Las autoridades nuestras de cada día…

GENTE COMO UNO

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Cristina salió de su trabajo cerca de las 5 de la tarde, como cada viernes; esta vez con el apuro de llegar a una cita médica, por lo que pidió un Uber desde su oficina para llegar más rápido y sin “paradas”.

Minutos después de abordar, desde la parte trasera del coche, vivió la agresión que sufrió el conductor de su taxi —quien traía la ventanilla abajo cuando un hombre en motocicleta y con el casco puesto se aproximó y lo amenazó con un cuchillo—.

Forcejearon y el agresor se alejó del vehículo unos metros. Cristina pensó que habían librado el asalto, pero, en vez de avanzar, el conductor siguió gritándole al delincuente, que entonces encontró la manera de tomar a Cristina como su nueva víctima.

El miedo hizo que la joven cediera ante el asaltante, bajó el vidrio de la ventanilla y éste pudo arrebatarle la bolsa en la que llevaba un mundo de pistas que la identificaban.

Credencial para votar, tarjetas de pago de nómina, departamentales, medicamentos, su teléfono y con él cualquier posibilidad de comunicación para pedir ayuda.

En ese momento Cristina se convertía en un número más en la estadística que ha hecho del robo con violencia uno de los delitos que más han aumentado de 2017 a la fecha, según el reporte anual de Incidencia de delitos de alto impacto del Observatorio Ciudadano.

Las propias autoridades de la Ciudad de México reconocen que la sdelegaciones Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo —donde se encuentra Mazaryk, la tercera avenida más cara de América Latina—, hoy son las demarcaciones más peligrosas de la capital, donde la incidencia delictiva ha crecido más de 13% en 2018.

Después del asalto, cuando Cristina pasó del susto al enojo, decidió hacer lo que hacen sólo 7 de cada 10 mexicanos: denunciar. Según el Inegi, el 93.7% de los delitos cometidos en el país no se registra porque nadie los denuncia.

¿Por qué?… Porque muchos se preguntan “¿para qué?”.

La percepción negativa de la ciudadanía relacionada con las autoridades en 22% piensa que al ser víctimas de un delito del que no se presentan “pruebas” no serán atendidos con prontitud, y el 16% simplemente siente una profunda desconfianza en la autoridad.

22 por ciento de las víctimas creen que por no llevar pruebas no serán atendidos.

Cristina acudió a la agencia del Ministerio Público número 100, ubicada en la colonia Obrera. Llegó a las 8 de la noche y esperó… y esperó… y esperó… ¡¡10 horas!! Transcurrieron para ella como espectadora de una pasarela de delincuentes acusados de robo, homicidio, violación y narcomenudeo.

En el lugar, recuerda Cristina, “cuando se estaba haciendo de madrugada, el tipo de la recepción se fue a dormir a la parte de atrás y dejó sola la entrada”.

Cuando por fin la atendieron pasó de mirada en mirada, primero de dos agentes ministeriales cuya primera pregunta fue “¿por qué no tuvo más cuidado?”; luego de pedirle que especificara el “diálogo” que había tenido con el asaltante, llegó el segundo reproche: “¿cómo no se va a acordar exactamente de las groserías que dijo?”…

La cereza del pastel fue cuando los agentes concluyeron que “no sabían cómo clasificar el delito” porque sólo tienen para “taxis ordinarios” y por ser Uber no sabían si ubicarlo como “auto particular”…

El colmo es que en un principio tampoco querían clasificar el delito como robo con violencia porque “no había lesiones evidentes”. Parece broma, ¿verdad?, pero ésas son las autoridades nuestras de cada día, expertas en revictimizar a las víctimas.

El Índice de Impunidad Global México, elaborado por la Universidad de las Américas Puebla y el Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia, revela que el 99% por ciento de los delitos que se cometen en nuestro país no es castigado.

México ocupa el cuarto lugar del Índice Global de Impunidad, con 69.21 puntos, y el primer lugar de impunidad en el continente americano.

El caso de Cristina es un claro ejemplo. Han pasado seis semanas de su asalto, seis visitas más al ministerio público, cuatro actas con errores y no hay —ni habrá— avances en la investigación.

Esta semana tuve oportunidad de charlar unos minutos con el nuevo Secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Raymundo Collins, quien me dijo que una prioridad de su encargo era recuperar la confianza de la ciudadanía en las autoridades.

Yo quisiera creerle, pero ante la realidad y los números, no sé si reírme o llorar…

Mónica Garza

Periodista.

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