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Foto: Especial

Enrique Abraham Vélez Godoy (Ciudad de México, 1987) es uno de los directores concertadores más jóvenes de México. Realizó sus estudios de dirección orquestal en la Escuela Superior de Música, siendo el único en obtener el título profesional en dicha especialidad en la historia de esa institución. Este año no sólo cumple diez años de trayectoria junto con la Filarmónica de las Artes, que fundó junto con sus colegas, sino que tiene la fortuna de haber creado la única filarmónica independiente de nuestro país. Como instrumentista estudió con Pablo Gómez y dirección de orquesta con José Luis Bustillos, entre otros. Con una sólida trayectoria académica, Vélez Godoy decidió que lo que conocemos como música de concierto tenga un toque moderno y llevarla a los públicos masivos. En 2007 dirigió la primera producción al aire libre en México del ballet El Cascanueces, en el Monumento a la Revolución, con más de diez mil espectadores; en 2008 y 2009 conciertos de arias y coros de ópera masivos y funciones en el Teatro de las Artes rompiendo récords de asistencia. ¿Qué hace que una Filarmónica independiente pueda sostener grandes producciones? De esto habla el joven director.

 

“Los jóvenes se sienten identificados con la música que propone una orquesta también hecha por jóvenes

 

¿Cómo se construye una filarmónica independiente?

La Filarmónica de las Artes cumplió diez años ininterrumpidos. Empezó como un sueño, se nos ocurrió crearla cuando éramos estudiantes en la Escuela Superior de Música. En la escuela teníamos una orquesta muy básica, no se completaba y cuando se lograba reunir a todos, nos prestaban una sala y era un poco triste que había más personas en el escenario que en la sala. Tanto preparábamos y esperábamos para obtener ese resultado. A los estudiantes se nos ocurrió reunirnos y debutamos en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Al terminar nos mandaron llamar y pensamos que algo habíamos hecho mal, pero nos comenzaron a apoyar. Dimos el primer Cascanueces al aire libre con ballet y para nuestra sorpresa recibimos a diez mil personas por función. Fue el banderazo de que algo iba a funcionar. Al principio tuvimos apoyo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, aunque después ya no recibimos más apoyos. Desde un principio se tuvo la idea de llevar la música al público masivo, pues tuve la oportunidad de trabajar tanto del lado comercial como del área más académica. He trabajado con músicos populares como Mirtha Maldonado, Chava Flores y he dado conciertos de arias, óperas, etcétera, en el Centro de la ciudad, aunque actualmente trabajamos en el Centro Universitario Cultural (cabe aclarar que no es de la UNAM, está a un lado); se ha hecho una buena mancuerna entre la administración del sitio y la filarmónica. Esto no es magia, se trata de saber qué quiere escuchar el público. Si funciona es que estará bien hecho.

¿Qué es lo que el público quiere escuchar de una filarmónica?

Hay un concierto para todo público. No sé de alguien que diga que no le gusta la música. Hay a quien le gustan los conciertos clásicos, el rock, el metal, los tangos, etcétera. Revisando las tendencias de cada año es como decidimos hacer nuestra programación. El año pasado fue el Bicentenario de la Independencia Argentina y decidimos programar tangos, pensando en los argentinos que están en México, pero para mi sorpresa la mayoría de los asistentes fueron mexicanos de todas las edades. Pienso que los jóvenes se sienten identificados con la música que propone una orquesta también hecha por jóvenes, y abarcamos este tipo de repertorios. Ahí está el ejemplo de que eso funcionó. Lo mismo hemos hecho con Metallica, y funcionó muy bien. Muchos de los jóvenes que asistieron van a ver otros conciertos como El Cascanueces. Pero este año también hicimos, entre otras cosas, las sinfonías de Beethoven, queríamos tener un reto mayor como sinfónica. Todos los conciertos se  llenaron. Dimos alrededor de cuarenta funciones este año.

¿A qué edad empezó a ser director?

Todos empezamos a la misma edad. Me integré a la música desde muy pequeño, desde los nueve años, y todos en la agrupación tenemos entre 28 y 38 años. Esto no es ciencia. Se trata de constancia y de escuchar al público. Las orquestas no pasan de moda. Una sinfónica tiene mucho atractivo y aquí está la prueba. Funciona.

¿Qué es difícil en una filarmónica?

El reto y quizá lo más difícil es mantenerte. Más cuando eres la única agrupación en México que hace estas locuras. No tenemos ningún apoyo gubernamental ni privado.

¿Se ha enfrentado a las críticas con los músicos de lo que se conoce como música clásica?

Hemos tenido todo tipo de críticas, y son bienvenidas todas. Pero lo que a mí me importa es el público, y ahí están los resultados.

¿Cuánto cuesta mantener una filarmónica independiente, sin apoyos?

Mucho dinero. Cada vez los proyectos son más grandes. Acabamos de hacer la Ópera Payaso, de Ruggero Leoncavallo, como Dios manda: con coreografía, cuerpo de baile, coro, fue una gran producción. Hicimos tres funciones con teatro lleno y acabamos poniendo de nuestra bolsa. Éramos más de cien personas involucradas. Es muy caro. Pero hay filarmónica, y con otros proyectos menos complejos podemos darnos el lujo de pagar estos. Ahora vamos a poner El Cascanueces, de Tchaikovsky, con escenografía y bailarines de primer nivel, de la Academia Mexicana de la Danza, bailarines especializados en danza clásica. Nosotros llevamos a escena El Cascanueces en su forma original, completa, con el libreto de Marius Petipa, al cien por ciento, y al parecer nadie lo ha presentado así. Hay partes que no aborda la Compañía Nacional de Danza, por ejemplo. También realizaremos Las cuatro estaciones, que la hacemos de manera diferente. Al final, nuestra idea es formar una sinfomanía.

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