amor que me une a los imbéciles de este país: los que insultan mis costumbres, los que destruyen mi lenguaje.

       

Algunos conservan su madurez prematura hasta llegar a la vejez.

       

No temo a la violencia, sino a la debilidad.

       

En el principio era el plagio.

La alcoba matrimonial es el espacio donde conviven la estupidez y el martirio.

       

Muchas cosas que no gustan en la mesa, son un condimento en la cama —y al revés. Los errores más lamentables vienen de no saber distinguir la mesa de la cama.

       

La  mujer toma a uno por todos; el hombre, a todas por una.

       

Yo no me meto en mis asuntos privados —no me importan.

       

Me alimento de escrúpulos que yo mismo condimento.

       

El diagnóstico es una de las enfermedades más extendidas.

No estoy a favor de las mujeres, sino contra los hombres.

       

En Viena los ceros se ponen antes que el uno.

       

En el lenguaje del erotismo también hay metáforas. Los analfabetas les llaman pasiones, porque odian la poesía.

       

La impotencia, suplicando humildad, paraliza todo trabajo.

       

La sátira que entiende el censor, explicablemente se prohíbe.

       

Los psicólogos son los magos del vacío y los simuladores de la profundidad.

       

Nada más horrible que mi Yo en el espejo de la histeria.

       

Nada más cruel que mi estilo en las manos de los otros.

       

Sólo quien hace de la solución un enigma es un escritor.

       

“Si hubiéramos reconocido los derechos del cuerpo de la mujer, si hubiéramos cancelado su esclavitud genital, las mujeres nunca habrían llegado a la ridícula idea de disfrazarse de hombres, para valer (así) más como mujeres.”

       

El bibliómano tiene la misma relación con la literatura que el filatelista con la geografía.

       

El verdadero celoso no quiere sólo la fidelidad, sino la prueba fechaciente de su posibilidad. Al celoso no le basta la fidelidad de su amada. Y precisamente eso es la causa de su ansiedad. Y como no existe una prueba permanente, y porque insiste en tenerla, acaba satisfaciéndose con la prueba de la infidelidad.

       

En el amor, el verdadero señor es quien le cede primero la entrada a los otros.

       

La vida es un esfuerzo digno de mejor causa.

       

Quien ahora exagera es sospechoso de decir la verdad; quien inventa, de estar bien informado.

       

Los ciegos no quieren aceptar que tengo ojos, y los sordos dicen que soy mudo.

       

¿Tengo yo la culpa de que las alucinaciones vivan y tengan un nombre y se sientan responsables?

       

Los celos son ladridos de perros que atraen a los ladrones.

       

Una mentira piadosa se perdona a veces. Pero el que dice la verdad siempre, no tiene perdón.

       

Mis lectores creen que yo escribo para el día, porque escribo desde el día. Así las cosas, debo esperar hasta que mis manuscritos hayan envejecido lo suficiente. Entonces, sólo entonces alcanzarán actualidad.

       

Foto: Especial

       

El aforismo no empalma con la verdad; o es media verdad o verdad y media.

       

En caso de duda, hay que decidirse por la verdad.

En el principio era el ejemplar para las reseñas. Y alguien lo recibió de parte de
un editor. Luego, escribió una larga reseña; poco después, un libro. El editor lo publicó mandando algunos ejemplares para reseñas. Y el próximo que lo recibió hizo lo mismo… Y así nace la literatura moderna.

       

Heine es un Moisés que golpea con una varita las rocas de la lengua alemana. Pero la prisa no es magia, el agua no salió brotando de las rocas. Nuestro Moisés tenía en la otra mano un frasco de Agua de Colonia.

       

Paternoster es el nombre de un elevador. Y Belem es un lugar en Estados Unidos de América donde se encuentra la fábrica de municiones más grande del mundo.

       

De ustedes, Oh Dioses, son los mercachifles.

       

Una amplísima cultura se parece a una buena botica; no hay seguridad alguna, uno piensa curarse de un catarro y toma arsénico.

