Rendición de cuentas y transparencia. Más que una frase

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Foto: foursquare.com

La rendición de cuentas y la transparencia son prácticas que surgen como antídoto a la corrupción, como cinta métrica que evalúa la honestidad de nuestros gobernantes con respecto a los del resto del mundo. Tiene que ver con explicitar el funcionamiento y la operación del gobierno para que sea puesto al escrutinio público. En México poco hay de rendición de cuentas. Una explicación es que para nuestros gobiernos estos conceptos tienen un lugar entre el bullicio progresista y las demandas pueriles.

Pensémoslo de forma distinta. Probablemente los desbordantes niveles de corrupción tengan poco que ver con la predisposición genética de los individuos, algo que ver con la bajeza moral de los gobernantes, pero mucho que ver con el acta de nacimiento del Estado: la Constitución.

El que a un gobernador mexicano se le haga fácil robar del erario público, evidentemente es por su deshonestidad, pero más bien es porque hacerlo no representa un costo serio para él.

Si esta práctica es llevada no sólo por uno, sino por una lista vergonzosa de gobernadores implicados en desfalco y enriquecimiento ilícito, no es sólo que tenemos cleptómanos con poder en el gobierno, además fallan los mecanismos para elegir y monitorear a nuestros gobernantes. El problema de fondo es el alejamiento de la gente en la toma de decisiones y la poca seriedad con la que se toma la rendición de cuentas en este país.

La Constitución Mexicana tiene un razonamiento comprensible y que sin duda se debe defender: que ninguna rama del poder tenga más poder que su símil y entorpecer la toma de decisiones para que el resultado sea producto del consenso. Sin embargo mecanismos propios del constitucionalismo mexicano —bajo la lógica de alejar a las mayorías de la toma de decisiones para evitar aplastar a las minorías—, como la no reelección del ejecutivo o las listas cerradas de diputados plurinominales se han convertido en mecanismos perversos que incentivan la corrupción.

En respuesta a eso la reelección del ejecutivo debería ser una herramienta esencial para la rendición de cuentas y, consecuentemente, para mejorar la calidad del gobierno. Los incentivos a robar y a utilizar los recursos públicos con fines personales se enfrentarían a los incentivos por continuar en el poder, con la condición de volver a ser votado por la ciudadanía. Herramientas como la revocación de mandato, listas abiertas para diputados plurinominales y consulta popular suman a esta causa. El poder se enfrenta al desfalco.

Tal vez en unos años las ciencias genómicas descubran en el ADN del mexicano el gen de la corrupción. Mientras tanto sigamos pensando desde otros ángulos el porqué de la frecuencia, sorpresivamente calendarizada, de estas prácticas tan ofensivas y costosas para el país.