La Torre de Babel en la que la ayuda une a razas

Venezolanos, rusos, colombianos... se solidarizan en el rescate de víctimas; esta zona fue afectada en el 85 y recobró su esplendor

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Momento del rescate de Óscar Cantellano, quien gracias a un mensaje de WhatsApp, logró ser encontrado con vida. Foto: Javier Chávez

En una banca de la Plaza Popocatépetl una mujer habla en ruso por teléfono; más adelante, en Sonora y Avenida México, unas modelos con tacones altos exclaman en inglés “oh my god, oh my god”, y un venezolano organiza el rescate de su vecina, una mujer mayor que quedó atrapada en un departamento del piso 5 del inmueble ubicado en el 149 de Sonora, a un costado del parque que el piloto Charles Lindbergh visitó en 1927.

Aquí es una Torre de Babel, en la que se funden nacionalidades y razas con el único objetivo de ayudar, ya sea acarreando escombros en cubetas, organizando paquetes médicos o hidratando a los voluntarios, como Carolina Pérez, una joven colombiana que recorre la esquina de Laredo y Amsterdam, donde un edificio de nueve niveles se colapsó por completo.

“Llegué acá a las dos de la tarde a ayudar, a apoyar. Estoy ayudando con el agua, tratando de organizar en lo que más pueda.

“No puedo no ayudar. Yo podría ser la que está allá”, dice.

Ahí también está Santiago Chavira, de 16 años de edad, y quien porta orgullosamente su uniforme de boy scout y levanta pesados bloques de cemento para abrir paso a los equipos de emergencia.

Santiago Chavira, un scout apoyó ayer retirando bloques.
Foto: Javier Chávez

“Tu deber como ciudadano y como mexicano es tener la solidaridad para poder apoyar a todos los demás. Vas a venir a ayudar si es que puedes hacerlo”, dice.

Han pasado apenas unos minutos desde que el terremoto sacudió esta colonia del centro de la Ciudad que fue abandonada tras ser devastada por el sismo de 1985, pero que a mediados de los noventa comenzó a gentrificarse.

En esa esquina los fotógrafos buscan el mejor ángulo mientras un albañil, Jorge Pérez, continúa su labor. El trabajador, que estaba en una construcción cercana cuando ocurrió el terremoto, de inmediato tomó un zapapico y comenzó a picar piedra.

Jorge está cansado y Carolina le pasa una botella de agua que derrama sobre su cabeza para refrescarse.

“Ni lo pensé”, dice el albañil originario de Oaxaca.

En el lugar, modelos argentinos se sacan la camisa y ayudan a levantar piedras. Pero todos los acentos se sofocan cuando los rescatistas que lograron escalar hasta la parte superior de la pila de escombros pide silencio.

Entonces todas las manos de todos los colores, de toda Latinoamérica, de todo el mundo, se levantan para pedir silencio al menor indicio o a la menor señal de una voz humana, de un quejido en medio de los escombros.