Los socialistas vuelven a la Moncloa

Rajoy ha caído, por la evidente implicación de varios líderes del Partido Popular en notorios casos de corrupción, como el Gürtel, así llamado por la red empresarial de Francisco Correa, hoy preso, que realizó operaciones ilícitas con varios líderes del PP

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Se dice fácil pero cuesta comprenderlo en su justa dimensión: Mariano Rajoy se ha convertido en el primer presidente destituido en la historia democrática de España. Una historia que no es demasiado larga –apenas cuatro décadas-, pero lo suficiente como para establecer un hito e insinuar algunos de los dilemas a los que se enfrentará el régimen parlamentario español en los próximos años.

Rajoy ha caído, ante todo, por la evidente implicación de varios líderes del Partido Popular en notorios casos de corrupción, como el Gürtel, así llamado por la red empresarial de Francisco Correa, hoy preso, que realizó operaciones ilícitas con varios líderes del PP, como el extesorero Luis Bárcenas, también preso. Los actos de corrupción tuvieron lugar bajo las presidencias del PP ejercidas por José María Aznar y Mariano Rajoy.

 

El sistema partidista de la democracia española ha cambiado por la natural diversificación ideológica y política que produce el cambio generacional, especialmente en medio de la revolución tecnológica del siglo XXI. En aquellos países en que esas cíclicas reconfiguraciones del espectro político no se manifiestan, algo anda mal en la naturaleza democrática del sistema

 

La sentencia del tribunal supremo español no imputa directamente a Rajoy en la corrupción, ni al PP en su conjunto, pero sí a importantes figuras de esa institución, que mantuvieron sus cargos bajo el liderazgo del presidente destituido. La activación del mecanismo de la destitución por el Congreso de los Diputados, por un caso de corrupción, establece un antecedente decisivo en la lucha contra la impunidad en España. Pero la destitución de Rajoy no sólo se ha debido al rechazo, cada vez más generalizado, que la corrupción provoca en la sociedad española. También han intervenido, en ese suceso inédito, la crisis y la recomposición del sistema de partidos, que tienen lugar desde los últimos cuatro años, luego del ascenso de Podemos y Ciudadanos como tercera y cuarta fuerza política del país.

Sánchez (izquierda) y Rajoy se saludan protocolariamente, al finalizar la sesión

El sistema partidista de la democracia española ha cambiado por la natural diversificación ideológica y política que produce el cambio generacional, especialmente en medio de la revolución tecnológica del siglo XXI. En aquellos países en que esas cíclicas reconfiguraciones del espectro político no se manifiestan, algo anda mal en la naturaleza democrática del sistema. La destitución de Rajoy tiene que ver con eso también, ya que la mayoría parlamentaria del PP se ha vuelto más precaria tras las últimas elecciones.

A esta sumatoria de causantes, habría que agregar el desafío nacionalista en el País Vasco y, sobre todo, en Cataluña, que pone a las formaciones más críticas de Madrid en contra del partido gobernante. La separación de facto de Cataluña, promovida por una inusual alianza soberanista de la derecha y la izquierda en esa región de España, ha actuado como bloque en las cortes madrileñas, en contra de Rajoy. Su respaldo a Pedro Sánchez y el PSOE, que llegan temporalmente a la presidencia, es coyuntural.

 

La destitución de Rajoy no sólo se ha debido al rechazo, cada vez más generalizado, que la corrupción provoca en la sociedad española. También han intervenido, en ese suceso inédito, la crisis y la recomposición del sistema de partidos, que tienen lugar desde los últimos cuatro años, luego del ascenso de Podemos y Ciudadanos como tercera y cuarta fuerza política del país

 

Como coyuntural es, también, el apoyo de Unidos-Podemos a un presidente que deberá pronto medirse con sus rivales en las urnas. La llegada de Sánchez a la Moncloa ha sido posible por el acelerado debilitamiento que vive la coalición de Podemos e Izquierda Unida, en los últimos años, como consecuencia del oportunismo cada vez más desinhibido de la izquierda radical en España.

Iglesias, que durante las últimas elecciones nunca dio su respaldo a Sánchez para conformar un gobierno de coalición, ahora acepta la moción contra Rajoy. Pero mientras colabora con los socialistas, presionado por sus propias bases, el líder de Podemos se adelanta a demandar la dimisión de Sánchez y a prepararse para una oposición desleal a los socialistas que, eventualmente, lo lleve a la Moncloa. Sánchez, sin embargo, tiene las de ganar, sobre todo, si el candidato a enfrentar, en la derecha, no es Mariano Rajoy.   

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
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