Medio siglo de Paradiso

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Hace cincuenta años la editorial Unión, en La Habana, editó por primera vez la novela Paradiso de José Lezama Lima. Se trataba del Bildungsroman de un joven habanero, José Cemí Olaya, alter ego del propio Lezama, en la Cuba de la primera mitad del siglo XX. Familia, lecturas, amigos, religión, sexo y ciudad se volcaban en una prosa exuberante, a ratos ingeniosa, pero siempre barroca.

Era, como el propio Lezama lo concibió, el paso de una poética de la literatura y de la propia historia de Cuba a la ficción.

Lezama era un poeta y un ensayista admirado fuera de la isla desde los años 40 y 50, cuando dirigió la importante revista Orígenes, donde publicaron Octavio Paz, Carlos Fuentes y algunos de los mejores escritores de la lengua.
Los seguidores de Orígenes habían leído cinco capítulos de la novela, entre 1949 y 1955, que Lezama publicó en números sucesivos de la revista. Los muchos amigos del poeta en el mundo esperaban la edición definitiva de su novela.

El impacto de la publicación, dentro y fuera de Cuba, fue evidente. Algunos escritores del boom de la nueva novela, como el argentino Julio Cortázar o el cubano Severo Sarduy, se convirtieron ya no en lectores sino en devotos y exégetas de Paradiso. A dos años de la edición habanera ya había ediciones de Paradiso en Era (Ciudad de México) —gracias a la insistencia de Carlos Monsiváis—, en Ediciones de la Flor (Buenos Aires) y en Ediciones Paradiso (Lima).

Otros narradores del boom, como Mario Vargas Llosa, aunque no se entusiasmaron tanto —el peruano siempre admiró más a Alejo Carpentier que a Lezama Lima—, reconocían que la aparición de Paradiso era un acontecimiento. En su “Crónica de Cuba” (1966), publicada en Cuadernos del Ruedo Ibérico, escribía Vargas Llosa: “¿no es significativo que el libro más importante aparecido en Cuba en los últimos años sea la novela Paradiso del católico (y poeta hermético) Lezama Lima?”.

Dentro de la isla, además de seguidores, Lezama y Paradiso se ganaron muchos detractores, que desde el poder político y la burocracia cultural intentaron contrarrestar la buena recepción de la novela. Ejemplares del libro fueron retirados de librerías y el funcionariado ideológico propagó una pertinaz estigmatización de Lezama, en la que se juntaban machismo, homofobia y ateísmo. La conjunción de nacionalismo católico e imágenes fálicas, de los parlamentos eruditos de Fronesis y Foción y las orgías de Farraluque y el guajiro Leregas, era un escándalo para la nueva élite comunista.

Al rechazo oficial de Lezama Lima por su catolicismo, su homosexualidad y, también, su refinamiento intelectual, se sumó en 1968 el apoyo del viejo escritor a Heberto Padilla, un joven poeta que en un cuaderno de ese año, Fuera del juego, cuestionó abiertamente los rasgos cada vez más estalinistas del socialismo cubano. A partir de entonces y hasta su muerte, en 1976, el autor de Paradiso, que era venerado por lo mejor de la literatura iberoamericana, se convirtió en un exiliado dentro de su propia isla.

rafael.rojas@razon.com.mx

Rafael Rojas

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Historiador, internacionalista.
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