México, entre dos metáforas

Los místicos, los poetas y los políticos conocen el asombroso poder de las metáforas. Ese poder fue utilizado de manera inteligente por el Lic. López Obrador, en su discurso electoral, que lo llevó al triunfo en las votaciones del 1 de julio

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Los místicos, los poetas y los políticos conocen el asombroso poder de las metáforas. Ese poder fue utilizado de manera inteligente por el Lic. López Obrador, en su discurso electoral, que lo llevó al triunfo en las votaciones del 1 de julio. Sin embargo, una vez que se desmontan los templetes y se retiran los carteles, se plantea el terco problema de cómo pasar de los dichos a los hechos.

Los mexicanos nos encontramos suspendidos entre dos metáforas políticas, que si bien no son incompatibles e incluso pueden ser complementarias, no pueden servir, al mismo tiempo, como bandera de los futuros actos de gobierno.

Una transformación es un cambio profundo por medio del cual se pasa de una estructura a otra, a veces, de manera irreconocible. Por ejemplo, las feas orugas se transforman en hermosas mariposas

Por una parte, está la idea de la regeneración, inscrita en el nombre mismo del movimiento político que llevó al poder al Lic. López Obrador. Por la otra, la idea de la transformación, descrita como la cuarta de nuestra historia nacional, imagen que a partir de la campaña electoral se ha apoderado de la imaginación popular.

La regeneración es el proceso por medio del cual se restablece algo dañado. Por ejemplo, un tejido orgánico se regenera después de haber sido afectado por una lesión o una enfermedad. En un plano moral, una persona se regenera cuando deja las malas prácticas, recuperando salud, libertad e integridad.

Una transformación es un cambio profundo por medio del cual se pasa de una estructura a otra, a veces, de manera irreconocible. Por ejemplo, las feas orugas se transforman en hermosas mariposas. En el plano moral, un ser humano se transforma cuando adquiere una nueva personalidad, otra concepción del mundo y sus valores.

Los conceptos de regeneración y de transformación desempeñan papeles distintos en el discurso político. Cuando se habla de la necesidad de una regeneración social, se asume que el colectivo en cuestión se encuentra en un estado de decadencia, de corrupción, de abatimiento. La regeneración supone, en parte, recuperar un estado anterior, en donde las cosas estaban mejor, pero no se limita a ello. Regenerar significa permitir que las fuerzas positivas de una sociedad, puedan resurgir. De las mismas raíces surgen nuevos tallos con nuevas flores. Cuando se habla de transformación social, en cambio, lo que se busca es dejar atrás la situación anterior, para construir algo totalmente nuevo. Una transformación puede ser algo muy parecido a una revolución. Las tres transformaciones anteriores de México fueron brincos hacia adelante, pero también violentas guerras fratricidas. Construyeron sobre lo que habían destruido. Lo que se buscaba no era curar la raíz del árbol enfermo, sino extraerla para plantar un árbol completamente distinto.

Andrés Manuel López Obrador y su gabinete, durante una reunión el 20 de agosto.

¿Qué requiere México hoy? ¿Una regeneración o una transformación? Algunos dirán que la prioridad es la regeneración: reconstruir el tejido moral y social, sin lo cual no podríamos avanzar de ninguna manera. Otros, en cambio, afirmarán que lo imperativo es abandonar el modelo existente, la democracia neoliberal, para implantar uno nuevo que resuelva los problemas de la violencia, la injusticia y la pobreza. Nos encontramos frente a dos caminos distintos con sus respectivos riesgos y promesas.

No faltarán quienes sostengan que México necesita las dos: una regeneración y una transformación. Quizá estén en lo cierto. Pero entonces surgen varias preguntas. ¿Acaso debemos emprender una regeneración antes de comenzar una transformación? O, por el contrario, ¿hay que transformar primero para regenerar después? ¿Qué entender por una “regeneración transformadora” o por una “transformación regeneradora”?

El riesgo es caer en juegos de palabras. El poder de las metáforas no debe confundirnos. No debemos permitir que su embrujo nos aturda.

La regeneración es el proceso por medio del cual se restablece algo dañado. Por ejemplo, un tejido orgánico se regenera después de haber sido afectado por una lesión o una enfermedad

Sin claridad conceptual no habrá claridad en la acción. Como dice el filósofo Carlos Pereda, no debemos olvidar la regla, “¡Ten cuidado con las palabras!”, en nuestra vida diaria y, sobre todo, en nuestra práctica política. De otra manera, corremos el riesgo de perdernos en la jungla de la demagogia y dentro de esas espesuras no encontraremos regeneración ni transformación alguna.

Si algo le ha faltado al nuevo equipo de gobierno es mayor precisión en los conceptos que maneja en sus propuestas doctrinales. Esa debilidad ha provocado la ambigüedad, la indefinición e incluso la contradicción que han caracterizado sus primeros pasos en el terreno ideológico. México no puede seguir suspendido entre dos metáforas. Es hora de elegir aquella que inspirará nuestra acción inmediata.

Guillermo Hurtado

Guillermo Hurtado

Filósofo, investigador.
Guillermo Hurtado

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