Enfermeras resienten discriminacion

Enfermeras resienten discriminación
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Con la pandemia de coronavirus el uniforme de enfermería se ha convertido para unos en una señal de alerta. En paradas de autobuses los pasajeros evitan sentarse a lado de quienes lo visten; incluso alejan a sus hijos por temor a “que traigan algo”.

Jessica Corrales, enfermera en el Hospital Manuel Gea González, afirmó que no ha sido exenta a agresiones, pese a que en redes sociales circulan mensajes que llaman a no maltratar a quienes ejercen esta labor; pues el rechazo al gremio se han vuelto costumbre en los últimos días por el temor al virus.

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Relató que en su trabajo sigue un protocolo diario para la colocación y retiro del equipo de protección que consiste en “una mascarilla que impide la filtración del aire; goggles que marcan el rostro y ahogan el calor y guantes, pero algo para lo que no hay protección es para el rechazo de la gente cuando los ve”.

Señaló que, con tristeza, ha notado cambios del comportamiento de la población hacia su gremio, sobre todo desde que llegó el coronavirus al país.

“En este momento nuestro rol de aceptación en la sociedad, por ser una profesión noble y solidaria, se ve marcado por la exclusión. Me he sentido violentada al dirigirme al trabajo con uniforme clínico y escuchar comentarios de ese tipo (de rechazo)”, indicó Corrales.

Al subir al transporte público, admitió, los identifican inmediatamente.

“Me he sentido violentada al dirigirme al trabajo con uniforme clínico y escuchar comentarios de ese tipo (de rechazo)”

Jessica Corrales

Enfermera

La enfermera agregó que entre sus compañeros del hospital comentan que si se sientan al lado de una persona, ésta se quita de inmediato; incluso en algunos transportes se niegan a subirlos.

Es tanto el rechazo, que han tomado otras medidas para trasladarse y así evitar las miradas y el maltrato, aseveró. Y es que, al verlos, creen que su ropa está contaminada, desconocen que sus uniformes son para salir, mientras que en las clínicas y hospitales lo reemplazan por material clínico y equipo de protección.

“Estamos optando por viajar en plataformas de transporte o taxis y llegar de civil al hospital, para no arriesgarnos a ser agredidos en la calle. Realmente no tienen un motivo fundamentado para que seamos agredidos, reitero, es parte de la mala información.

“Portamos un uniforme (blanco), pero en el hospital brindamos atención en uniforme quirúrgico y es un cambio total de ropa para evitar justo eso, contagios; decidimos bañarnos en el hospital y llegando a casa, estamos conscientes del riesgo latente”, precisó.

Además, Jessica reconoció sentirse violentada, pues ha recibido comentarios como “aléjate, seguro traes el virus”; aunque no culpa a la población, porque, sin duda, dijo, tiene mucho que ver con la falta de información.

Cuestionada sobre cómo calificaría la actitud de la ciudadanía ante la pandemia, opinó que debe entenderse que enfrentamos una emergencia sanitaria y que son notables las consecuencias de no atemer las medidas preventivas.

Y es que a diario escucha gente que afirma que “esto no es real”, “es una trampa del Gobierno” o “el virus no llegara aquí, nos quieren asustar “.

Para ella es frustrante que persista ese pensamiento, cuando la población tiene en sus manos la posibilidad de disminuir el número de contagios con una simple acción: quedarse en casa.