Los antihéroes del 2015

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Como cada año, esta columna presenta un breve perfil de los antihéroes del año. Prefiero no llamarlos villanos para no caricaturizar las implicaciones de sus acciones ni difuminar la violencia que corre por las venas de sus actos.

El común denominador a todos es que destruyen la idea de civilización que, a trancas y a barrancas, tratamos de construir cada día y todos los días.
Navegan en sentido contrario de los ríos de la historia y, al hacerlo, crean corrientes peligrosas en las que arrastran a los marinos menos avezados. Son los nuevos piratas de la historia: asaltan los principios de la civilización y venden nuestro futuro por monedas de oro y gotas de poder.

Aquí la lista:

EI o de la barbarie: el grupo terrorista ha llevado al absurdo a la comunidad internacional a través la violencia caprichosa con la que atacan a los principios de la civilización.

Vladimir Putin o de la ambición: al presidente ruso, la testosterona le opaca las neuronas. No dudo, ni un segundo, de la capacidad de Putin pero veo más instinto que razón en su desaforada escalada militar. Sus delirios zaristas ponen en riesgo al mundo entero.

Nicolás Maduro o de la antidemocracia: el desgobierno de Maduro ha lastimado a una generación de venezolanos quienes confían –aún– en que mediante el control del congreso puedan detener al “iluminado dictador”.
Donald Trump o del racismo: la atrevida campaña para la candidatura republicana ha mostrado el rostro antiinmigrante, racista y discriminatorio del empresario norteamericano. Pero, como escribió ayer en La Razón Mauricio Farah, “Trump es el síntoma y no solo la enfermedad”.

Macri o del neoliberalismo: el nuevo presidente argentino tiene trece días en el poder y 83 decretos para defender a los empresarios que le compraron la silla presidencial. Pero, mucho me temo, que el costo social será altísimo para los argentinos.

Dilma Roussef o de la corrupción: la situación legal de la Presidenta Roussef es incierta por sus “negocios” como cabeza de Petrobras. Pero su debacle político es seguro. Es improbable que el gobierno de Dilma pueda resistir la mancha de la corrupción. Una lástima y una decepción.

Vivir es arriesgarse a tocar sinfonías nuevas con los acordes conocidos, utilizando los instrumentos a la mano, respetando los silencios que necesitan los actores, creando nuevas interpretaciones, utilizando nuevos ritmos y diferentes compases. Imagino, pues, a la política mundial como una gran sinfonía que interpreta y escribe partituras nuevas a cada momento. Y cuando pienso en los miembros de esta lista sospecho que no estamos frente a alguien que toca notas o instrumentos distintos sino frente a quienes atacan a la orquesta, y lastiman a los músicos. Se vale disentir pero, nunca, lastimar.

La próxima semana hablaré de los héroes del 2015.

valeria.lopez@anahuac.mx
Twitter:
@ValHumanrighter

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