Marx y la estatua china de Trier

En la prensa china y en la cubana No dudan en llamarlo “guía”, “guardián”, “estandarte”, “faro”. En tono teosófico, Xi Jinping declaró que Marx era el “más grande de los pensadores modernos” y que el marxismo es un “amanecer espectacular”

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En las grandes democracias del orbe se ha celebrado el bicentenario de Karl Marx. Los principales periódicos de Occidente han dedicado páginas culturales y suplementos literarios a reconstruir las ideas matrices del pensador alemán, a señalar sus aciertos y limitaciones, su persuasión y su tozudez. Ha sido esta la celebración de un pensador moderno, al que se rinde tributo desde la certeza de su falibilidad, de su inmensa y, a la vez, angosta capacidad de comprensión teórica de la modernidad. Digamos que Marx, en contra de sus preferencias doctrinales, ha sido conmemorado más a la manera kantiana que a la hegeliana.

 

Es como si el principal de los regímenes comunistas que quedan en pie, les dijera a los alemanes, en la cuna de Marx, que están equivocados en su laicidad ideológica

 

Y es que en las democracias contemporáneas, Marx no es leído como ideólogo del Estado o gurú de un partido o una secta, sino como un clásico de las ciencias sociales, con la misma vigencia y la misma caducidad que otros grandes pensadores, como John Stuart Mill, Max Weber o Sigmund Freud. El bicentenario de Marx ha confirmado un tipo de lectura crítica, es decir, esencialmente moderna, del autor de El Capital, que pertenece por derecho propio a la tradición de lectura que él mismo practicó en vida. Leemos a Marx como Marx leyó a Smith y a Hegel, a Ricardo y a Feuerbach.

Pero no todos lo leen así. Basta con comparar las portadas y los titulares de la Deutsche Welle, Der Spiegel o el Berliner Zeitung con los del Renmin Ribao (Diario del Pueblo) en China o Granma y Cubadebate en Cuba. En la prensa alemana se ha rendido tributo a Marx desde un laicismo ideológico que prefiere nociones como “sabio”, “visionario” o, incluso, “profeta”. En la china y en la cubana, no dudan en llamarlo “guía”, “guardián”, “estandarte”, “faro”. En tono teosófico, Xi Jinping declaró que Marx era el “más grande de los pensadores modernos” y que el marxismo es un “amanecer espectacular”, una “teoría que resplandece con la luz brillante de la verdad ante los ojos de la humanidad”.

En Alemania, el gobierno chino ha levantado una enorme estatua de Marx.

En Granma se recordaron unas palabras de Fidel Castro, de junio de 1962, es decir, apenas un año después de que la Revolución Cubana se declarara “socialista” y “marxista-leninista”, que dicen: “el marxismo no es solo la única verdadera ciencia de la política y de la revolución, sino que desde que el hombre tiene conciencia de sí mismo, es la única interpretación verdadera del proceso del desarrollo de la historia humana”. Frase ante la que Marx, según una famosa carta de Engels a Schmidt, habría tenido la misma reacción que ante algunas ideas —muy creativas, por cierto— de su yerno cubano, Pablo Lafargue: “lo único que sé es que no soy marxista”.

 

En las democracias contemporáneas, Marx no es leído como ideólogo del Estado o gurú de un partido o una secta, sino como un clásico de las ciencias sociales

 

Donde mayores discordias ha provocado el bicentenario tal vez sea en Trier, la pequeña ciudad occidental de Alemania, muy cerca de la frontera con Luxemburgo, Bélgica y Francia, donde nació Marx. En ese pacífico y católico lugar de la Renania, de menos de 100 000 habitantes, donde la edificación más alta probablemente es la Catedral de San Pedro, el gobierno chino ha levantado una enorme estatua de Marx. Y lo que molesta a algunos vecinos, al parecer, no es que honren a Marx en su casa sino que la estatua sea china.

Es como si el principal de los regímenes comunistas que quedan en pie, les dijera a los alemanes, en la cuna de Marx, que están equivocados en su laicidad ideológica. Que es erróneo sopesar racionalmente las virtudes y errores de su célebre paisano. Que deben tomarlo de “guía”, “guardián” y “estandarte” de la “única interpretación verdadera de la historia”. Es lógico, entonces, que algunos católicos vecinos de Trier, vean el regalo chino como el caballo de Troya de una religión sustituta, que ampara la violación masiva de derechos humanos.

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
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