Era lavaplatos en EU, se hizo chef… y aquí Lady le cerró

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Fotos Tomadas del Facebook de ambos dueños


Eduardo García y Gabriela López Cruz son los jóvenes propietarios de Maximo Bistrot, el mismo que ordenó cerrar Andrea Benítez, hija del titular de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), Humberto Benítez Treviño. En su pequeño restaurante, que ya era conocido por las reseñas que han hecho de él revistas culinarias, dan empleo a doce personas y a decir de la dueña del espacio que arriendan, siempre son cumplidos y pagan a tiempo.

Pero ayer el local estuvo cerrado todo el día. Comensales que suelen acudir al lugar comentaron que esperan pronto verlo abierto y expresaron que el restaurante es obra del esfuerzo de Eduardo, quien empezó su vida laboral como lavalozas en un restaurante en Atlanta, Estados Unidos, donde vivía con su familia.

A los 16 años de edad ingresó a la Brasserie Le Coze (de los mismos dueños del Le Bernardin de Nueva York) allí mismo en Atlanta, y posteriormente se mudó a Nueva York. Ahí conoció al chef Enrique Olvera, dueño del restaurante El Pujol. Ya de regreso en México, García trabajó con él por tres años, en los cuales conoció a su actual novia y socia, Gabriela López.

En diciembre del 2011, decidieron abrir el Máximo Bistrot, y desde entonces han recibido diversos reconocimientos, como el de “Mejor Comida del Distrito Federal del 2013”, según la guía gastronómica Zagat.

Según Zagat, para comer ahí es necesario reservar desde un día antes, ya que “el trato personalizado” de los dueños, les obliga a tener pocas mesas.

“Con la mejor tradición de un bistrot, el menú cambia a diario, dependiendo de los productos que se encuentren en los mercados y sus proveedores, que incluyen los chinamperos de Xochimilco, la Comercializadora Sargazo de Ensenada, Baja California, y hasta un buzo profesional que pesca en Puerto Ángel, Oaxaca, y que esporádicamente les surte pulpo, atún, cherna y callo de almeja. El pan es de una panadería local y artesanal llamada Pancracia”, dice la guía.

Amado Hidalgo, dueño del inmueble de Tonalá 133, donde opera el Máximo, fue testigo de la manera “prepotente” de actuar de Andrea Benítez, la hija del procurador Federal del Consumidor: “Vi a una mujer muy joven y ruidosa que amenazaba con cerrar. No creí que fuera capaz, hasta que vi llegar a las patrullas y a los verificadores”.