Domingo 12.07.2020 - 01:07

Rescatan a 54 ninos jornaleros en Coahuila

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Foto: Cuartoscuro

Miguel apenas tiene nueve años a esa edad trabajaba ya jornadas de diez horas diarias en el campo, bajo los rayos del sol. Un café un pan y tortillas era su comida. Agua con sal para no deshidratarse… así, en ese estado de esclavitud y explotación, vivían alrededor de 200 menores de edad, de entre ocho y 17 años en un rancho de Saltillo.

Dormían en colchonetas colocadas en el piso, se tapaban apenas con la ropa que habían llevado desde su casa. Todos ellos llegaron hace poco más de un mes desde diversos estados: Veracruz, San Luis Potosí, Tamaulipas e Hidalgo.

Quien los llevó hasta ese rancho les prometió casa, comida y un pago de entre 100 y 120 pesos por día “cumplido”, al concluir un trabajo de tres meses.

Pero para “cumplir” el día, debían trabajar en la pizca de cebollín y calabaza. Tenían que entregar a diario 3 mil 600 piezas de calabaza o cebollines. Si no cumplían la meta, era un día “perdido”, y no se les pagaría.

La tarde-noche del miércoles, elementos de la Procuraduría de Justicia del estado, acompañados de personal de la Comisión de Derechos Humanos llegaron hasta el rancho ubicado en un ejido conocido como Estación Higo, en Ramos Arizpe.

Sabían de esos 200 niños esclavizados. Apenas llegaron las camionetas y unidades policiacas, todos los menores corrieron para escapar. Algunos se ocultaron en bodegas y otros salieron del predio rumbo al campo.

Y es que esa era la orden que les habían dado a los niños desde que llegaron. Si veían a la policía, debían huir y esconderse, pues si los atrapaban, ya no les iban a pagar, fue la advertencia.

Por eso, en el operativo del miércoles los agentes sólo lograron hallar a 54 menores. Horas más tarde en lugares cercanos encontraron a otros nueve.

Además, los agentes de la Procuraduría local detuvieron ahí a Roberto Martínez García, de 50 años; Pedro Cisneros Rodríguez, de 36, y Juan Gerardo Castillo, de 39 años. Eran los encargados de la finca donde se empaquetaba cebolla y calabaza, así como otros productos del campo.

Al entrar al lugar, los investigadores encontraron la construcción en la que dormían los niños.

Estaba ubicada a dos kilómetros del campo en el que trabajaban, y al que debían ir caminando a diario a las 6:00 de la mañana, para comenzar su jornada una hora más tarde.

Sólo había un baño para hombres y uno para mujeres. En ese único par, debían hacer sus necesidades los más de 200 menores. Un par de regaderas con agua fría era el espacio que tenían para su aseo.

A pesar de las condiciones de vida, al ver a los policías los niños trataron de escapar. Lo que buscaban era quedarse en el lugar, con la esperanza de que los encargados del rancho les pagaran lo que les habían prometido.

Incluso, al ser detenidos y llevados a un albergue, algunos de ellos reclamaron la falta de pago, tras sus primeras semanas de trabajo.

Ayer, las autoridades del estado informaron que trabajan ya en localizar a sus familiares y sus lugares de origen, para que regresaran a sus lugares de origen.