“Queremos politicos de los que ayudan, no de los que roban”

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Después de haber iniciado su camino por la arquitectura en el Instituto Politécnico Nacional, Héctor Suárez encontró su vocación en los escenarios estudiantiles. Se convirtió en actor hace 57 años. En una entrevista muy personal habla sobre su infancia, sus inicios en el teatro, de cómo salió de un barrio bravo a los 12 años, y de la política, la cual, asegura, “es un negociazo”. Por ello decidió participar en los anuncios de un partido político de reciente creación, porque asegura que “queremos políticos de los que ayudan, no de los que roban”.

Bibiana Belsasso: Héctor, tuviste una niñez muy difícil, en un barrio muy duro, platícanos un poco de esto.

Héctor Suárez: Sí, fue un barrio difícil, las circunstancias que me rodearon eran complicadas, nada fáciles; pero, tuve la gran fortuna de tener una abuela maravillosa, una que era una hada madrina…

Belsasso: Ella te crió, prácticamente.

Suárez: Era mágica, un ser hermoso, muy bello. Una mujer sabia, con una inteligencia clara y sabiduría innata.

Belsasso: ¿Viviste mucho tiempo con ella y con tu hermano, nada más?

Suárez: Hasta los 12 años, cuando me salí de la casa.

Belsasso: ¿A dónde fuiste?

Suárez: Me fui con una mujer.

Belsasso: ¿A los 12 años?

Suárez: A los 12 años.

Belsasso: ¿Cuántos años tenía ella?

Suárez: Era más grande que yo, 25.

Belsasso: ¿Cuánto tiempo te fuiste con esta mujer?

Suárez: Ella me sacó de un hoyo, de la colonia Obrera. Era una persona muy preparada, leía mucho, me ayudó, fue algo que se presentó en mi vida. Llámalo una pareja que me hizo salir del hoyo en el que vivía, a todos los niveles: intelectual, literario, en la pintura. Ella era escultora y pintora, me fue enseñando el camino “intelectual”. Yo nunca me he considerado un intelectual.

Belsasso: ¿Pero influyó un poco para que estudiaras arquitectura?

Suárez: Estudié unos años de arquitectura, estaba en el segundo año de la carrera en la Escuela Vocacional de Ingeniería y Arquitectura en el Poli, hubiera pasado a primero de superior en la E.S.I.A., pero se me atravesó esta profesión tan hermosa y dejé la arquitectura, temporalmente, porque la casa de mis amigos y donde vivo, está hecha por mí.

Belsasso: ¡Qué hermoso!, tampoco te esperabas que se te cruzaran estos caminos de la actuación, creo que fue una cuñada tuya la que te impulsó.

Suárez: Fue una novia de mi hermano, muy extraña, una española que visitó a mi hermano cuando estaba enfermo. Le pedí que se esperara, que no lo despertara porque pasó muy mala noche, la veo mover los labios, le digo ¿qué haces? "Estoy repasando líneas para una cosa, estoy estudiando para actriz", me respondió. "¡Ay, no manches! A ver, ¿no me quieres tomar las líneas?", le dije.

Era una escena de Irwin Shaw, Enterrar a los muertos, me acuerdo muy bien, le ayudé a leerla y me dijo: "¿por qué no te metes a actuar?". "¿Estás loca?, ¡chale!", le contesté. Yo era ñerote del Poli, jugaba fútbol americano, prácticaba box, imagínate, qué iba yo a querer ser actor. Y así me estuvo molestando cerca de dos meses y para que ya no me siguiera fastidiando, le dije: "ok, vamos". Y me llevó de oyente a la clase de Carlos Ancira.

Belsasso: ¿Fue tu gran maestro?

Suárez: Sí, claro. Cuando llegué ahí, pasó algo, era un 23 de noviembre de 1958, tenía 20 años, ahora tengo 77, entonces son 57 años de actor.

Belsasso: El maestro Ancira te marca y, ¿cuándo empiezas a trabajar?

Suárez: Cuando llego a esa clase de oyente estaban preparándose para sus exámenes para pasar a tercero y al estar ahí oyendo al maestro Ancira, algo me hizo levantar la mano, no sé qué fue. Me volteó a ver me dijo: "Dígame ", ¿Puedo pasar al escenario?, le pregunté y él constestó: "¿Qué?"

Belsasso: ¡En tu vida habías actuado, ni te había pasado por la cabeza!

Suárez: No, en mi vida. Entonces volteó a ver a todos los alumnos y les dijo: "Compañeros, aquí el señor vino de oyente y quiere pasar al escenario, ¿lo dejamos?". Y todos ya sabes, ¡sí!, seguramente para burlarse. Me pasó al escenario y me dijo, "¿qué quiere hacer?"—Los ejercicios que le puso a los alumnos—. Me puso uno y me acabaron aplaudiendo.

Belsasso: Tengo un maestro muy querido, el maestro Quintanilla, él me dice,

Héctor Suárez es un actor nato, porque él ve la vida, analiza lo que está

pasando y lo plasma de una manera impresionante. Porque, además de todo, tienes una sensibilidad muy grande.

