Los nuevos éxodos latinoamericanos

Desde fines del siglo XX, las emigraciones latinoamericanas han vivido un flujo permanente de sectores de bajos ingresos y oleadas más coyunturales, derivadas de crisis económicas o regímenes autoritarios de derecha e izquierda.

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Desde fines del siglo XX, las emigraciones latinoamericanas han vivido un flujo permanente de sectores de bajos ingresos y oleadas más coyunturales, derivadas de crisis económicas o regímenes autoritarios de derecha e izquierda. En todas las emigraciones se distinguen y entrelazan motivaciones económicas y políticas –no hay tal antítesis entre emigración y exilio-, pero los éxodos coyunturales son especialmente proclives a la mezcla de todas las causas.

Ahora mismo varias fronteras latinoamericanas se están viendo conmocionadas por estampidas migratorias, que tienen un origen preciso en el avance de los nuevos autoritarismos de la región. Los casos de Venezuela y Nicaragua son los más evidentes y dramáticos, con Cuba de telón de fondo, donde se ha producido una retención del proceso migratorio por motivos concretos: el freno que supuso el fin de la ley de “pies secos, pies mojados”, impulsado por Barack Obama.

La emigración venezolana y nicaragüense involucra segmentos de esas sociedades que no responden a los patrones tradicionales del éxodo del Caribe y Centroamérica hacia Estados Unidos

La emigración venezolana y nicaragüense involucra segmentos de esas sociedades que no responden a los patrones tradicionales del éxodo del Caribe y Centroamérica hacia Estados Unidos. Se trata de familias enteras que ven súbitamente alterado su modo de vida por el colapso económico, la violencia política o la incertidumbre jurídica y cruzan la frontera con Colombia, Ecuador, Brasil o Costa Rica, tal vez, imaginando una breve expatriación.

Parece haber ahí más fuga desesperada que peregrinación calculada hacia un destino previsto. Algunos estudios calculan que más de un millón y medio de venezolanos ha salido del país. Un reporte de El Tiempo, en Colombia, señalaba hace unos meses que entre 2015 y 2017 cerca de 900 000 venezolanos se instalaron en diversas ciudades latinoamericanas. El aumento de la inmigración en algunos países ha sido espectacular: en Colombia pasaron de 48 000 a 600 000 y en Chile de 8 000 a 120 000.

Venezolanos sin pasaporte caminan en la carretera Panamericana después de cruzar el puente internacional Rumichaca.

Las fronteras más conflictivas son la brasileña y la ecuatoriana, donde también crece el tránsito de venezolanos, aunque sin alcanzar los altos índices de Colombia y Chile. A principios de año, según el mismo estudio de El Tiempo, había 35 000 venezolanos en Brasil y cerca de 40 000 en Ecuador. Sin embargo, a juzgar por las recientes noticias, las fricciones parecen ser mayores allí que en la frontera colombiana.

Tras los episodios de violencia en Roraima, estado que hace frontera con Venezuela, el gobierno brasileño procedió a una distribución territorial de los migrantes, con el fin de bajar la presión. Ecuador y Perú comenzaron solicitando pasaportes, al advertir el aumento de la inmigración ilegal, y luego han demandado acuerdos de contención del flujo con Venezuela o con otros gobiernos regionales, como el colombiano, el brasileño y el peruano.

El enfrentamiento político entre el gobierno de Nicolás Maduro y sus vecinos complica la búsqueda de una solución en el corto plazo. Caracas considera a Iván Duque, Michel Temer y Lenín Moreno, quien acaba de anunciar la salida de Ecuador de la Alianza Bolivariana (ALBA), enemigos y “aliados del imperio”. El diálogo, a ese nivel de crispación, se vuelve tan difícil como el de Cuba y Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Las fronteras más conflictivas son la brasileña y la ecuatoriana, donde también crece el tránsito de venezolanos, aunque sin alcanzar los altos índices de Colombia y Chile

Aunque más reciente y menos intenso, el aumento en varios miles de la emigración nicaragüense a Costa Rica también está generando conflictos en esa frontera. El gobierno de Carlos Alvarado ha reforzado el control por medio de “centros de monitoreos” y ha llamado a Managua a “trabajar en conjunto”, intercambiando información e impidiendo un escalamiento de la tensión.

En Costa Rica, Brasil y Ecuador, se han dado brotes de xenofobia contra los inmigrantes nicaragüenses o venezolanos. A ese punto la situación se vuelve trágica e indignante porque supone la pesadilla de refugiados que huyen del país de origen y son rechazados en el de destino. El mismo horror de millones de africanos y latinoamericanos en Europa y Estados Unidos, pero “entre hermanos”.   

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
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