Marihuana y legalización
El clóset verde

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Por Wenceslao Bruciaga

Una de mis reglas personales es: nunca digas mentiras a tu doctor, por muy bochornosas o inmorales que sean tus confesiones. El deber médico está por encima de las convicciones morales. Y no hay nada más odioso que un doctor regañón.

Hace unas cuantas semanas, en mi chequeo médico trimestral, le dije a la doctora en turno que por alguna extraña razón padezco de migrañas, justo entre enero y febrero y entrado agosto. A estas alturas ya me he resignado a que la migraña es un monstruo psicópata que nunca se irá de mi cabeza, más vale acostumbrarme a su presencia. No así el dolor, cuya pulsátil intensidad aumenta conforme me hago viejo. Los medicamentos no hacen gran cosa cuando el monstruo se deleita machacando mi cerebro.

Como buena psicópata, la migraña gusta de amenazar antes de disfrutar provocando dolor, y es ahí cuando le digo que le pare a su desmadre. Si tomo algo en el periodo del aura que precede la migraña, no termino golpeándome contra la pared pues prefiero el dolor físico que ese tormento abstracto dentro de mi cráneo.

Tengo un kit de emergencias. Pero siendo honesto conmigo y la doctora de aquel momento, lo que más me funciona al momento de atacar el aura es la marihuana. Un churro o unas jaladas a
la pipa y la intensidad del dolor se desvanece como en reloj de arena. Encima me la paso bien. Los discos de Mazzy Star suenan mejor estando pacheco, por ejemplo. Puede ser que todo se trate de un efecto placebo.

Según la Comisión Nacional Contra las Adicciones de México (Conadic), casi todos los estudios científicos sobre los beneficios médicos del tetrahidrocannabidol, también conocido como thc, cannabidiol o los cannabinoides (los más mencionados al asociarlo con una utilidad terapéutica) son realizados en muy pocas muestras de pacientes, lo cual limita también sus conclusiones generales y a grandes rasgos son comparados con el efecto placebo, frente a los medicamentos de primera línea para determinados padecimientos.

Pero ¿qué más da? Lo importante es que no me estalle la cabeza.

No quiero verme hipócrita. No sólo fumo mota para interrumpir los ataques de migraña. Prácticamente no puedo dormir y el sexo me sabe a la sección de avisos clasificados del periódico si no fumo marihuana. Y soy parte de esa teoría que asegura que la marihuana es el primer escalón en el consumo de drogas duras.

Leopoldo Rivera, editor de la revista Cáñamo, dice que la marihuana es la droga ilegal más consumida en todo el mundo. Esto explica que primero tengas acceso a esa sustancia y después a sustancias más gruesas, puesto que en un sentido social (ya que fisiológicamente no hay ninguna prueba de que la marihuana genera adicción, según Rivera) la cannabis se mueve en el mismo canal que las otras drogas ilegales:

Muchas veces, llega el dealer y te dice que no tiene mota pero
te ofrece coca, tachas, etcétera. Y ese es el mentado trampolín. Esa fue la razón de la legalización en Uruguay: José Mujica dijo que había que sacarla del mercado negro y ponerla en un mercado legal para que los jóvenes que lleguen a ella no conozcan otras drogas más duras —dice Rivera.

El 27 de abril de 2017, la Cámara de Diputados aprobó la reforma a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal para la despenalización del uso medicinal o terapéutico de la marihuana en México, lo que significa un paso y, sobre todo, vuelve a incendiar las posiciones sociales y morales frente a esta hierba, al margen de sus beneficios terapéuticos. Para unos se trata de una sustancia que hace la vida más placentera, como el alcohol; para otros, es el mismo Satanás hecho planta que puede inducir a las personas a cometer actos delictivos como asaltar, violar, incluso asesinar. Otros más creen que los usuarios son un eslabón manchado de sangre en la cadena del narcotráfico que azota a México con de-salmada intensidad desde hace casi diez años, cuando el ex presidente Felipe Calderón se dispuso a combatir los cárteles.