       

Sobre Hitler no se me ocurre nada.

       

En el trabajo literario encuentro placer y el placer se me convierte en trabajo. Para gozar el libro de otro escritor, debo criticarlo primero, es decir, convertir la lectura en trabajo. Por eso me será siempre más fácil escribir un libro que leerlo.

       

Si uno lee sus ensayos mitológico-políticos, se aprende a odiar a la cultura más de lo necesario.

       

Sólo el lenguaje que tiene cáncer es capaz de nuevas transformaciones.

       

¿Por qué escribe aquél? Porque no tiene las agallas suficientes para no escribir.

       

El periodista se siente estimulado por el plazo impostergable; cuando tiene tiempo, escribe peor.

       

Política social: la decisión desesperada de lanzarse a operar de los callos a un enfermo de cáncer.

Si las mujeres que se maquillan son inferiores, entonces los hombres que tienen imaginación son unos imbéciles.

       

Responsabilidad moral es eso que le falta a un hombre, cuando lo exige de una mujer.

       

En el amor se trata de parecer menos imbécil… de lo que a uno lo han hecho.

       

Un mendigo fue sentenciado por haberse sentado en una banca, y quedarse mirando tristemente. En esta sociedad, son igualmente sospechosos el hombre que mira triste y la mujer que vive alegremente. De algún modo, se prefiere siempre al mendigo. Porque las putas son las falsas inválidas, las que sacan ganancia de los defectos corporales de la belleza.

       

Oskar Kokoschka: Retrato de Karl Kraus. Óleo, 1925. Foto: Especial

       

Era tan celoso que llegó a sentir el sufrimiento del hombre al que engañaban; y se le fue encima a la mujer.

       

Los remordimientos de conciencia son los impulsos sádicos del cristianismo.

       

Si hubiéramos reconocido los derechos del cuerpo de la mujer, si hubiéramos cancelado su esclavitud genital, las mujeres nunca habrían llegado a la ridícula idea de disfrazarse de hombres, para valer (así) más como mujeres.

       

Desde hace siglos hemos sellado con sangre los derechos de las mujeres. Ahora es tiempo de admitir el libre ejercicio de sus derechos.

       

El superhombre es un ideal prematuro: supone al hombre.

       

Por gratitud se entiende a menudo la disposición de continuar embarrando de linimento al generoso, todo porque una vez tuvimos piojos.

       

Toda prostitución moral se basa en el principio de la monogamia.

       

No se ha definido exactamente el lugar del padrote en la sociedad burguesa: él es la escoria; aprecia allí donde otros desprecian; brinda protección donde otros persiguen. El padrote puede sacrificarse por convicción. Pero cuando demanda sacrificios, se somete al orden social imperante, el cual no perdona la prostitución femenina, pero sí la completa corrupción masculina.

       

No todo el que recibe dinero de una mujer debe figurarse ser un gran padrote.

       

No hay criatura más infeliz en este mundo que el fetichista: suspira ante las pantaletas de una muchacha, y tiene que darse por satisfecho con toda una mujer.

       

El psicoanálisis convierte a los hombres en lo que son —polvo.

       

Los hijos de los psicoanalistas se marchitan desde muy temprano. Primero deben aceptar que sienten placer cuando cagan; luego, años más tarde, tienen que asociar todo lo que se les ocurre cuando —al regreso de la escuela— han visto a un caballo cagando. Y se puede hablar de buena suerte si —ya adolescentes— no deben describir cómo han soñado que violaban a su madre.

       

Meten la mano en nuestros sueños, como si fuera nuestro bolsillo.

       

Los moralistas se indignan todavía de que el valor de una mujer determine su precio. Entre tanto, el precio determina su valor, y esto no lo entenderán nunca.

       

El erotismo no puede separarse ya de la sociología, así como tampoco de la economía. De algún modo, el amor está siempre en relación con el dinero. Está siempre allí, y es igual que uno lo dé o lo tome.

       

Quien pueda escribir aforismos, no debiera hacerse pedazos en los ensayos. C

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