Suárez: Independientemente que tenemos facultades dadas allá arriba, son prestadas, a ver qué hacemos con ellas. Luis Miguel tiene una cara y una voz hermosas.

Eso es importante, saber qué haces con lo que se te brindó de arriba, todo viene de allá. Cuando descubro la actuación, bajé con fiebre, sudando, como si me hubiera cambiado el metabolismo, algo me pasó, al día siguiente dejé la carrera. Cuando bajé del escenario, Ancira me dijo, "y usted, ¿quién es?" —Yo soy Héctor—, "¿qué hace?" —Estudiar arquitectura— "¿No quiere echarse un café? —Va—. Era el Café Río, en Córdoba y Orizaba. Nos tomamos uno y ahí empezó mi carrera, dejé la arquitectura, todo.

Belsasso: ¿Empezaste a trabajar muy rápido?

Suárez: No te creas, me costó mucho trabajo. Arranqué con Ancira y durante nueve años y medio hicimos un teatro muy importante para México, introdujimos la gran vanguardia en el país junto con Alejandro Jodorowsky, en la que hacíamos obras de Kafka, Ionesco, Strindberg, un teatro muy difícil, pero se colocó. A mucha gente le molestó el talento de Alejandro, a mí no, yo cogí a un Alejandro creativo, virgen, aprendimos de él. Era amigo de Marcel Marceau, ya habíamos tomado todos los alumnos clases de pantomima, llevábamos año y medio tomando clases, pero que Marceau fuera nuestro maestro tres semanas, ¡qué suerte!

Belsasso: ¡Una maravilla!, además de un teatro serio, pasas a la comedia, mucha gente te ve como comediante.

Suárez: Sí, me dicen cómico y no me molesta, para nada, lo que pasa es que no lo acepto, soy un actor genérico.

Belsasso: Haces todos los papeles que se te presenten.

Suárez: Sí, canto, bailo, hago de todo, si ves la obra que estoy haciendo, me vas a ver bailar y brincar a mis 77 años; bailo danzón, rock, boogie, bailo todo. Eres tan viejo como te sientas, porque todo está aquí en el corazón.

Belsasso: Por eso no se te ven los 77 años, ¡qué impresión! ¿Siempre has sido tan espiritual?

Suárez: Sí, tenía una relación con Dios, porque es el que me enseñaron de niño, decían que Diosito era el maestro Jesús. Yo me iba todas las mañanas caminando de la colonia Obrera al Centro Escolar Revolución, que era la cárcel de Belén, que después hicieron escuela, pasaba por una iglesia con la imagen de Jesús, no entendía por qué estaba lleno de sangre de sus rodillas y todo, a mí me laceraba mucho y hablaba con él. Tenía una fe y una relación muy hermosa con él, una fe inquebrantable, que se ha acrecentado más.

Belsasso: Además de todo, meditas.

Suárez: Sí, he estado estudiando meditación trascendental, física cuántica, filosofía, soy un meditador.

Belsasso: De alguna forma te ayuda a estar bien contigo y con tu entorno.

Suárez: Sí, porque la máquina humana está diseñada para hacer lo que quiera, basta que tú decretes lo que quieres hacer, a dónde quieres llegar y si te lo propones lo haces, estamos capacitados para eso.

Belsasso: Eso te ha ayudado con los conflictos que has tenido: un divorcio, distanciamientos y acercamientos con tus hijos, eres muy de familia.

Suárez: Sí, sigo viendo a Pepita, mi primera esposa. Hoy hablé con ella una hora por teléfono, le llevo flores, la sigo amando, fíjate la palabra que uso.

Belsasso: Es la mamá de tus hijos

Suárez: Puedes amar a una persona y aunque el amor ya no es el mismo, la sigues amando. Lo que rodea o acompaña ese amor tal vez ya no es un beso o un abrazo, o hacer el amor; el amor no se va nunca cuando realmente una persona vale la pena, como Pepita, que es un ser hermoso, un ser bello, que Dios la bendiga, es un ser que me ayudó mucho, me sacó del hoyo, es muy inteligente, puro y hermoso.

Belsasso: Me encanta que hables así, soy quien soy por las parejas que he tenido y por lo que he vivido.

Suárez: Sí, tú eres la consecuencia de todo lo que has vivido.

Belsasso: Y tienes ahora otra mujer, con otro bebé.

Suárez: Sí, hermosa, ya llevo 25 años con Zara, que es una mujer hermosa, guapérrima. Tengo una nenita de tres años y un niño de 17 con ella.

Belsasso: ¿Qué tal tener una nenita de tres años, de la edad de tus nietos?

Suárez: Ninguno de mis hijos, ni Julieta, de 43 años, ni Héctor, de 46, ni

Rodrigo, de 17, han sacado la genética tan marcada mía de actor. Ella es una niña de tres años cuatro meses que nos tiene enloquecidos.

Belsasso: Héctor es un gran actor.

Suárez: Sí, pero esta niña nos tiene enloquecidos por lo que habla y cómo se expresa.

Belsasso: Ahora tenemos que hablar de política.