Para el subsecretario del cen del Partido de la Revolución Democrática, Fernando Belaunzarán, hay más muertos como consecuencia de la guerra contra las drogas emprendida por Felipe Calderón que por causa de las drogas en sí mismas, en este caso la marihuana.

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De acuerdo con el Informe Mundial sobre las Drogas 2016 (de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito) y según el Instituto Nacional de Abuso de Drogas de los Estados Unidos:

El número de muertes relacionadas con las drogas, que en 2014 se calculó en alrededor de 207 mil 400, es decir, 43.5 muertes por millón de personas de entre 15 y 64 años, ha permanecido estable en todo el mundo, aunque sigue siendo inaceptable y evitable. Las muertes por sobredosis representan aproximadamente entre un tercio y la mitad de todas las muertes relacionadas con las drogas, que en la mayoría de los casos se deben a los opioides [fármacos, drogas legales accesibles en farmacias] que alivian el dolor. Reducen la intensidad de las señales de
dolor que llegan al cerebro y afectan las áreas del cerebro que controlan las emociones, lo
que disminuye los efectos de un estímulo.

A su vez, un editorial de José Luis Pardo Veiras para el New York Times cita que en diez años de la guerra contra el narco, en México se registran 150 mil muertos más 28 mil desaparecidos. https://www.nytimes.com/es/2016/09/07/mexico-cumple-una-decada-de-duelo-por-el-fracaso-de-la-guerra-contra-el-narco/

El derecho
a lo personal

En una de las paredes blancas e iluminadas por una ventana polarizada de la oficina del ex diputado del prd Fernando Belaunzarán, en el segundo piso del edificio del Partido de la Revolución Democrática, en la Avenida Benjamín Franklin, se encuentra una banda amarilla con la frase #RegulaciónYA, seguida de la icónica silueta de una hoja de cannabis.

Belaunzarán es quizás uno de los primeros impulsores de la legalización de la marihuana en México. En 2012 propuso la iniciativa de ley general para el control y uso personal de la cannabis en México. El diputado perredista confiesa que fumó marihuana cuando asistía a la Facultad de Filosofía y Letras de la unam y que prefiere el término de personal a lúdico, puesto que apela al derecho de los individuos a utilizar la cannabis como prefieran sin afectar a terceros, y el término lúdico puede confundir a la de por sí ya estigmatizada planta y aún más a los usuarios. Sobre la ley recién aprobada, Belaunzarán considera que:

Ayuda a derrumbar el primer ladrillo en el muro de la prohibición. Lo cierto es que su redacción es limitada, en comparación con la propuesta original del presidente Enrique Peña Nieto (un desesperado intento de falso progresismo por querer ganar simpatía para su desastrosa administración) que proponía, además del uso medicinal de la cannabis, portar hasta 28 gramos en vez de cinco, y sin presunción de delito por encima de estos 28 gramos, cosa que no ocurrió; de momento sólo da la oportunidad de importar medicamentos con sustancias activas de la cannabis y los beneficiados con esta ley serían sólo las compañías extranjeras. En el caso del autocultivo, ¿cuál será su regulación a nivel nacional y su accesibilidad? La redacción actual sólo contempla el uso de investigación científica y
médica; el problema es: ¿cómo
y quién definirá lo médico? Porque si lo médico se relaciona a nivel farmacológico, tendrán que importar productos como los aceites; y si lo médico incluye consideraciones terapéuticas, como la terapia en flor, implicaría que se puede fumar mota para paliar algunos síntomas o padecimientos. La definición puede incluir muchas trampas morales en un problema de por sí ya marcado por la doble moral. Muchos usuarios no se atreven a decirlo, por el estigma de que el consumidor de marihuana es un paria.

El monstruo verde

Leopoldo Rivera Rivera es el presidente de la Asociación Mexicana sobre el Estudio de la Cannabis en México, cuyas oficinas se encuentran en la calle de Puebla en la Colonia Roma, donde es muy común olfatear el hornazo.

