Las tribus electorales en el tiempo

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Por Antonio Saborit

“Se desmoronan los partidos políticos de Francia, excepción hecha del Frente Nacional,” observaba Simon Kuper en su columna del Financial Times apenas unas horas antes de la primera vuelta electoral. “Pero el singular conjunto de tribus electorales —la mayoría de extrema izquierda y de extrema derecha— aún continúa bien apuntalado”. Estas tribus fueron la clave del resultado de hace unas semanas. ¿Volverán a serlo mañana, en la segunda vuelta?

El siguiente ensayo de Robert Darnton, cuyo centro se ubica en el inusitado impacto del libro Historia mundial de Francia entre sus primeros lectores, invita a repasar la conformación de las tribus electorales francesas.

La más feliz de todas ellas, según el mismo Kuper, es la de los triunfadores urbanos, cuya élite vive apiñada en unos cuantos barrios parisinos o bien en Lyon, Niza y Burdeos. Después viene la tribu de la burguesía católica de provincias, sigue la de los socialistas tradicionales, después la de los votantes pro valores de izquierda, la de los supremacistas blancos, y por último la de los desengañados jóvenes pesimistas. Al parecer para ninguna de estas tribus pasó de largo la salida de esta novísima Historia mundial de Francia, coordinada por Patrick Boucheron.

Darnton escribe desde su dominio profundo de la historia de Francia —del cual dan cuenta títulos ineludibles, como La gran matanza de gatos o Poesía y policía: Una visita al nacimiento de la opinión pública— y desde sus conocimientos sobre la historia del libro y la lectura. Es factible que las más enconadas lecturas del inusitado best seller que ha sido Historia mundial de Francia provinieran de las tribus del Frente Nacional, esto es, de franceses convencidos de que su país siempre llevará las de perder al aventurarse en aguas internacionales y que por lo tanto se muestran mucho más proclives al aislacionismo bajo un discurso nacionalista. En ellas forman filas multitud de hombres muy adversos al islam y más que representados en la policía, el ejército y las fuerzas de seguridad, como apunta Kuper, así como miles de jóvenes para quienes la política y el sistema sólo son sinónimos de corrupción. Por otra parte, es probable que no menos enconadas fueran las lecturas del volumen de Historia mundial de Francia de parte de aquellos votantes instalados en la primavera eterna de 1968 y quienes tras negar su respaldo a uno de los dos contendientes se ufanaran de ser los primeros en marchar por las calles contra el otro; o bien las lecturas de la Historia mundial de Francia desde las minorías étnicas, la academia y la burocracia del Estado francés que se identifican con el socialismo tradicional. ¿Cuántos lectores habrá aportado la burguesía católica de provincias? Aunque a nosotros no nos toque conocer el número preciso que algún día surja de los archivos notariales es probable que sus lectores sumen mucho más que los parisinos y mucho menos que los votantes identificados con el centro-derecha.

Boucheron, enmedio del debate suscitado por las ochocientas páginas de la Historia mundial de Francia, sostiene que el oficio de la historia se realiza en el trabajo en archivo y en fortalecer el debate público.

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