Suárez: ¡Qué flojera!

Belsasso: ¿Te duele México?

Suárez: En el alma, me puede mucho todo lo que pasa, que haya tanto traidor, bandido, ratero, mantenido de la nación, tanta gente sin escrúpulos. Qué bonito sería que pelearan todos por ayudar, pero no, no lo hacen, sólo es para hacerse ricos. El gobierno es un negociazo.

Belsasso: Hablando de los anuncios que hiciste de Encuentro Social, hay mucha gente que te dice que cobraste por esos anuncios.

Suárez: No me importa que digan lo que digan, me vale madre, me tiene sin cuidado, yo soy quien soy.

Belsasso: ¿Por qué los hiciste?

Suárez: Porque estoy convencido. A mí no me gustan las opiniones que han dado abierta y públicamente de la religión, cada quien tiene la suya, de pronto un cretino no sé cómo se llama, de Jalisco, dijo que está en contra del aborto y de las relaciones gay. De qué habla este imbécil, es un estúpido, y está en el partido. Generalmente todos piensan así y es algo que ya me está empezando a afectar.

Belsasso: ¿Ya te arrepentiste de haber hecho esos anuncios?

Suárez: No, no estoy arrepentido; quiero seguir, tengo muchos amigos dentro de esto, muy importantes y valiosos, que vamos a luchar y pugnar porque no haya fuero y porque no haya políticos. Aunque en un partido tiene que haber políticos, queremos políticos de los que ayudan, no de los que roban. Y ahí vamos, pero si no sale así, cuando menos me queda la satisfacción de haber luchado y buscado un lugar, y una trinchera, donde pensé que iba a ser alguien. Si no se hace, seguiré en mi trinchera personal, luchando yo solo.

Belsasso: Que siempre has sido luchador, a mí, por ejemplo, el personaje de El no hay, me encanta.

Suárez: El no hay es una víctima del sistema, no es que diga que por flojo es una víctima, es la consecuencia de un sistema que le dice que no hay, si no hay arriba, ¿cómo va a haber abajo?

Belsasso: En un mundo ideal, ¿qué es lo que te gustaría ver? ¿Cómo hacer para tener un mejor México?

Suárez: ¿Un mejor México?, ¡híjole!

Belsasso: ¿Imposible?

Suárez: Pues sí, el país es hermoso, es de primera, toda la riqueza que tiene, lástima que estemos inmersos en la corrupción, en la porquería, en la trampa, en el a ver quién chinga a quién y el a ver quién roba a quién. Es terrible, la honradez es muy difícil.

Belsasso: Muy difícil. Ahora preguntas cortas, ¿cuál es tu día más triste?

Suárez: Uy, tengo muchos, muchos, tengo muchos días tristes.

Belsasso: ¿Alguno en particular?

Suárez: Son muchos… tenía cinco años y mi mami era esteticista. Venía con su petaquita tocando de puerta en puerta para ver quién quería que le arreglara las uñas o el pelo. En esa búsqueda, un día encontramos unas gordas ricachonas de la colonia Anzures, mi madre iba martes y jueves a arreglarlas. A mí me gustaba que me llevara los jueves, porque no estaba Pepito, el niño que vivía ahí. Agarraba todos sus juguetes: había un frontón y tenía un avión de pedales.

Andaba ahí, feliz, cuando empecé a oír gritos y corrí asustado, a mi mamá la tenían en el baño, se había perdido un anillo de brillantes y la estaban culpando de robo, le gritaban horrible. Estaba el jardinero esculcando su bolsa cuando llegué asustado, dijeron, "a ver al escuincle este, escúlquenlo". Y me rompieron hasta la bolsita de mis pantalones, llamaron a la policía y nos llevaron en una patrulla, los policías quisieron abusar de mi madre delante de mí, sufrí mucho. Tengo un grave problema con la autoridad, hasta la fecha, y luego tengo un padre que conozco a los 11 años, militar mexicano, con esa milicia mal entendida. Ese día que quisieron abusar de mi madre y la manosearon toda, es algo que lo tengo muy marcado.

Belsasso: ¡Qué fuerte pensar que hay tantos niños que viven en este país y eso lo viven todos los días! Y, ¿el día más feliz de tu vida?

Suárez: Son todos, hoy, en este instante soy muy feliz.

Belsasso: ¿La música que te gusta?

Suárez: Toda

Belsasso: ¿La comida que te gusta?

Suárez: Toda, no tengo predilección, no me hago difícil la vida, el alimento es el que te da Dios y cuando te llega algo le buscas la forma de comerlo rico, que te satisfaga y te alimente. Si tú hablas con tu cuerpo como lo hago diariamente, porque le hablo con mi corazón, con mis piernas, les agradezco que me lleven, a este corazón mío que está latiendo desde chiquitito, lo amo, mis pulmones.

Belsasso: ¿Haces ejercicio diario?

Suárez: Sí, camino, corro, hago yoga, soy un meditador desde hace 26 años.

Belsasso: Complétame esta frase, Héctor Suárez es…

Suárez: ¡Héctor Suárez es, el que no se anda por las ramas!