Leopoldo ayuda a poner en contexto la percepción de la marihuana en México: su criminalización empieza
en el siglo xix, de esa época ya se pueden ver algunos avisos que advertían de multas a quienes fueran sorprendidos vendiendo marihuana, bajo el pretexto de que enloquecía a las personas, como el famoso caso del personaje de José Guadalupe Posada, Don Chepito Mariguano, y un delincuente conocido en los pasquines de entonces como El Chalequero, de algún modo ligado al racismo proveniente de la prensa amarilla de Estados Unidos que vinculaba a ciertas razas con una tergiversación del uso de sustancias: por ejemplo, los chinos se volvían locos por consumir opio, los negros por usar cocaína y los mexicanos por usar marihuana. Tenemos registros de que ya la Inquisición había penalizado su uso en ritos idolátricos, como ellos le llamaban, y es curioso que por un lado la Corona Española trató de impulsar el cultivo para desarrollar una industria local de cáñamo, mientras casi en las mismas fechas la Inquisición hacía todo por impedirlo, sin saber que se trataba de la misma planta (algo similar a lo que vivimos hoy con los desacuerdos entre instituciones diversas). En 1897, Ángel Zimbrón, secretario del Gobierno del Distrito Federal, firmó el decreto de la prohibición de la marihuana. Con el arranque del siglo xx comienza una criminalización más clara y muy ligada a la clase social, que asocia a la marihuana con los cuarteles militares o las prisiones. En 1920, a su vez, Álvaro Obregón lanza un decreto y la prohíbe con el argumento de que degenera la raza.

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Y el colmo de la estigmatización —explica Rivera Rivera— fue cuando en 1936 se lanzó una película llamada Marihuana: El Monstruo Verde, con Sara García, que vino a rematar la confusión con el uso de las drogas totalmente inducida por una propaganda moral; el personaje principal de esa película sale inyectándose, tomando pastillas, inhalando polvos, tomando brebajes, pero curiosamente la única droga que se menciona es
la marihuana. Por supuesto, el protagonista se vuelve loco, pierde todo y al final muere, una tragedia. Los efectos de esa película siguen golpeándonos al día de hoy, por el simple hecho de que la gente mete a la marihuana en el mismo saco de todas las drogas, lo que deriva en la estigmatización del usuario: pareciera que se convierte en un violador de abuelitas en automático, como si la cannabis tuviera el mismo efecto que los solventes u otras drogas fuertes. Tan es así, que cuando alguien se ve en estado alucinógeno, de inmediato se le acusa de marihuano, sin saber qué sustancia ingirió.

La Asociación Mexicana sobre el Estudio de la Cannabis empezó formalmente como asociación civil en 2005, aunque su origen data de 2001:

Yo tenía muchos amigos con los que platicaba sobre la persecución, acoso y hostigamiento que sufríamos los usuarios de cannabis. Desde que estudiaba Ciencias de la Comunicación en la unam se venía gestando una idea de legalizar la mota, pero cuando empezamos a organizar la marcha en 2001 vimos que realmente no teníamos muchos argumentos. Lo primero que teníamos que hacer era informarnos nosotros y luego informar a toda la sociedad. De ahí que cambiamos el objetivo, para concentrarnos no sólo en legalizar, sino en convertirnos en una asociación que recopilara y difundiera información sobre la cannabis. En los inicios tuvimos un periódico muy rudimentario, en 2003 fundamos la biblioteca cannábica y ahí recopilamos información de todo tipo, histórica, científica, médica, piscológica, etcétera.
Eso es lo que hace la amec actualmente —comenta Rivera Rivera.

