Los dos García

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Pocas presidencias más distintas, en la historia reciente de América Latina, que la primera (1985-1990) y la segunda (2006-2011) del líder aprista peruano Alan García.

La comparación de esos ejercicios no sólo es recomendable para el estudio del Perú actual sino para entender mejor las claves ideológicas y políticas de la América Latina del siglo XXI. Al fin y al cabo, Alan García todavía encabeza la Alianza Popular Revolucionaria Americana, mítica organización de la izquierda no comunista latinoamericana, fundada en México, en 1924, por Víctor Raúl Haya de la Torre.

La primera de aquellas presidencias coincidió con el último tramo de las políticas económicas keynesianas en América Latina, que habían informado el programa histórico del APRA desde su fundación. García, primer aprista en realizar el sueño presidencial de Haya de la Torre, llegó al poder, en 1985, con altísimos índices de popularidad, que se mantuvieron a flote hasta la crisis generada por la hiperinflación, la ruptura con el FMI, el desafío de las guerrillas y los escándalos de corrupción, a fines de aquella década.

A pesar de un final desastroso, García pudo recuperarse como líder de la oposición aprista, en buena medida, por haber mantenido sus políticas públicas fuera del paradigma neoliberal que comenzaba a difundirse en la región. Tras la caída de Alberto Fujimori, personificación de las estrategias desreguladoras y monetaristas en los Andes, García logró reubicarse como alternativa de centro, frente a la derecha de Alejandro Toledo y la izquierda de Ollanta Humala, en las elecciones de 2006.

El segundo mandato de Alan García ha seguido un curso opuesto al primero. El presidente comenzó con índices bajísimos de popularidad, que ha logrado revertir moderadamente gracias a una política económica eficaz. A los tratados de libre comercio con Estados Unidos, Canadá, Singapur y Tailandia, García agregó convenios similares con China y, más recientemente, con la Unión Europea. Como otras economías del Pacífico, especialmente la chilena, Perú ha aplicado con éxito programas de relanzamiento turístico y de capitalización de los servicios.

La atracción de inversiones, la diversificación de exportaciones y el aprovechamiento de recursos naturales, marinos y minerales, colocaron el crecimiento del PIB peruano entre un 7% y un 10%, entre 2006 y 2009 y, tras la fuerte contracción de este último año, permitieron una recuperación de más de un 4% en el primer semestre del 2010. El incremento de los precios del gas natural y de minerales como cobre, plata, plomo, zinc, oro, hierro, estaño y tungsteno han favorecido el despegue económico del Perú.

The Economist ha señalado a la peruana como una de las economías latinoamericanas de mayor crecimiento potencial y real en el último quinquenio. Otras instituciones, como la CEPAL, han advertido que dicho crecimiento no se ha traducido en estrategias eficaces de redistribución del ingreso. De mantenerse el buen ritmo de crecimiento, es muy probable que la continuidad de esa política económica decida las elecciones del 2011.

rafael.rojas@razon.com.mx

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