25 años impune

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Por:

Pedro Sánchez Rodríguez

La mañana del domingo la periodista Carmen Aristegui anunció un nuevo reportaje de su equipo de investigaciones especiales que ahondaba en el poco agraciado perfil intelectual y ético del presidente Enrique Peña Nieto. Ese mismo día el reportaje reveló que el presidente mexicano plagió un tercio de su tesis de licenciatura de varios autores entre ellos el ex presidente Miguel de la Madrid.

El reportaje opacó la agenda noticiosa del domingo virtualmente dominada por la clausura de las Olimpiadas, que dieron como resultado cinco medallas para México y dos semanas de críticas al todavía director de la CONADE, Alfredo Castillo, por llevar a su novia a su trabajo y por sus cínicas y evasivas respuestas a los cuestionamientos por la visible falta de apoyo del gobierno mexicano a sus atletas. A su vez, el reportaje tuvo el acierto de salir a escena en la noche previa al inicio de clases, el cual en varios estados del país ha estado condicionado por la ausencia en las aulas de maestros de la CNTE que mantienen su protesta en contra de la reforma laboral a la educación. Además, fue divulgado días después de que The Guardian publicara un reportaje que afirma que existe un conflicto de interés, ahora, entre Ángelica Rivera y Grupo Pierdant, potencial contratista del gobierno federal. Esta noticia diluye el hecho de que el presidente pidió perdón por la “percepción” que generó el que su esposa posea una casa de siete millones de dólares construida por grupo Higa, contratista del gobierno del Estado de México cuando Peña Nieto era gobernador.

La vocalía de la presidencia intentó restarle importancia al reportaje sobre el plagio del presidente, ironizando sobre el hecho de que la tesis del presidente sea noticia 25 años después. Si el espacio y la memoria fueran inagotables, y no nos limitáramos a los últimos dos meses y a un párrafo, nos daríamos cuenta de que la trayectoria profesional del presidente está plagada, si, de momentos chuscos pero sobre todo de trampas y corruptelas. Este último intento por hacer arqueología de su pasado terminó en su tesis de licenciatura y por supuesto que es relevante. A pesar de su poca espectacularidad comparado con otros reportajes, rebela que el presidente ya se sentía intocable desde los 25 años. Un esfuerzo menos miope debería reportar su relación con Arturo Montiel y sus actos de corrupción, debería de llevarnos a todas aquellas personas que influyeron para producir este sentimiento. Sus consecuencias se notan: la máxima figura de nuestro sistema político es un hombre que se volvió presidente haciendo y viendo hacer las cosas mal, ¿por qué no habría de repetir la fórmula?

@hastaelPeter