En los documentos recopilados por la amec puede leerse, entre otras cosas, que la marihuana es sólo un derivado de la cannabis activa, son las flores de la planta hembra; la hoja tan famosa que vemos en todos lados no se fuma.
Que el primer registro del uso medicinal de la marihuana es de 2 mil 500 años antes de Cristo, cuando en China, el emperador Shen-Nung empezó a probar todo tipo de plantas en él mismo. Que en México la marihuana llegó con los españoles para un uso del que casi no se habla: el de la fibra que se usaba en las velas de navegación, la cordelería o mapas. El sincretismo después de la Conquista en México y América Latina fomentó la utilización con fines rituales y herbolarios.

La amec cuenta con su revista oficial, Cáñamo, lanzada en mayo de 2015, durante la marcha del Día Mundial de la Liberación de la Marihuana, y Leopoldo Rivera es su editor. A pesar de que puede encontrarse en algunos puestos de revistas del país, su registro es acosado por el prejuicio. Cualquier publicación editorial necesita dos trámites: el registro del Instituto Nacional del Derecho de Autor para la reserva del nombre, y el certificado de licitud, contenido y título de la Secretaría de Gobernación. Comenta el editor:

De este segundo trámite, que debía durar tres meses, no hemos tenido una respuesta clara: sabemos que han consultado a la Procuraduría General de la República (pgr), a la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y la Conadic, para ver si estábamos cometiendo algún delito. La Cofepris y la pgr han dicho que no, pero la Conadic consideró que podíamos estar fomentando el consumo de la marihuana. Ahora esperamos el veredicto final de Gobernación con respecto a nuestra revista: si el fallo es negativo, interpondremos un amparo contra la acción de la autoridad, pues consideramos que viola nuestra libertad de expresión. Pero esta indefinición sí nos afecta: muchos voceadores (son nuestro único canal de distribución, los puestos de revistas de todo el país y la Ciudad de México) creen que la revista está prohibida, temen que algún día llegue la policía y no sólo les decomise la revista sino que les cierre el puesto que es su fuente de trabajo.

Leopoldo Rivera aclara que el consumo nunca ha estado penalizado a nivel federal: desde los tiempos de Álvaro Obregón, nadie iría a la cárcel por consumir marihuana, pero todas las actividades necesarias para consumir están penalizadas: producir, poseer, cultivar, comerciar, etcétera.

Eso es lo ridículo de la situación —afirma—. En 2009 se estableció que con menos de cinco gramos de marihuana no aplica el delito de
posesión. Si la policía te agarra con dos churros, lo que procede es llevarte al Ministerio Público para ver si es marihuana y si son menos de cinco gramos quedas libre, pero registrado: la tercera detención con menos de cinco gramos implica entrar a un tratamiento obligatorio. En la práctica, esto sirvió para penalizar más a los consumidores porque ningún dealer trae una basculita para pesarte los cinco gramos. Aunque la ley del 2009 tiene un avance cualitativo pues reconoce la figura del consumidor —distinto del farmacodependiente y del narcomenudista— y el derecho de consumir. Tal como está la redacción actual, la ley permite consumir mota sólo como si esta cayera del cielo o una nube pasara frente a ti y te pusiera pacheco
—bromea Rivera.

Los registros de la amec señalan estudios como el del Instituto Universitario de
Drogodependencias, Departamento
de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, que entre los muchos usos medicinales de la marihuana destaca los relacionados con dolores
físicos, calambres, ciática, tétanos, dolores de cabeza y convulsiones infantiles.

Placebo,
recreación y adicción

La Organización Mundial de la Salud (oms) define la adicción como:

Una enfermedad física y psicoemocional que crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación. Se caracteriza por un conjunto de signos y síntomas, en los que se involucran factores biológicos, genéticos, psicológicos y sociales. Es una enfermedad progresiva y fatal, caracterizada por episodios continuos de descontrol, distorsiones del pensamiento y negación ante la enfermedad.

