“Siempre voy a hacer cosas en favor de las mujeres”

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Es ingeniera, empresaria y política; su vida la cuenta en relación con sus constantes luchas, es Xóchitl Gálvez y desarrolla ahora un proyecto de asistencia social junto a un Premio Nobel, Muhammad Yunus. Lo que busca es llevar agua a las comunidades indígenas que se encuentran apartadas de los grandes centros de distribución, su objetivo es trabajar siempre en favor de las mujeres. En una entrevista muy personal recuerda su infancia, su etapa como estudiante y su ingreso a la política.

Bibiana Belsasso: Xóchitl, naces en Hidalgo, en Tepatepec, en un pueblo muy chiquito.

Xóchitl Gálvez: Un pueblo, sobre todo, donde las mujeres no teníamos valor, donde los hombres nos veían como si sólo sirviéramos para el petate o para el metate, donde había un gran machismo, una gran violencia, muchísimos problemas con el alcohol; sólo había escuela primaria, y, pues, de ahí se forjó la historia.

Me tocaba ir a vender gelatinas a la plaza, pero tenía como un sueño, como que no sabía qué quería hacer, pero sí sabía qué no quería ser.

Belsasso: Incluso cuando llegas y le dices a tu padre que querías estudiar, él te dice dedícate al metate, como eran los usos y costumbres.

Gálvez: Además decían: "¿para qué?, si tú te vas a casar", "que estudie tu hermano, porque él va a mantener a su esposa", y qué equivocados estaban los padres, porque ahora cuántas mujeres mantienen los hogares.

Belsasso: Bueno, el 25 por ciento de las mujeres en este país, para empezar.

Gálvez: Entonces yo creo que esa idea de los padres de "¿para qué estudian las mujeres?", debe de estar totalmente extinta. Hoy las mujeres tienen que estudiar y se tienen que superar. La verdad para mí fue una maravilla poder ir a la Universidad.

Belsasso: Tuviste una infancia muy linda, pero a la vez muy complicada, lo has dicho: con un padre alcohólico, muy violento, con tu madre amenazada ¿cómo fue vivir esta violencia?

Gálvez: Muy angustiante, de hecho, tuve que hacer un trabajo psicológico después, ya de adulta, para poder sacar todos estos problemas, porque tenía miedo de que llegara a golpear, vivía con el miedo de que llegara la noche; fue una niñez difícil, triste y sobre todo, para mi mamá fue muy duro; yo quería proteger a mi mamá, quería que ella no sufriera, pero lo pasaba mal y lo veía con una resignación tremenda, ella decía que ese era su destino y que así le había tocado nacer, que ahí teníamos que morirnos, en ese pueblo, y yo dije: no, yo no.

Belsasso: Incluso hay una historia terrible: tu padre amenaza a tu madre con una escopeta y todos ustedes salen corriendo para encerrarse en una casa, la casa de la tía.

Galvez: Porque las escopetas allá son muy comunes, sale mi papá renegando; mi papá se enojaba mucho, yo creo que era bipolar

Belsasso: ¿Las armas las tenían cargadas en tu casa?, ¿veías armas todo el tiempo?

Gálvez: No, había una escopeta, porque allá se usaba la caza, iban a cazar palomas, conejos, un poco como para comer; la escopeta en el campo es muy común, no es un arma que se use para la violencia, sino más bien de defensa y como que cada casa tiene una, de hecho, ahí sigue la escopeta de mi padre, en el pueblo.

Belsasso: Con este peso que sientes de dejar a tu madre, te vienes a México a estudiar y dices que te costó muchísimo trabajo empezar en la Universidad, porque no tenías el nivel académico.

Gálvez: No, bueno, es una brutal desigualdad, aparentemente yo era una alumna de diez, de 10, 10,10,10, y acá era de 3.2, no hablaba inglés.

Belsasso: ¿Cómo te preparas cuando ingresas justo a una licenciatura muy difícil?

Gálvez: Yo paso el examen, creo que porque era un examen psicométrico, y éste lo que te mide son habilidades matemáticas, pero otra cosa es cuando ya tomas cálculo, álgebra, química, física y te das cuenta de que tus bases son muy malas, entonces tienes que hacer el doble de series, tienes que hacer el doble de esfuerzo para sacar la misma calificación que el resto que trae un mejor nivel académico.

