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Llegue quien llegue, la lucha política de la comunidad LGBTTTI se intensificará. Foto: Especial

En el fondo de su nido, el alacrán revive la marcha del orgullo homosexual de 1982 —la cuarta en México—, a la cual el escorpión fotógrafo asistió con su Nikon. Sobre todo recuerda a los combativos y politizados grupos integrantes de aquel impulso libertario: el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR), el Grupo Lambda, el grupo lesbo-feminista Oikabeth y los grupos homosexuales del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

En un clima de represión (tiempos del Negro Durazo) estas organizaciones salieron en definitiva del clóset el 26 de julio de 1978, al unirse a la manifestación conmemorativa de la Revolución cubana, y luego el 2 de octubre de 1978, al marchar, dignas y desafiantes, en el décimo aniversario de la matanza de Tlatelolco.

Desde su emergencia, insiste el escorpión, el movimiento ha estado imbuido de agitación y acciones políticas, tanto en la lucha por exigir programas de salud contra el VIH como en el impulso a Patria Jiménez (primera legisladora homosexual en 1997), así como en las movilizaciones para lograr la adopción del discurso de los derechos humanos y la diversidad sexual, la formación de una red de sociedades de convivencia (2001), la ley contra la discriminación (2003), la ley de sociedades de convivencia (2007) y la posibilidad de adopción dentro del matrimonio gay (2010).

 

Llegue quien llegue, la lucha política de la comunidad LGBTTTI se intensificará

 

El arácnido celebró por ello el surgimiento en enero pasado de la Coalición Mexicana LGBTTTI+, cuya intención inmediata es demandar a los candidatos electorales definiciones claras en torno a la agenda del movimiento. Si bien no existen cifras oficiales, estudios privados señalan, acorde con la tendencia mundial, una población LGBTTTI en México de entre el 8 y el 10 por ciento. Con respecto a la lista nominal definitiva del INE que suma 83.5 millones de electores, puede representar alrededor de ocho millones de votos, capaces de inclinar la balanza en unos comicios muy ajustados.

El alacrán observa los titubeos y ambigüedades de Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Margarita Zavala sobre su compromiso con la agenda LGBTTTI+, y ni siquiera imagina la posición de los miles de alcaldes y legisladores locales sobre el asunto.

“Quien se manifieste en contra de nuestros derechos y no asuma nuestra agenda, no tendrá nuestro voto”, advierten los voceros de la Coalición. Por ello el arácnido insiste: llegue quien llegue, la lucha política de la comunidad LGBTTTI se intensificará. Ningún derecho se le ha otorgado graciosamente, y con quien gane la elección será igual. En referendo o consulta, en la calle o la casa, en el espacio privado y público, la comunidad deberá movilizarse, organizarse, hacer política, agitar, luchar, marchar. Así el futuro, según el venenoso.

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