La definición de la OMS da vuelta en mi cabeza cuando me doy cuenta que a tan sólo unos pasos de las oficinas de la Conadic se encuentra un casino con marquesinas atascadas de luces que se prenden y apagan en colores chillantes. Faltan unos veinte minutos para el mediodía y muchas señoras formadas esperan entrar y gastar su dinero en las máquinas tragamonedas, las mesas de Black Jack o bingo. La ludopatía también es un problema. Pero muchas de esas señoras de copetes esponjados y tintes rubios no serían vistas como pervertidas, ni señaladas diciendo: ¡Cuidado que ahí viene una ludópata, no te vaya a asaltar! Pero lo cierto es que muchos ludópatas son capaces de vender su auto, su casa y hasta su alma con tal de tener unos cuantos billetes más para apostar en las mesas tapizadas y probar el último intento de un golpe de suerte. La adrenalina de la apuesta provoca también la segregación de serotonina.

He conocido a tías adictas a taxistas que les prometen divorciarse de su mujer y a las telenovelas de la tarde, aun cuando saben que la trabajadora doméstica encontrará el verdadero amor con el patrón de la casa, y primos al borde de un ataque piscótico si no toman un vaso de refresco de cola.

“Al final, la marihuana es una sustancia psicoactiva, y está demostrado que el thc, el componente que le da la psicoactividad, es una sustancia cuyo consumo reiterado conduce a una dependencia o adicción”, explica María José Martínez Ruiz, directiva de la Conadic de México, órgano rector de la política pública nacional que atiende las adicciones a sustancias psicoactivas (tanto las de curso legal, como alcohol y tabaco, así como las ilegales: marihuana, cocaína, metanfetaminas), y dicta los programas para la prevención, la atención de las adicciones, el tratamiento ambulatorio y residencial.

A nivel nacional, el programa contra las adicciones cuenta con el apoyo de las
comisiones estatales en las 32 entidades federativas, que a su vez han instaurado a lo largo de la república una red de atención de 340 unidades denominadas Centros de Atención Primaria contra las Adicciones, conocidos como capas para la prevención y el tratamiento ambulatorio. Como dato curioso, los capas fueron construidos gracias al dinero incautado al empresario de origen chino Zhenli Ye Gon, acusado de traficar con pseudoefedrina para la fabricación de metanfetaminas, célebre por su declaración de “coopelas o cuello”:

Es importante diferenciar el uso de la marihuana como planta psicoactiva y el uso de algunos cannabinoides a los que se les ha encontrado alguna utilidad terapéutica, y que pueden constituirse en fármacos efectivos para tratar algunos padecimientos —observa María José Martínez Ruiz—. Nosotros estamos de acuerdo con respecto a la ubicación de estos cannabinoides en el proceso que estipula la Cofepris para que sean considerados dentro de la farmacopea mexicana; finalmente puedan tener una utilidad terapéutica para tratar nuevas enfermedades o paliar algunos síntomas, y si cumplen con todo el rigor que estipula la Cofepris para obtener el registro sanitario, evidentemente estamos a favor de ello. Pero no de la marihuana fumada, incluso para atender algunos padecimientos. En eso no estamos de acuerdo.

Según la evidencia científica reunida por la Conadic, la marihuana fumada no está avalada para un fin médico y ningún fundamento afirma que sea un método seguro para tratar o paliar algunos síntomas:

Es muy común que la gente piensa que fumando puede atender algunos padecimientos y no es así, además de que el hecho de fumarla incluye otro tipo de situaciones adversas. La evidencia científica asocia el consumo de marihuana a diversos padecimientos, desde afectación a la parte cognitiva, como la memoria a corto plazo, hasta la coordinación motora que muestra reacciones más lentas; el consumidor puede llegar a padecer un síndrome amotivacional, es decir, la ausencia de motivación. También se asocia a cuadros de depresión y ansiedad; de hecho, cuando la persona tiene alguna predisposición genética a padecer un trastorno mental, el consumo de marihuana potencia esta predisposición, cuadros sicóticos que se disparan de manera más rápida y potente. Y desde luego, también se asocia a otros padecimientos físicos a nivel de sistema respiratorio y cardiovascular —comenta María José Martínez Ruiz.

