La vuelta de los Clinton

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El triunfo de Hillary Clinton en los cinco estados que tuvieron elecciones primarias el pasado martes coloca a la candidata demócrata al pie de la nominación presidencial y en una posición aventajada en el camino a la Casa Blanca. El ascenso indetenible de Donald Trump, tras la derrota de Marco Rubio en Florida, parece asegurar su candidatura o, a lo sumo, una negociación del establisment del Partido Republicano con el magnate de Nueva York, que ha arrasado en las bases conservadoras.

En una eventual contienda entre Clinton y Trump, la primera lleva las de ganar y por mucho. Ambos son candidatos con problemas de credibilidad, pero por razones opuestas. Ella, por una larga exposición al escrutinio público como Primera Dama, senadora y secretaria de Estado. Él, por ser un empresario excéntrico y una celebridad mediática, que ha convertido la incorrección política en su principal arma de combate electoral.

En el golpeteo diario de los medios, previo a la elección de noviembre, Trump puede hacer daño a Clinton. Pero en el debate cara a cara y en la proposición de políticas concretas en temas domésticos e internacionales, Clinton debería superar a Trump. No sólo tiene en su favor la experiencia y la moderación que la mayoría del electorado prefiere, sino el legado de Barack Obama, cuya popularidad, a pesar de un descenso entre 2014 y 2015, puede quedar rondando en el 50% al final de su mandato.

La vuelta de los Clinton a la Casa Blanca, luego de dieciséis años, concede a los demócratas las mayores posibilidades de continuidad en sus políticas. Para 2020, ese partido podría haber gobernado Estados Unidos la mayor parte del tiempo desde el fin de la Guerra Fría. Con un leve desplazamiento hacia el centro y, a la vez, un cortejo inteligente del voto afroestadounidense e hispano, Hillary Clinton mantendrá las líneas maestras de la política social e internacional de Obama, que ella misma contribuyó a diseñar, aunque intentando recuperar el diálogo legislativo que se requiere para los acuerdos bipartidistas.

A pesar de que Clinton suscribe constantemente el liderazgo de Obama, no sería extraño que en el tramo final de su campaña marque distancias en relación con la política hacia Rusia o en el manejo de la guerra civil en Siria. Dado que Trump pondrá énfasis en el ataque de la actual administración, por su supuesta actitud débil o permisiva con potencias rivales de Washington, Clinton podría recuperar terreno levantando el tono del discurso antiterrorista.

En otras áreas prioritarias para la diplomacia de Estados Unidos, como América Latina, lo que veremos es más continuidad que ruptura. La ex secretaria de Estado reiterará el apoyo a las políticas de libre comercio, colaboración en la lucha contra el narcotráfico y entendimiento con la mayoría interamericana de la región, incluyendo a gobiernos de izquierda como los encabezados por Dilma Rousseff y Michelle Bachelet. La normalización diplomática con Cuba seguirá su avance, aunque otorgando, tal vez, mayor relevancia a la violación de derechos humanos en la Isla.

rafael.rojas@razon.com.mx

Rafael Rojas

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Historiador, internacionalista.
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