Lecciones de Taiwán

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Hace una semana, la Corte constitucional de Taiwán falló en favor de los matrimonios entre personas del mismo sexo.

La resolución judicial tiene su origen en dos solicitudes planteadas al máximo tribunal para que revisara la definición de matrimonio contenida en el código civil, la cual únicamente reconocía como tal al celebrado entre mujer y hombre. La primera petición fue formulada por Chi Chia-wey, veterano activista de los derechos de las minorías sexuales. La segunda estuvo a cargo del gobierno de la ciudad de Taipei, capital del país, pues había sido demandado al haber rechazado solicitudes de matrimonios entre personas del mismo sexo.

La sentencia de la Corte taiwanesa enfrenta a la legislatura a una disyuntiva: o reforma el código civil para adoptar una definición del matrimonio que incluya a todas las parejas, o aprueba una ley que permita el matrimonio igualitario. En cualquiera de los casos, la Corte le otorga a la legislatura un plazo de dos años para cumplir con la resolución. Si los legisladores llegaran a exceder dicho plazo, las parejas del mismo sexo podrán casarse ante las autoridades civiles sin mayor trámite.

Taiwán es ahora el primer país de Asia donde la existencia de las uniones entre personas del mismo sexo recibe reconocimiento legal. El contraste con los otros países del continente es enorme. Hace unos días, en Corea del Sur, un capitán del ejército fue sentenciado a prisión por tener relaciones sexuales consensuadas con otros militares. En Aceh (Indonesia), dos hombres fueron azotados públicamente por las mismas razones. Recientemente se difundieron reportes de una brutal represión contra cientos de homosexuales en Chechenia, la cual, presumiblemente, incluyó el asesinato de varias personas.

Semanas antes de que la Corte emitiera la sentencia, la presidenta taiwanesa fue cuestionada sobre cuáles eran sus expectativas respecto a la legalización del matrimonio igualitario. La abogada, educada en las universidades de Cornell y Londres, señaló que el tratamiento dado al asunto sería una prueba de la madurez de la sociedad.

Si consideramos válido que el reconocimiento al matrimonio igualitario es un criterio de madurez de las sociedades contemporáneas, ¿cuál sería el grado de madurez de la nuestra? La semana pasada, un alumno del Conalep Adrián Sada Treviño, de Monterrey, asesinó afuera de la escuela a uno de sus compañeros. A decir de los testigos, el homicida, de 16 años, privó de la vida a su compañero, de 18, por su supuesta homosexualidad. Debido a la intolerancia, las vidas de dos jóvenes regios quedaron trastornadas para siempre. Uno ha muerto y el otro deberá ir a prisión. Apenas dos días después, el gobernador de Nuevo León afirmó que el matrimonio es únicamente entre hombre-mujer, y que los matrimonios entre personas del mismo sexo son “zonceras”. No puedo dejar de pensar en el ejemplo de Taiwán. Quizás las cosas hubieran sido diferentes para estos muchachos si la sociedad neoleonesa fuera más tolerante y sus autoridades no consideraran que la igualdad entre personas es una “zoncera”.

mauricio.ibarra@razon.com.mx
Twitter:
@mauiibarra

Mauricio Ibarra

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Abogado (UAM) y maestro en Economía y Política Internacional (CIDE).
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