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Foto: Especial

En el primer capítulo de Los Soprano Martin Scorsese hace un cameo. Desciende de una limosina y se escurre dentro de un antro. Chris Moltisanti, que se pelea con el cadenero porque no le permite ingresar, le prodiga un piropo: “Kundun”, pronuncia el gángster con el puño cerrado. Este gesto, del show que con el tiempo acabaría convirtiéndose en la mejor serie sobre la mafia, ponía de manifiesto que la importancia cultural de Scorsese sólo era comparable a El Padrino, otro de sus modelos. Y aunque la filmografía sobre Scorsese no trata sólo sobre gángsters, es innegable que sin él la violencia en el cine no sería la misma. Se puede apreciar en una de las salas de Martin Scorsese. La exposición, que se exhibe en el museo Marco de Monterrey. Cuatro pantallas proyectan una recopilación de escenas de sus películas. Una balacera de Goodfellas, De Niro llevándose la mano ensangrentada a la sien imitando que se dispara con un arma en Taxi Driver, el estallido del auto de Ace Rothsetin de Casino.

Más de cuatrocientos objetos conforman esta muestra que es un clavado por la psique del director. Su educación sentimental exhibida en pequeños cortos. Su primera televisión, donde se embebió con el cine italiano, la colaboración con su madre, Catherine, su principal modelo para representar a la matriarca italiana. Que no sólo trabajaba con su hijo, también ha aparecido, en el mismo papel, en varios films de Woody Allen. Y su preocupación por la calidad de las cintas y su deterioro. Lo que lo inspiró a crear una asociación de protección al patrimonio fílmico histórico. Y también una sección dedicada a su propio acervo como coleccionista de parafernalia.

Fotos, carteles de películas, correspondencia, story boards y un sinfín de objetos dan forma a esta exhaustiva exhibición que antes de llegar a la capital mundial del cabrito había pasado por Berlín y Nueva York. Eludiendo la cronología, se encuentra organizada por temas: Familia, Hermanos, Hombres y Mujeres, Héroes Solitarios, Nueva York, Cine, Cinematografía, Edición y Música. Y lo que no podía faltar: la mano de Matt Groening. Un afiche paródico que muestra al Reverendo Alegría, a Krusty y a Ned Flanders como los GoodFellowship.

Más de cuatrocientos objetos conforman esta muestra que es un clavado por la psique del director.

Abundan las reliquias, pero dos son las estrellas principales. El calzoncillo y los guantes de Toro Salvaje. Resguardados por una vitrina con la misma reverencia que se guardan en el museo de la Nasa los trajes de las misiones de los astronautas. Y destaca también un estudio de los tatuajes de Max Cady, De Niro en Cabo de miedo. Una serie de cuatro fotografías donde se observan los tatuajes del protagonista en el cuerpo del actor y correcciones con tinta sobre las impresiones. Y se presumen también los bocetos del vestuario diseñado para Pandillas de Nueva York. También aparece una foto de William Defoe de espaldas, desnudo sobre la cruz, en una escena de La última tentación de Cristo.

Gran parte de la memorabilia está dedicada a dos de sus autores fetiche: Di Caprio y De Niro. De hecho, éste último alimentó esta selección con objetos de su acervo. En uno de los pasillos te golpea una foto de De Niro y Scorsese envejecidos. Esos dos hermanos que tanto aparecen retratados en sus historias. Scorsese siempre ha manifestado la importancia que tuvo su hermano en su vida. Una relación que trasladó a su amistad y trabajo con De Niro. Algo que quiso hacer Tim Burton con Johnny Depp pero con menos fortuna.

En materia de premios, la Palma de Oro de Cannes reposa en una vitrina. Es un armario pequeñito de color rosa pálido que al abrirse muestra una mano con la hoja dorada en el centro.

Escenas breves de los filmes se transmiten en las paredes de las salas. Desde Calles peligrosas hasta sus documentales musicales. Scorsese es el responsable de No Direction Home, sobre la vida de Bob Dylan, Shine a Light, un concierto en vivo de los Rolling Stones y Living in the Material World, sobre la vida de George Harrison. También fungió como productor de la serie Vinyl. El rock es el soundtrack con el que Scorsese ha sonorizado la mayoría de sus películas. Es imposible escuchar a los Rolling Stones y no pensar en Los infiltrados, así como es impensable observar el cartel de la película y no pensar en los Rolling Stones.

Y es una foto en gran formato la que despide la muestra. Antes de salir una imagen de Scorsese con los Stones te dice adiós. No hay duda de que los cinco reunidos son la viva imagen del rock & roll. C

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