La Encuesta Nacional de Adicciones de México en 2011, conformada por una población de los 12 a los 65 años, reporta que:

La marihuana se mantiene como la droga de mayor consumo con una prevalencia del 1.2 por ciento, y con relación al 2008, no hubo un incremento estadísticamente significativo en la población general, pero sí en los hombres en quienes el consumo pasó de 1.7 a 2.2 por ciento. La siguiente droga de mayor prevalencia es la cocaína con un 0.5 por ciento, similar al 2008.

La principal preocupación de la Conadic en el debate sobre la aprobación del uso medicinal de la cannabis y un posible salto al uso lúdico, es el acceso para los menores de edad. Si bien sólo los mayores de edad estarían facultados para consumirla, de alguna manera, para la Conadic, la marihuana llegaría a los menores, proyección que toman en cuenta de acuerdo al incremento de intoxicaciones en menores de edad que llegan a los hospitales.

La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes de 2014, aplicada a alumnos de quinto y sexto de primaria, secundaria y bachillerato, arroja que el 17.2 por ciento de alumnos de secundaria y bachillerato, es decir, 1 millón 798 mil 400, reportaron haber probado al menos una droga ilegal alguna vez en su vida. De estos, 10 por ciento declararon haber fumado marihuana, la droga ilegal de mayor consumo en esta población, seguida por los inhalables, la cocaína, las metanfetaminas y por último la heroína con prevalencias muy bajas. En este aspecto, Fernando Belaunzarán apunta que
los casos al día de hoy demuestran
que la prohibición no está evitando que la droga llegue a los menores de edad.

Cada droga merece su tratamiento específico, no nos gusta comparar drogas de naturaleza distinta que tienen consecuencias distintas. Por ejemplo, el alcohol refiere, hasta cierta medida, un consumo de bajo riesgo: si tomo una o dos copas el riesgo no está presente. De hecho, alguna evidencia científica requiere esas dos copas como factor protector de padecimientos cardiovasculares. Es decir: en el caso del alcohol sí podemos hablar de consumo de bajo riesgo, cuando la persona no se expone a situaciones que impliquen una consecuencia negativa para su salud. No así en el caso del tabaco, que con sólo un cigarro ya genera consecuencias negativas a nivel físico en el consumidor y el desarrollo de una posible dependencia. Por eso en la Conadic nos concentramos en dar el tratamiento específico a cada sustancia, según su naturaleza y las consecuencias que ocasiona. La diferencia entre el alcohol y la marihuana es que tenemos evidencia científica de que en el alcohol existen dosis seguras. Con la marihuana no. Finalmente, la marihuana genera consecuencias desde la primera calada, entonces en la Conadic no podemos avalar un consumo seguro de la marihuana. No es que a la primera fumada te vaya a pasar, pero sí es el primer paso en el proceso de generar padecimientos
—dice María José Martínez Ruiz.

El caso gringo
y la oportunidad
de México

En un café de Avenida Chapultepec, entre las tazas de café, los croissants de jamón y queso y los huevos vegetarianos, Jazmín me invita a probar de su destiler relleno de cannabis cepa dwebin poison. Es un tubo poco más grande que un bolígrafo con una franja transparente en uno de los extremos y en el que puede verse la marihuana transformada en una resina ámbar; en la otra punta del tubo hay un botón, al presionarlo derrite la resina que expulsa el humo para inhalarla por la boca.

A eso de las diez y media de la mañana, me he dado un buena pachequeada sin encendedores ni olores que balconean, en medio de un ajetreado restaurante. Es uno de los tantos beneficios de la legalización del uso lúdico de la marihuana en ocho entidades de Estados Unidos —Colorado, California, Oregon, Washington y Washington dc, Alaska, Nevada y Massachusetts— que también forman parte de las veintiocho entidades que ya aprueban el uso medicinal de la cannabis.

