Migrantes dan portazo; la PF contiene ingreso de la caravana

Migrantes dan portazo; la PF contiene ingreso de la caravana
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Eran cuatro mil 600 y contando. El calor era sofocante en la frontera que divide a Guatemala con México: 35 grados a la sombra cuando tocó a la puerta del país la avanzada de la caravana migrante. Pese al cansancio, los pies ampollados y la deshidratación después de recorrer 459 kilómetros desde San Pedro Sula, Honduras hasta Tapachula, al avistar la reja donde termina territorio guatemalteco y el inicio del puente que los llevaría al “sueño mexicano” inyectaron nuevos bríos y al grito de: “sí se puede, vamos” tumbaron con violencia la valla.

Al entrar al paso internacional, los más ágiles corrieron rumbo a la barrera que separa a ambas naciones para tratar de dar portazo y dejar pasar al contingente conformado por hondureños, salvadoreños y guatemaltecos; pero elementos de la Policía Federal ya los esperaban para contener la estampida. Los migrantes usaron a niños, mujeres y adultos mayores como escudo humano para evitar que la Policía respondiera a las piedras, botellas, petardos y otros objetos que lanzaron y que lograron hacer daño a 10 personas, seis de ellas, elementos de la PF.

[caption id="attachment_815399" align="alignnone" width="696"] Algunos migrantes saltaron al río Suchiate para ingresar a territorio nacional. Foto: Jorge Butrón, La Razón[/caption]

Menores de cinco, nueve y 13 años, así como una mujer de la tercera edad fueron rescatados de la turba y llevados a las instalaciones del Instituto Nacional de Migración (INM) para que personal especializado y médico los atendiera.

La masa coreaba al unísono: “no somos rateros, queremos trabajar, no somos delincuentes, déjenos pasar”, mientras que empujaban para ingresar al país. Ante la desesperación, hubo muchos que se lanzaran al río Suchiate desde una altura de siete metros para librar a las autoridades.

La Policía Federal realizó trabajo de contención y regresó al orden. Logró devolver a los migrantes que se lograron colar por las esquinas y los techos del INM. Más tarde, con menos tensión, el comisionado de la PF, Manelich Castilla Craviotto, instruyó dejar pasar a grupos vulnerables que, cansados, no resistieron y se desvanecieron: “ingresen a esos niños, ayuden a las señoras, atiendan a los heridos”, fue el grito de auxilio que se escuchó.

Al transcurrir las horas, el Gobierno envió autobuses para llevar a los centroamericanos a la estación migratoria de Tapachula, donde comenzará a resolverse su situación legal en el país. Entre la multitud corrió la alerta de no subirse a ellos porque serían deportados y sólo 300 aceptaron.

Al caer la noche, los migrantes sólo pedían agua y comida. La necesidad de pasar fue sustituida por la del hambre y sed, pues muchos de ellos no llevaban alimento ni dinero.

“Hoy perdimos a una niña, se nos murió una bebé de una acompañante que venía con nosotras desde San Pedro. Se nos están muriendo las personas y no nos dejan pasar”, expresó una mujer, quien se apostó en la reja del puente fronterizo donde minutos después se desvaneció.

Elementos de la Secretaría de Marina acudieron con equipo médico y agua para proporcionarla a los miles que entre rezos empezaban a acomodarse para pernoctar en el puente.

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Entran sólo quienes pidan refugio: INM

El Instituto Nacional de Migración informó que sólo se permitirá la entrada a los migrantes que busquen una condición de Refugio.

Claudia Gutiérrez, integrante del INM dijo a La Razón que las 300 personas que lograron entrar al país por medio de autobuses serán trasladadas a la estación migratoria de Tapachula, Chiapas, donde se les preguntará si desean comenzar a realizar el trámite de refugio; en caso de no aceptarlo, serán deportados a la brevedad.

“El trámite dura un año aproximadamente y en ese tiempo pueden pedir trabajo acá, ya que tienen de alguna manera protección, pues ya están en un proceso; pero quienes no quieran y sólo deseen cruzar, se les regresará a su país”, explicó.

[caption id="attachment_815400" align="alignnone" width="696"] Uno de los integrantes de la caravana, tras la riña con policías federales. Foto: Jorge Butrón, La Razón[/caption]