Belsasso: Y terminas una carrera complicadísima, en Ingeniería, en la que aún ahora hay pocas mujeres.

Gálvez: Sí fue complicado, pero además fascinante, una vez que ya pasé el anexo de Ingeniería, que era como de donde no salías nunca y entré al edificio principal y empecé a ver las carreras de Computación, las de software, todas las carreras más padres de computación, pues me encantó, ahí lo súper disfruté, me volví una muy buena programadora.

Empecé a buscar trabajo muy rápido, al tercer, cuarto semestre ya estaba en el Inegi, con un sueldo de analista programador que nunca en mi vida soñé tener, o sea, de ganar 2 mil pesos a ganar 40 mil pesos, bueno, fue la locura.

Belsasso: Sobre todo de donde venías, imagínate, ¿qué te dice tu familia en el pueblo cuando se entera que ya estás ganando 40 mil pesos, que era un sueldo irreal para cualquiera?

Gálvez: Sí, irreal, comienzo a mandarles dinero, empiezo a ayudar a mis padres, a mis hermanos.

Belsasso: Pero también dices que ahí cambia un poco la relación de tus padres, tu padre ya no se siente tan macho, empieza a respetar de alguna manera a tu mamá.

Gálvez: Totalmente.

Belsasso: Pero es tristísimo que tenga que ser el dinero el que empodere a la mujer.

Gálvez: Absolutamente, esa es la clave, acabas de decir una cosa que es fundamental, las mujeres que tienen una dependencia económica con un hombre sufren violencia física o psicológica, porque el hombre las ve como unas mantenidas y ellas aceptan todo tipo de humillación, porque tienen el miedo de quién las va a mantener, y la verdad es que las mujeres por sí mismas podrían salir adelante, pero no es algo sencillo, es como una esclavitud psicológica.

Y sí, como que mi papá ya respeta a mi mamá, me respeta a mí, se vienen al final de su vida a vivir conmigo a México, me ven llegar al gabinete y mi papá se sentía súper orgulloso.

Belsasso: ¿Le guardas algún rencor a tú papá por cómo trataba a tu mamá?

Gálvez: No, como te dije, lo trabajé, tuve que ir con una psicóloga, trabajar todos esos miedos, toda esa violencia.

Belsasso: Lo que pasa es que Hidalgo tiene el número uno a nivel nacional de alcoholismo.

Gálvez: Sí, es una historia muy dura y al final yo entendí toda esta frustración de no tener un futuro, que es lo que hoy me pregunto con estos jóvenes que no entran a la Universidad, con estos jóvenes que ven sus esperanzas frustradas, pues es algo muy complicado, a mí me hizo reaccionar que mi hija me dijo: “mamá, yo no quiero tener hijos”, ¿por qué?, “porque yo no sé si va a haber agua, si va a haber empleo”. Los jóvenes de alguna manera están sintiendo muchísimo miedo porque los adultos no les estamos construyendo un futuro de esperanza, entonces yo sí creo que el haber ido a la Universidad me hizo una mucho mejor persona al haberme hecho una empresaria independiente, así no he sufrido violencia.

Belsasso: Dedicándote no sólo a la política, porque también tienes tu empresa y tus recursos aparte, eso también te empodera, porque cuando solamente te dedicas a la política y tienes que conseguir el siguiente “hueso”, eso te hace realizar cosas que no quieres, ¿no?

Gálvez: Sí, dicen que la política es el arte de comer caca, sin hacer gestos , la verdad es que no la he tenido que comer, yo siempre he entrado y salido y no pasa nada, yo regreso a mi empresa, pero sí tengo un gran sentido del servicio, tengo 20 años trabajando en comunidades indígenas, tengo años trabajando en temas de desarrollar negocio social con las mujeres, ahorita tengo unos proyectos maravillosos con el profesor Yunus, Premio Nobel de la Paz.

Belsasso: Bueno, antes de llegar a esto ganaste un premio importantísimo en Davos por tu trabajo.

Gálvez: Sí, tengo algunos premios importantes.

Belsasso: Y con Muhammad Yunus, el premio Nobel, ¿qué proyecto es?

