Las Claves

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Fin de semana de aguaceros imprevistos que me llevó a Sinfonía Fantástica, Op. 14 (Ensueños y pasiones, Un baile, Escena en el campo, Marcha al cadalso, Sueño de una noche de aquelarre), de Hector Berlioz (1803-1869). Pieza inspirada en Confesiones de un opiómano inglés, de Thomas de Quincey. Testimonio de un gran orquestador con claras influencias de Gluck, Weber y Beethoven. Berlioz fue un músico de marcada inspiración literaria (Virgilio, Goethe, Shakespeare, Cellini…). Gran momento del romanticismo galo. Episodios de la vida de un artista: amor no correspondido, recelos, zozobra; encuentro con la mujer deseada; sosiego, paz para el corazón acongojado del artista; sueño, fantasía, tránsito al patíbulo: el artista sueña que ha matado a su amada; demonios, brujas, intemperancia infernal.

“Música gráfica”, descriptiva o programática (evocación de imágenes extra-musicales por parte del oyente) sujeta a un argumento: “sinfonía autobiográfica”. Berlioz estuvo perdidamente enamorado de la actriz irlandesa Harriet Smithson: representa las tribulaciones de esa pasión no correspondida al principio (tres años después contrae matrimonio con ella), y de ahí nace esta obra maestra. Largo-Allegro agitado en los “ilusiones” iniciales; ValsAllegro non troppo en la “danza”;
Adagio en las escenas campestres; Allegro non troppo en la marcha al suplicio; y Largueto-Allegro-RondoDies irae en el sueño final. La mujer deseada como motivo melódico que conduce al artista por laberintos poblados de extrañas visiones.

Proemio lento (Ensueños) y mudanzas anímicas en el Allegro de Ensueños y pasiones: fijación de la forma y el tema básico: enamoramiento y delirio pasional. Continuación de un vals juguetón (scherzo) en contraste con la paz del tercer movimiento en adagio que evoca la brisa de los árboles de la viña (Escenas en el campo). Momento de esplendores: cuarto movimiento de enunciación estremecida, sombría, del clarinete al final: presagio de la fatalidad del amor. Remate entre carcajadas, murmullos extraños y lamentaciones en una suerte de orgía diabólica, y ceremonia luctuosa escoltada por unos tonos de parodia burlesca del Dies irae (día de la ira, del juicio final, última trompeta llamando a los muertos ante el trono divino). El artista asiste a sus propios funerales. Pocas veces una obra filarmónica ha terminado de manera tan frenética en la aparición de todas las ofuscaciones posibles: esplendores desde complejidad tímbrica extraordinaria.

La prosodia que alcanza Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara —batuta de Rafael Kubelik (grabación que atesoro en disco de vinilo desde 1982)— en el vals del segundo movimiento hace patente las preocupaciones de un conductor por transferir las autenticidades del delirante universo de Berlioz. Qué decir de ese final (sueño de una noche de Sabbat): sensualidad arrobada y vehementes progresiones rítmicas.

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró es columnista fundador de La Razón. Ha publicado la novela La Orfandad del Esplendor y el libro de textos periodísticos Un Sintagma por Aquí, un Estribillo por Allá. Profesor universitario y conferencista de música y literatura en varias instituciones culturales de México. Sus textos han aparecido en publicaciones de España, Cuba, Puerto Rico y México. Publica en este diario semanalmente las columnas de reseñas y comentarios de discos y libros, El Convite y Las Claves.
Carlos Olivares Baró

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