Jazmín Aguiar es consultora cannábica y representante de Concentrate usa, una de las pocas compañías en Estados Unidos fundada y operada exclusivamente por latinos, para quienes resulta muy difícil involucrarse en la industria de la cannabis por el estigma y la aplicación de leyes en Estados Unidos, que si bien varían de un estado a otro, mantienen un prejuicio hacia la población latina que la asocia a los carteles y ha aumentado con la llamada Era Trump.

Tiene su sede en Denver Colorado y comprende varias facetas. Se especializa sobre todo en el autocultivo de cannabis, la comercialización y distribución al mayoreo de diferentes productos derivados de la marihuana, como el destiler que me acaba de convidar.

Jazmín se encuentra en México pues es productora ejecutiva de Cannabis Salud, un simposio con especialistas de diversos países que se llevará a cabo durante los primeros días de junio de 2017 en Guadalajara, Jalisco, y que tiene por objetivo educar a médicos y académicos sobre el uso de la marihuana medicinal y su posible prescripción en pacientes. Para Jazmín, aunque México llega tarde al debate de la legalización de la marihuana, lo está haciendo de la manera adecuada y siguiendo los pasos precisos:

La mejor oportunidad que tiene México es empezar de cero, ver lo que ha funcionado en Estados Unidos y otros países. Ha empezado muy bien al hacer una legalización a nivel federal, porque un problema de Estados Unidos es que cada estado tiene regulaciones y licencias distintas que pueden poner en peligro al usuario de cannabis con sólo cruzar la frontera a otro estado con regulaciones distintas, incluida su prohibición. La calidad de la mota está directamente ligada con el avance en la regulación de los estados, porque los estándares de control de calidad de la cannabis y sus derivados, los procesos de manufactura, los pesticidas, la calidad de los laboratorios, también varían de un estado a otro. Incluso las etiquetas de los productos son muy distintas según los estados y esto genera un fuerte descontrol. Colorado, que si bien arrancó con una visión muy precisa de estandarización del control de calidad de la marihuana, tiene una gran desventaja y es que estas regularizaciones cambian prácticamente cada mes, y nosotros cada mes tenemos que invertir en los cambios impuestos por el estado, lo cual implica gastos muy fuertes.
Además, ninguno de los estados aprobó una regulación financiera: las empresas dedicadas a la producción y distribución de cannabis y sus derivados no pueden hacer uso de las instituciones financieras de Estados Unidos; todas las acciones económicas suceden en efectivo y las ganancias se tienen que guardar bajo el colchón, literalmente. A pesar de las aprobaciones, el sistema financiero no se puede involucrar con la industria de la marihuana estadunidense, aunque las compañías relacionadas con la cannabis pagan impuestos estatales y federales. Ese es un gran hueco que México puede cambiar, incluso revolucionar para bien.

Tanto para Leopoldo Rivera como para Fernando Belaunzarán, la reciente aprobación de la reforma a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal para la despenalización del uso medicinal o terapéutico de la marihuana en México implica un avance pequeño, pero en el camino correcto:

Cualitativamente es un salto —afirma Rivera—, en el sentido de que durante cinco décadas negaron que la cannabis tuviera propiedades terapéuticas.
Ahora aceptan que el thc sí contiene propiedades terapéuticas, lo cual discursivamente es un avance, pero en la práctica no resuelve nada y sólo permite la importación de productos con thc y cbd, lo cual es carísimo porque un tratamiento de esos implica un gasto de alrededor de 7 mil pesos al mes, no resuelve el problema para los que la necesitan médicamente y tampoco resuelve el problema de los usuarios personales.

Recapitulación

Fue evidente que a la doctora le incomodó mi honestidad. Me dijo que una migraña no es tan grave y básicamente me recomendó aguantar el dolor antes que fumar marihuana porque se trata de una droga. Ilegal.

¿Y qué son los medicamentos para la migraña y tantos otros que integran el universo de la farmacopea? Algunas pastillas contra la migraña me producen la misma distorsión de la conciencia que algunos jalones de mota.

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