Gálvez: Con él estamos haciendo proyectos para llevar agua purificada a zonas marginadas, con un apoyo de la Fundación Danone, la cual nos da un financiamiento; las mujeres trabajan, tenemos 200 centros de distribución de agua, llevamos agua a 10, 12 pesos máximos por garrafón. Este proyecto es exitoso, les genera un ingreso a las mujeres, lleva agua purificada a las comunidades y estamos iniciando el segundo proyecto en Huejutla, que es una zona donde hubo cólera por los problemas del agua contaminada. La verdad es que siempre estaré haciendo cosas en favor de las mujeres.

Belsasso: El tema del agua es importantísimo, pero tú que dominas el tema indígena, es complicadísimo poderles llevar apoyos, porque muchas son comunidades muy pequeñas, muy dispersas, donde hay muy poca gente.

Gálvez: Por eso es muy importante pensar en soluciones sustentables, porque de repente tú quieres bombear agua a los Altos de Chiapas con bombas que van a consumir 150 caballos de fuerza y¿quién va a pagar la energía eléctrica? Entonces algo muy interesante es cómo tener captación pluvial de agua y tener aljibes (pozos) para que esa agua se almacene y se filtre, y como que nos olvidamos de las soluciones del pasado, de los jagüeyes, de las ollas de agua y creo que estamos empezando a regresar a estas técnicas.

Además, hoy ya podemos llevar sistemas con base en energía solar para refrigeradores, equipo de bombeo, las celdas solares ya son mucho más baratas y mucho más eficientes.

Belsasso: ¿Internet y estas cosas que pueden alimentar las escuelas de una manera maravillosa?

Gálvez: Fíjate que me tocó llevar Internet a una comunidad indígena, San Andrés Cohamiata, y tienen un proyecto de ecoturismo, la mayor parte de su turismo llega de Europa y un día se les cayó Internet y me hablaron enojadísimos y dije: “ya chingué, estos ya no pueden vivir sin Internet”.

Una de mis propuestas justamente en la Miguel Hidalgo es llevar Internet a todas las personas marginadas, o sea, realmente banda ancha para todos, yo creo que es un tema ya necesario, ya la gente tiene que estar conectada, intercomunicada, tiene que hacer sus trámites por la red, tenemos que entrar a la era digital a como dé lugar.

Belsasso: Sin duda, pero, ¿cómo tratar esta desigualdad? ¿No te pesa llegar a una colonia como la Pensil y por otro lado tienes Las Lomas? ¿Qué sientes Xóchitl?

Gálvez: Yo siento como una especie de muralla, como un Muro de Berlín, como si después de Río San Joaquín, fuera otro México y yo creo que esa exclusión es lo que ha generado muchísima violencia en esta zona y sí creo que podemos trabajar haciendo intervenciones arquitectónicas muy importantes, por ejemplo, haz la mejor escuela; que de la noche a la mañana tengas la mejor escuela, la mejor equipada, con buena tecnológica, bonita, limpia, baños impecables, ¿no?; por ejemplo en la Huichapan. Entonces la gente que vive ahí va a sentir deseos de mejorar, de ver su espacio limpio.

Belsasso: Tú lo viviste, si te va bien en la escuela, puedes tener una vida exitosísima.

Gálvez: Claro

Belsasso: A ver, preguntas cortas, respuestas cortas. Xóchitl, ¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

Gálvez: Ver fútbol.

Belsasso: ¿A quién le vas?

Gálvez: Al Cruz Azul

Belsasso: ¿Qué tipo de música disfrutas?

Gálvez: Rock, tengo un marido rockero.

Belsasso: ¿Tu cantante favorito?

Gálvez: Yo creo que John Lennon.

Belsasso: ¿Dónde te gustaría verte en 10 años?

Gálvez: De abuela, cuidando a mis nietos.

Belsasso: Pero, tu hija ya te dijo que no quiere tener hijos, ¿cuántos hijos tienes?

Gálvez: Otro hijo, que ese sí quiere tener hijos. Ese es el que es más empresario.

Belsasso: ¿Tu libro favorito?

Gálvez: Yo creo que Cien Años de Soledad. Ese realismo mágico fue maravilloso cuando lo descubrí.

Belsasso: ¿El día más feliz de tu vida?

Gálvez: Cuando entré en la Universidad.

Belsasso: ¿El más triste?

Gálvez: Cuando murió mi madre.

Belsasso: Complétame esta frase, Xóchitl Gálvez es…

Gálvez: Entrona, chingona.